Afganistán ¿La repetición de Vietnam?

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Sobre la Marcha…

Rafael Martínez de la Borbolla

@rafaborbolla

“Las mujeres y niñas afganas van a sufrir un daño indescriptible. Es un error, van a ser abandonadas para ser sacrificadas por esta gente tan brutal y eso me rompe el corazón”.     – George Bush

En 1973 después de una década de guerra y sin perder una sola batalla, el ejercito norteamericano abandono Vietnam del Sur, desde la llegada de Richard Nixon a la Casa Blanca, se inicio una estrategia que suponía la vietnamización del conflicto mediante la profesionalización, equipamiento y capacitación del ejercito SudVietnamita y así permitirle resistir con éxito al ejercito de Hanói. 

Dos años después el corrupto gobierno de Vietnam del Sur colapsaba y las tropas del Norte entraron en Saigón, las ultimas escenas del abandono de la ciudad por ciudadanos que habían apoyado a los norteamericanos en la guerra fueron por demás dramáticas.

Después de derrotar a los talibanes, Estados Unidos y la OTAN se dedicaron a reconstruir un Estado fallido y a establecer una democracia de estilo occidental, gastando miles de millones para tratar de recomponer un país desesperadamente pobre que ya había sido devastado por dos décadas de guerra, primero durante la ocupación soviética de la década de 1980 y luego durante la guerra civil en curso.

Una guerra que ha perseguido a cuatro presidentes —que contaron con bajas estadounidenses, un enemigo despiadado y un socio gubernamental afgano a menudo corrupto y confuso— está llegando a su fin.

Tras 20 años de ocupación, Washington anunció que sacaría a su ejercito del país, y que dejaría la lucha al ejercito afgano, en cual había invertido billones de dólares, los resultados son similares. 

La velocidad del avance talibán en Afganistán parece haber tomado a muchos por sorpresa. Las capitales regionales parecen estar cayendo como fichas de dominó. 

El jueves se tomaron la tercera ciudad, Herat, y la estratégica Ghazni. Ya hay reportes de que tomaron la segunda más grande del país, Kandahar.  La balanza parece estar a favor de los fundamentalistas, mientras que el gobierno afgano, producto de una alianza con Estados Unidos tras la invasión de 2001, lucha por mantener el control del poder.

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Los talibanes han tomado más de una docena de capitales regionales en los últimos días y ahora controlan más de dos tercios del país a pocas semanas de que Estados Unidos complete la retirada total de sus tropas.

Un informe filtrado de los servicios de inteligencia estadounidenses estimó que Kabul podría ser atacada en cuestión de semanas, y que el gobierno podría caer en 60 días.

La información fragmentada y casi sin testigos de los lugares donde los talibanes han ocupado el poder es inquietante. Organizaciones humanitarias aseguran que se producen detenciones generalizadas de presuntos colaboradores de la invasión y ejecuciones sumarias. El regreso al terror fundamentalista presenta pocos obstáculos. El primero es una población que ha probado algo parecido a la libertad económica y política, especialmente las mujeres, lo que hace pensar en un menor apoyo popular del que disfrutaron en el pasado. El segundo, la necesidad de no convertirse en un paria internacional para seguir recibiendo ayuda humanitaria. Poco más. No se puede ignorar hacia dónde van los acontecimientos. Descartada la vía militar, la comunidad internacional debe contemplar el peor escenario y articular desde ya mecanismos para evitar que el avance talibán, siendo una derrota de Occidente, se traduzca en un regreso al horror fundamentalista.

Dirigidos por civiles en el palacio presidencial con poca experiencia militar, sin liderazgo, o ignorados por generales veteranos que parecían más involucrados en luchas políticas insignificantes que en la guerra que se avecinaba, el ejercito afgano no pudo enfrentar a los Talibanes. La corrupción, la falta de voluntad de luchar, la irresponsabilidad y el vacío creado por la salida de Estados Unidos, sellaron el deceso de su ejercito. 

Los Talibanes buscan la resurrección completa de su emirato islámico que gobernó Afganistán entre 1996 y 2001. 

Tras ser derrotados por la invasión de tropas estadounidenses, con la ayuda de los aliados de la OTAN y los líderes regionales, los talibanes no tardaron en resurgir. Entonces iniciaron una guerra, no solo contra Estados Unidos y sus aliados, sino también contra los afganos que trabajaban para el gobierno, o que simplemente vivían en las grandes ciudades.

A los ojos de los talibanes, todos los que apoyan al gobierno y la presencia de la OTAN en Afganistán son enemigos. El grupo considera que los derechos democráticos básicos, como el voto, son un delito, y se opone fundamentalmente a que las mujeres trabajen en el gobierno o en organizaciones humanitarias.

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El estado de ánimo en la Casa Blanca es una combinación de alarma y resignación, ante el rápido ritmo de la ofensiva de los talibanes y el colapso de las fuerzas nacionales afganas, además del empeoramiento de la situación.

El secretario de prensa del Pentágono, John F. Kirby, dijo que dos batallones de infantería de marina y un batallón del ejército, unos 3000 soldados en total, se desplegarán en los próximos dos días en el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai para ayudar a evacuar a los estadounidenses y al personal de la embajada. 

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1 Comment on "Afganistán ¿La repetición de Vietnam?"

  1. Triste desenlace y terrible futuro para todos los habitantes del país Afgano

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