Angela Merkel y la cuestión alemana

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En silgo pasado Henry Kissinger, secretario de Estado de los Estados Unidos, describía a Alemania como un país muy grande para Europa, pero demasiado pequeño para el mundo. En esa frase, Kissinger ejemplificaba el dilema que ha acompañado a Alemania en la era moderna, especialmente desde su fundación en 1871.

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Angela Merkel y Henri Kissineger c AFP Getty Images

Como argumentamos en columnas pasadas, la historia de Europa durante la primera mitad el siglo pasado, es la historia de la cimentación y estabilización del papel de Alemania en el concierto de naciones.

La restructuración geopolítica del mundo, el cambio en nuestra estructura de comunicación y el nuevo ecosistema tecnológico nos hacen preguntarnos una vez más, cuál es el papel de Alemania en el nuevo contexto global.

Alemania en la Europa de hoy

El poder de Alemania en Unión Europea ha llegado a un nivel no visto desde la crisis del 2010, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula on der Leyen, fue ministra de defensa en el gabinete de Angela Merkel y el primero de julio comienza la presidencia alemana del Consejo de la Unión Europea.

Angela Merkel y Urusla von der Leyen c Reuters

Más allá de su influencia institucional, la cual en tiempos normales ya sería significativa, su manejo de la del Coronavirus y su fortaleza económica le han dado aún más capacidad de influir en el futuro de la unión. El número de muertes debido al Covid 19, por millón de habitantes, en Alemania es de 107 comparado con 573 en Italia, 606 en España, 443 en Francia, 379 en EE. UU. y 198 en México, de acuerdo con cifras oficiales al 26 de junio.

Estas cifras se lograron sin la necesidad de instaurar medidas demasiado restrictivas como sucedió en el caso de Francia. Gracias a la homogeneidad y estandarización de su aparato hospitalario, así como a la rápida respuesta por parte de autoridades sanitarias federales y locales, el sistema de salud alemán nunca se vio sobrepasado en capacidad y cumplió su función de manera formidable. En términos económicos, se espera una caída del PIB del 6 porciento comparado con 9 porciento en el caso de Italia y 14 por ciento en el caso de RU. Sin embargo, el gobierno rápidamente lanzó un paquete

económico de más de mil millones de euros enfocado en mantener a flote el empleo, a diferencia del gobierno de México. Se espera que para el 2021 el PIB crezca 4.9 porciento.

Otra gran fortaleza de la economía alemana es la naturaleza de sus PYMES o “Mittlestand” las cuales son lideres exportadores y han enfocado sus esfuerzos en sumarse a las cadenas de producción internacionales. Gracias a su tamaño, robustez económica, interacción con el comercio internacional, y apoyos económicos estas empresas han sido capaces de balancear la crisis redireccionando esfuerzos a distintos continentes y sectores.

La canciller turbocargada

A esta fortaleza estructural hay que sumarle el liderazgo de Angela Merkel, canciller alemana desde 2009, quien ha estado a la cabeza de la respuesta de Alemania y Europa ante las crisis más fuertes que ha enfrentado la Unión en este siglo, la crisis del 2010, la crisis de refugiados y ahora la crisis del Coronavirus.

Hoy en día, Angela Merkel ha tomado una serie de decisiones políticas que hubieran sido impensables hace un año. Por ejemplo, la decisión de crear un mecanismo financiero y fiscal pan europeo para levantar 750 mil millones de dólares de deuda demuestra el capital político de la canciller.

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Angela Merke y Emmanuel Macron en conferencia sobre el plan de recuperación europeo c Reuters/Nietfeld

Sin embargo, la crisis está lejos de terminar en un contexto internacional cada vez más inestable y complejo, a su vez, hay cambios tecnológicos a los que no se han adaptado ni Alemania ni la UE se han adaptado. La desvinculación entre China y EE. UU., y su creciente hostilidad, ponen a la UE en una posición delicada dado el impacto económico que estas dinámicas generan.

La relación europea con ambas potencias es problemática, por una parte, hay un creciente interés por parte de Alemania y la UE por regular a compañías tecnológicas estadounidenses como Facebook y Google mientras que la presidencia de Donald Trump ha sido catastrófica para la relación trasatlántica.

Portada de The Economist sobre regulación tecnológica en la UE

Por otra, la poca transparencia por parte de China en las primeras etapas de la transmisión del Sars Cov 2 y sus recientes adquisiciones empresariales han llevado a la UE a describir a China como un rival sistémico. En términos tecnológicos existe un miedo muy real de que es muy tarde para Alemania y Europa de sumarse a la ola digital y de las tecnologías emergentes.

Parece ser que la única forma para que la UE pueda sobrellevar los nuevos cambios es mediante mayor cooperación intraeuropea por lo que Alemania debería impulsar mayor integración en áreas como política exterior. Hay altas expectativas para el papel de Alemania en este nuevo contexto, el cual coincide con su presidencia del Consejo de la Unión Europea. Sin embargo, el periodo probablemente no será tan ambicioso ya que Alemania, aunque incapaz de negar su importancia para la Unión Europea y el mundo, no parece estar lista para tomar el papel de liderazgo constante y a futuro que demandan los nuevos tiempos.

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