CONTRAPESOS DE OROPEL

AMLOPueblo bueno y sabio
“ENTRE VISIONES DEL PODER”
MIGUEL ÁNGEL SOLÍS

Hemos visto a lo largo de estos estos 6 meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (incluyendo dos meses previos a que asumiera como Presidente constitucional), que se han suscitado una serie de desaciertos. Desde el tema de la cancelación del NAICM y las guarderías, pasando  por la designación de comisionados a modo y sin experiencia, hasta la solicitud de disculpas al Rey de España, y el silencio – propiamente dicho – frente a las amenazas de Donald Trump de cerrar la frontera con nuestro país. 

Sin embargo, hay un desacierto que de no hacer algo, nos pone frente al dilema de aguantar o seguir observando con los brazos cruzados, las decisiones presidenciales que afectan al país. Me refiero a la eliminación de los contrapesos al Ejecutivo Federal.

AMLO ejerce el poder de manera unipersonal. Controla la comunicación de su gobierno y prácticamente al legislativo y al judicial. Está por consumarlo en algunos órganos autónomos que sirven de contrapeso en asignaturas fundamentales como la energética, la transparencia y la rendición de cuentas.

Sus mensajes y posturas presagian que el camino para establecer contrapesos permanentes, será arduo y complejo. La tarea no será nada fácil.       

Los contrapesos lo tienen sin cuidado. Su aliado es el “pueblo bueno y sabio” que “nunca se equivoca”. Alimenta sus propios contrapesos fortaleciendo el binomio líder-pueblo. Está ocupado todos los días en “tocar” a sus seguidores para contener los ataques de sus adversarios. Los invita a responder afirmativamente y a mano alzada sus consultas. A seguir las indicaciones presidenciales sin reparo y con fidelidad absoluta. Es más importante tocar el corazón de la gente (estar en campaña permanente) que buscar que la gente entre en razón. Esa no existe, es la emoción. Y con esa juega un día sí y otro también.

Ante lo que es evidente, resulta fundamental que, quienes no tienen voz, asuman la crítica. Esos que son la minoría – que orillados al silencio – asuman la propuesta ante la ocurrencia. Se trata de señalar las inconsistencias y al mismo tiempo, que sumen, que construyan. Se debe poner “el dedo en la llaga”,  como lo hicieron muchos opositores frente a gobiernos que antecedieron al actual. AMLO lo hizo por años. Hoy, quiere acallarlos. Su voz y su fuerza habrán de ser las únicas autorizadas para desautorizar, para señalar. Su verdad es la única, de nadie más.   

Sin contrapesos, las democracias no funcionan. Sin contrapesos, se edifican gobiernos autoritarios. Sin contrapesos, jamás saldremos adelante como país.  

Quienes le dieron su voto, suelen sentenciar que si lo hizo el PRI, por qué no habrá de hacerlo el Presidente. Con todo respeto (como suele decir Andrés Manuel) el punto no es ese. Lo que López 
Obrador debe hacer a toda costa, es tomar un camino diferente. Evitar hacer lo que otros no hicieron o hicieron mal. Eso prometió en campaña, no empecinarse en repetir lo que probó no ser lo mejor. 

La buena intención no basta. Se trata de cambiar para bien, no al revés. AMLO se esmera en rescatar los vicios del pasado. Uno de ellos es evitar que aparezcan voces contrarias a su gobierno. Se ufana en desterrar a como dé lugar – aunque se dice demócrata – los equilibrios que lo sacudan, que “lo pongan en su lugar”. Parece que lo está logrando. Por lo pronto y quizá por mucho tiempo, ese será el sello de su mandato, como fueron muchos gobiernos post revolucionarios. Y es lo que todos (quienes están con él y sus adversarios) deben evitar. Esto le conviene a él, a su gobierno y a México. 

Las oposiciones generan contrapesos. Las opiniones y posturas discordantes a la del Presidente y que aporten al país, generan equilibrios. Las voces contrarias a las decisiones que afectan para mal a los mexicanos, deben ser referente de razón, no de emoción. Esas según AMLO, lo dañan, lo debilitan. 

Para un gobierno cuyo líder cuenta con el apoyo de las mayorías, los opositores que son la minoría, son presa fácil del sometimiento. Así actuaron los gobiernos piístas por décadas, y así, el tiempo les pasó factura. Pero eso “le hace lo que el viento a Juárez”. Pareciera que goza intimidando, haciendo a un lado a los contrarios, a quienes representan contrapesos. Por eso, éstos son vitales. 

