11 de septiembre de 2001.

Nueva York
Nueva York

Sobre la Marcha…

Rafael Martínez de la Borbolla.

@rafaborbolla

“Pero nuestra responsabilidad ante la historia ya está clara: responder a estos ataques y liberar al mundo del mal” – George W. Bush

Ese día el Mundo cambio. Todos nos acordamos que estábamos haciendo el 11 de septiembre de 2001, tomando por sorpresa a las redacciones de todos los medios informativos. Nadie podía imaginar un acto terrorista de tal calibre y además en el centro económico y militar de la primera potencia del mundo. Como explica el catedrático de Derecho Internacional, Juan Antonio Carrillo Salcedo: «El atentado terrorista que golpeó a Nueva York y Washington supuso la entrada en escena de un nuevo tipo de agresores desconocidos e invisibles, y puso de manifiesto la vulnerabilidad del mayor poder bélico, económico y político del mundo» 

Este evento dejó sin palabras a los que consideraban que los enfrentamientos bélicos eran sólo relaciones de fuerza. ¿Quién desafiaría frontalmente a Estados Unidos en una guerra armada? Ningún país tendría posibilidad de tener éxito en un enfrentamiento bélico sobre la milicia estadounidense, ni aun sumando los esfuerzos de las potencias nucleares restantes y los más grandes ejércitos. 

A las 7:56 AM inicia la pesadilla, un avón comercial se impacta en la torre norte del World Trade Center, los primeros informes anotan se trataba de una avioneta, aún no se sabe, pero un grupo de 19 terroristas han secuestrado 4 vuelos comerciales con cientos de pasajeros a bordo. Dos de estos aviones se estrellarán contra las Torres Gemelas, los dos edificios más altos de Nueva York, situados en la zona financiera de la ciudad; un tercer avión colisionó contra el Pentágono, la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en Washington; y un cuarto acabó estrellándose en un campo a las afueras de Pittsburgh (Pensilvania), aunque su intención inicial era estrellarse contra el Capitolio, la sede del gobierno estadounidense, gracias a que los pasajeros del avión se han enterado de los ataques suicidas, intentando recobrar el control del avión, sacrificaron su vida para salvar la de otros. 

Nueva York

Las cadenas de televisión continuaban emitiendo, casi al unísono, la pesadilla que se estaba viviendo en Nueva York. El mundo se paraliza. La mayoría de la gente seguía, a través de los medios de comunicación, los avances de lo que allí estaba ocurriendo. Todo dio un nuevo rumbo, cuando, de repente, los noticieros avanzaron que un tercer avión había impactado contra el Pentágono, destruyendo parte de sus instalaciones. Se confirmaba: Estados Unidos estaba bajo ataque. 

Surgieron los héroes anónimos, esos ciudadanos de a pie que no llevan capa, pero que llegando el momento arriesgan su vida por otros. Las imágenes, aún veinte años despues, son indescriptibles. 

Una nueva noticia sacudió a los neoyorquinos: un cuarto avión había sido secuestrado y se dirigía, presumiblemente, a la Casa Blanca, para golpear el poder político, el único que se había salvado de la destrucción. No dio tiempo a reaccionar porque, lo peor estaba aún por llegar. Alrededor de las 10.00 horas la torre sur, la que recibió el segundo impacto, caía desplomada y quedaba, a escasos segundos, reducida a escombros, arrastrando con ella a miles de personas que trataban desesperadamente de salir de su interior. Cientos de policías y bomberos que participaban en el desalojo vieron como la muerte, en forma de acero, hierro y escombro, se los llevaba por delante. Media hora despues se colapsará la otra. 

En el World Trade Center (WTC) en el bajo Manhattan, 2.753 personas murieron cuando los vuelos secuestrados, el 11 de American Airlines y el 175 de United Airlines, fueron estrellados intencionalmente.

De los que perecieron durante los ataques iniciales y los derrumbes posteriores de las torres, 343 eran bomberos de Nueva York, 23 eran policías de la ciudad y 37 eran agentes de la Autoridad Portuaria.

En el Pentágono, en Washington, 184 mas murieron, cuando el vuelo 77 de American Airlines, que había sido secuestrado, se estrelló contra el edificio.

El mayor ataque terrorista en la historia de los Estados Unidos burló por completo a los servicios de inteligencia norteamericanos y dejó herido el corazón de su economía y su defensa, dejando el país paralizado y en máxima alerta militar tras los atentados. Las apariciones en los medios de comunicación del presidente norteamericano George W. Bush en las que prometía capturar a los responsables de esta matanza, no tranquilizaban a una población presa del pánico. La fragilidad y la vulnerabilidad del país se habían puesto de manifiesto, algo que traería, posteriormente, graves consecuencias sociales y psicológicas en la población y su política interna y externa. 

Los ataques fueron reivindicados por Al-Qaeda, un grupo terrorista que defiende una visión radical del islam y estaba liderado por Osama Bin Laden, que por aquel entonces se encontraba en Afganistán gracias a su buena relación con los extremistas talibanes.

Nueva York

Estados Unidos tiene la fuerza pero los secuestradores suicidas demostraron tener mucha más imaginación. Los terroristas, utilizaron los propios aviones comerciales de Estados Unidos para sus ataques. La respuesta del gobierno estadounidense fue explicable y pasional como la acción de ellos, al enviar aviones a bombardear Afganistán como represalia. Con este acto y la ocupación del territorio afgano, removieron al brutal gobierno Talibán, solo para abandonarlo hace unas semanas y que regresaran inmediatamente los extremistas al poder. 

El terrorismo islamista radical es un cáncer dentro del mundo musulmán. La gran mayoría de los musulmanes rechazan la violencia, quieren sociedades abiertas y libres y que su noble religión se libere de los esfuerzos terroristas por arrebatarles su fe. Al Qaeda y sus clones pretenden engañarnos hablando en nombre del Islam. Los terroristas islamistas intentan imponer sus rígidas doctrinas -sociales, religiosas y políticas- a todo el que puedan dominar, y matar a cualquiera que se oponga. Consideran un enemigo, una amenaza, digno de morir a cualquiera que esté fuera del estrecho margen de sus creencias, incluso, quizá especialmente, a los musulmanes que no comparten su odio fanático. Tengamos cuidado de los fundamentalismos extremos, en nombre de la fe hemos visto a miles de fanáticos de todas las confesiones cometer atrocidades. La verdadera fe está en los buenos actos, en el respeto a los demás, la empatía, en el valor de proteger a aquellos que no pueden defenderse. Son tus actos de cada día lo que te hará ser un buen hombre o no.

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1 Comment on "11 de septiembre de 2001."

  1. Este sábado Rafael Martinez me hizo recordar aquel martes cuando me preparaba para irme a trabajar y veía las noticias sin dar crédito a lo que ocurrió.
    Recuerdo esas sensaciones de miedo y asombro.

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