AMLO: El FOBAPROA del PRI

Alito
ENTRE VISIONES DEL PODER
Por Miguel Ángel Solís

El resultado de la elección para renovar la dirigencia en el PRI, a nadie sorprende. Fue más de lo mismo. La cargada encabezada por los aún gobernadores tricolores, estuvo a favor de quien fue uno de ellos, el exgobernador campechano, Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, a quien apodan “Alito”.

Esa treta que el otrora partidazo quiere “vendernos” con la asunción de un “joven dirigente” -a manera de mensaje de cambio- nadie la cree. El viejo PRI sigue ahí, huele a viejo, a rancio. Desde que “Alito” levantó la mano para aspirar a ocupar la presidencia del Revolucionario Institucional, muchos analistas hicieron dos lecturas: una, que obedecía a la línea política del expresidente Enrique Peña Nieto, por tanto, sería el ungido; y dos, y aún más importante, que una vez electo, sería el artífice de la negociación, del acercamiento y entendimiento con el nuevo gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Ambas lecturas parecen estar en lo cierto.

El PRI perdió la enorme oportunidad de terminar por entender el dicho popular que reza: “Renovarse o morir”. No se trataba sólo de un cambio en su dirigencia. Se trataba de transformar radicalmente las formas y métodos políticos que por años practicaron, anclados en la anti democracia, el corporativismo, el engaño, la componenda, la complicidad y el privilegio de estar con quien manda.

El inédito ejercicio de elegir a quien sería su presidente nacional, abría la enorme oportunidad para discutir internamente qué tipo de partido querían y qué camino seguirían. Uno abierto plenamente a sus militantes y a la sociedad, u otro que continuara reproduciendo esquemas cerrados, propios de los partidos oligárquicos, donde predomina la voz y mando de quien detenta la dirigencia.

Por lo que consignan los medios, el proceso electivo interno estuvo lleno de los más avezados artilugios priístas: acusaciones de corrupción, coacción, acarreo del voto y manipulación del hoy raquítico padrón de militantes que apenas alcanza cerca de 7 millones (en abril de 2019, reportó al INE, 6 millones 605 mil 740).

Los despojos del antiguo aparato priísta fue peleado como si se tratara de recuperar la presidencia del país, pese a que cuenta con muy pocos recursos y a pesar también de la débil afluencia de votantes que fue del 24 por ciento; es decir, un millón 700 mil, según dijo “Alito” ayer a Carlos Loret, aunque a Eduardo Ruiz Healy le afirmó que votaron 2 millones de priístas. El mismo PRI de siempre. Ambiguo, confuso. Como AMLO: inventando verdades. Mal empieza “Alito” su dirigencia.  

Mientras Morena recibió casi cuatro veces más de presupuesto en 2019, el PRI obtuvo 27 por ciento menos, lo que equivale a un poco más de 800 millones de pesos. No obstante esta notable disminución, bien vale la pena hacerse de las menguadas estructuras partidistas que con apoyo de los aún 12 gobernadores del PRI, de algo servirán esos recursos para “operar campañas”.

Las deudas serán renegociadas con el apoyo del gobierno morenista que, al final, saldrá al rescate de su hermano mayor, ahora en desgracia y al que no permitirá morir. Nada de disminuir recursos a los partidos. Al contrario, hay que darles oxígeno, respiración boca a boca. Eso le conviene a Andrés Manuel, tanto para ganar mayor legitimidad al tener “contrapesos” a modo, como para aprobar leyes en el congreso, cuando así lo requiera.

Ahora, el PRI estará destinado a convertirse en uno de esos partidos “bisagra” que creó, que tanto apoyó, mantuvo y multiplicó cuando detentaba al poder absoluto. Si no, habría que preguntarle al PT y a uno de los sobrevivientes del que fue líder de su bancada en el Senado, el hoy director general de la CFE, Manuel Bartlett Díaz. El inquilino de Palacio Nacional también tendrá sus partidos “bisagra” ¿Por qué no? Es un sueño convertido en realidad.

Estamos en la antesala de la reedición del FOBAPROA cuando se rescató a banqueros, pero ahora el tabasqueño saldrá al rescate político y financiero de lo que quedará del revolucionario institucional. “Alito” será el instrumento.

Si en su gobierno hay rescatados previos “a quienes perdonó de todos sus males y fechorías”, ¿por qué no practicar el soterrado arrepentimiento colectivo? “Alito” será el artífice.  

¿Será que lo que dijo ayer el Presidente salpica al priísmo?: “Hay un ánimo distinto, es un ambiente nuevo, aunque digan lo contario nuestros adversarios, en México hay alegría, hay entusiasmo, es otro país, hay otro humor, no existe ya el mal humor social o está limitado a esos pequeños grupos que, poco a poco, se les va a ir quitando ese mal humor y se van a ir alegrando junto con millones de mexicanos”. ¿Será el presagio institucionalizado de lo que muchos llaman ‘PRIMor’?

Ante la debacle electoral propinada por AMLO y Morena, el PRI estaba obligado a reinventarse. Desaprovechó el tiempo, el momento y la circunstancia. La reciente reyerta interna -llena de todo tipo de descalificaciones- así lo indica. Nada puso freno a ese desmedido apetito de lucrar, de tomar como botín al vilipendiado partido. Pudo más el negocio, el rescate y el acuerdo con quien hoy manda en el país, que democratizarlo, que logar su transformación, que redefinir su rumbo.

Los priístas no aprendieron las reiteradas lecciones. Siguen empecinados en repetir lo que tanto daño les causó. Nada de enterrar el pasado. No importan ni la militancia, ni el combate a la corrupción. Mientras, que el pequeño y joven dinosaurio siga moviéndo la cola para hacer creer que todo cambia para que siga igual. Al cabo, AMLO será el FOBAPROA del PRI. Designio del Sr. Presidente. 

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Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

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