El sociólogo alemán Max Weber decía que “el reino político no es un reino de santos. Un político ha de abrazar la ética del fin último y la de la responsabilidad, y debe sentir pasión por su advocación y ser capaz de distanciarse él mismo de la materia de sus esfuerzos (los gobernados)”. Quien no entiende de pluralidad y de inclusión –como Andrés Manual López Obrador – no entiende de gobierno. Así no se dirige una nación que es de todos y que se debe gobernar para todos. Ese no es un estadista. Nuestro país requiere uno con urgencia, que fortalezca los equilibrios y sea activo promotor de los contrapesos. 

Por fortuna – aunque sea por goteo – vemos que en su partido, en su gobierno y particularmente en la sociedad civil organizada, hay posiciones para evitar que se impongan algunas de sus ideas y ocurrencias. Aunque son contadas, se asoma una luz que se enciende bajo el obscuro túnel de la incertidumbre. 

El Diputado morenista Alfonso Ramírez Cuellar, otrora líder del movimiento radical y opositor denominado “El Barzón”, y quien preside la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública (flamante morenista), ha dicho en repetidas ocasiones que “solo estamos repartiendo miseria”, refiriéndose a las políticas públicas “asistencialistas” del gobierno de AMLO, quien refiere la ayuda a los pobres como “darle comida a animalitos”.

Otros – aunque de manera velada por el temor a contra decir al Presidente – han dicho que la petición de disculpas al Rey y gobierno Español, en nada abonan a la construcción de alianzas económicas con el segundo socio comercial de México. AMLO insiste en traer a la discusión el pasado, a falta de propuestas para el futuro. 

En su gobierno – particularmente en el área hacendaria – existen voces que han dejado también claro que hay, si no un contrapeso a muchas de las ocurrentes decisiones del Presidente, sí constituyen alertas que son comunicadas al Ejecutivo Federal y que resultan contra argumentos a las veleidades presidenciales. Oponerse a la eliminación del cobro de comisiones bancarias en ciertos servicios financieros (propuesta del Senador morenista Ricardo Monreal), significó un respiro para la banca y al menos evitó por ahora, un enfrentamiento mayor con este sector, fundamental para el desarrollo económico del país. Lo mismo acerca de la amenaza de Trump de cerrar la frontera con México, lo que implicaría una pérdida diaria de mil millones de dólares, sin contar también innumerables pérdidas de empleos (cifra recogida del documento oficial del Estado mexicano: “Implicaciones del Cierre de la Frontera con Estados Unidos”, Carlos Loret de Mola, El Universal).         

También y a propósito de la modificación del marco constitucional de la “Guardia Nacional”, la sociedad civil organizada ejerció un contrapeso fundamental al incidir de manera determinante en modificar la empecinada idea presidencial de regresar al ejército a las calles. De otra forma, sería mucho más complejo frenar los más de 13 mil homicidios dolosos registrados entre diciembre de 2018 y febrero de 2019, que representa el primer trimestre más violento en el país con un 48% de incremento en comparación al primer trimestre de la administración de Enrique Peña Nieto (datos del Observatorio Nacional Ciudadano, Héctor de Mauleón, El Universal). 

El esfuerzo de contar con contrapesos debe ser permanente y consistente. Debe ser encabezado por la sociedad civil, aunque el Presidente la rechace, ate y desdeñe. También desde el gobierno, el legislativo y desde su partido, deben alzarse voces que pongan “el dedo en la llaga” cada vez que el Ejecutivo Federal ponga en riesgo a nuestro país, a nuestra economía y a nuestras libertades.  

Vemos y veremos golpes bajos (aniquilar al que difiera). Los periodistas y la “prensa fifí” es y será acallada. Es su derecho de réplica – dice – no el de los otros. Es excluyente porque está eliminando a quienes le estorban para gobernar. Son –afirma – “los enemigos del pueblo, vendedores de falsedades”.  

Por eso también, son en extremo importantes los contrapesos a los excesos del poder. Pero para Andrés Manuel López Obrador, los contrapesos son de oropel: tienen poco valor – pero según él – aparentan valer mucho.

Mientras, el pueblo se le entrega en sus brazos al líder, quien disfruta su viaje por el poder inconmensurable que hoy detenta. Y los otros –las minorías – luchando por activarse para generar contrapesos que eviten consecuencias irreparables. Cansados de los embates polarizantes del gobernante, quizá sucumban.   

Como escribió Luis Rubio en su artículo del pasado 31 de abril en Reforma: “No hay mal que dure 6 años ni pueblo que lo aguante”. Si AMLO nos sigue dando láminas de latón que imiten al oro, habremos de aguantar quizá mucho más que 6 años y su visión de oropel termine- contrario a su propósito – por instalarse en Palacio Nacional.   

Esperemos que el Señor Presidente corrija el camino y enderece el rumbo.         

About the Author

Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

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