ASF, David Colmenares y “Otros Datos”

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#PlumasGurú

Por: Michel Chaín Carrillo
En países como México, criticar al poder no es una actividad exenta de riesgos y hay que saber distinguir entre las críticas que, son solidas conceptual o metodológicamente y se basan en evidencia verificable, de aquellas pirománticas que sólo buscan reducir todo a cenizas, ya sea por convicción, ambición o vil nihilismo.  Si bien el Estado debe garantizar la protección de unos y otros, el Gobierno debería cuidar con especial ahíncos a sus auténticos críticos, pues es gracias a estos que puede mejorar y, al hacerlo, mejorar al país.

Buena parte del pensamiento político durante la Ilustración giró en torno a diseños institucionales que, por un lado, permitieran gobiernos solidos y funcionales y, por el otro, en los contrapesos institucionales necesarios para que su consolidación no degenere un la concentración del Poder en una sola persona, lo que sería una regresión al ejercicio autocrático del Poder, propio de las monarquías y de la explicación aristotélica-tomista propia de las mismas, que se buscaba trascender.

Si bien no hay una fórmula única de diseño institucional, la Democracia a lo largo de los años ha ido generando, tanto para los regímenes presidencialistas como para los parlamentarios, una serie de diseños en los que el principio de la división de poderes está siempre presente.

La teoría de la separación de poderes se gesta en el Siglo XVIII con los trabajos de gigantes del pensamiento político de Occidente como el estadounidense Alexander Hamilton, el enciclopedista francéJean Jacques Rousseau o el británico John Locke, quien fue pionero en plantear al Gobierno como una construcción social que descansa sobre los principios de la soberanía popular y la legalidad, donde el Poder se separa entre el Legislativo y el Ejecutivo.  

Sin embargo quien da el salto de los planteamientos teóricos a su formulación práctica fue Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y Barón de Montesquieu, para quien la división de poderes no sólo fue un postulado abstracto, sino el diseño de un sistema de pesos y contrapesos (el check and balance norteamericano), donde los 3 poderes se pudieran anular entre ellos: “Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder». 

En el caso de México, y pese a ser medular para el paradigma democrático liberal, la División de Poderes sigue siendo algo demasiado etéreo para buena parte de la ciudadanía, quizá resultado de las décadas de un PRI hegemónico en las que Congreso, lejos de funcionar como un contrapeso a la Presidencia era, junto con el propio Partido, quien convalidaba sus decisiones y, en especial, aquellas que trascendían el reinado absolutista sexenal de cada titular del Ejecutivo.

Si bien la reformas políticas de 1977 y 1983 lograron un Congreso más plural y representativo de la diversidad ideológica y política del país, no fue sino hasta la concertacesión de 1988-1989 y la pérdida de la mayoría priísta en la Cámara de Diputados en 1997, que el Congreso representó un contrapeso político real a las facultades legales y metalegales del Ejecutivo mexicano.

Resultado de esta regularización democrática, en el año 2000 entró en funciones la Auditoría Superior de la Federación (ASF) como organismo técnico de la Cámara de Diputados, de conformidad con la Ley de Fiscalización Superior de la Federación y la reforma Constitucional de 1999, substituyendo a la Contaduría Mayor de Hacienda.  La ASF es el órgano técnico responsable de fiscalizar todas las operaciones que involucren recursos Federales, por parte tanto de los tres Poderes de la Unión, como de los órganos constitucionales autónomos, las entidades federativas, municipios (incluidas las alcaldías de la Ciudad de México), las empresas productivas del Estado, así como cualquier otro ente público, entidad, persona física o moral, pública o privada.

Dado que es parte de la Cámara de Diputados, la ASF es medular en la división y el equilibrio que debe de existir entre los 3 poderes mexicanos al permitir el cierre del ciclo presupuestal a la Cámara de Diputados, que tiene la facultad en exclusiva de aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) cada año y que, a partir del año 2000, lo hace conociendo de primera mano la manera en que se ejercieron los dineros que aprobara para todas las instancias de Gobierno del Estado Mexicano el año anterior.

Previsiblemente tanto la ASF como su titular, el oaxaqueño David Colmenares, están en la mira de los francotiradores mediáticos, y no tan mediáticos, de la cuatroté después de dar a conocer los resultados a la supervisión hecha al gasto del primer año de Gobierno del Presidente López Obrador y reportar irregularidades por 67 mil 498.4 millones de pesos.  

En honor a la verdad, todo el golpeteo que puedan recibir tanto la ASF como el propio David, es además de injusto totalmente innecesario.  

Por un lado, a partir de la presentación de la evaluación de la ASF se abre un proceso de confronta en el cual, los hoy muy indignados y dolientes funcionarios cuatroteros podrán distraerse de su drama y dedicarse a aclarar todo lo quieran o puedan aclarar.  Por otra parte, la existencia de la ASF en su momento fue un logro para el Estado Mexicano, en el que participaron muchos de los que hoy forman parte de la cuatroté y quienes deberían ser los primeros en explicar que, al final de día y aunque en el momento ardan, las observaciones detectan áreas de mejora en la gestión del Gobierno Federal.  

Conocí a David Colmenares tomando protesta como Presidente del Colegio Nacional de Economistas hace 21 años.  A pesar de que su hija es amiga mía y ambos somos economistas egresados por la UNAM, hemos coincidido pocas veces aunque.  Cuando ha habido la oportunidad de intercambiar puntos de vista, no necesariamente hemos estado de acuerdo; sin embargo, estas diferencias nunca me ha impedido reconocerlo, tanto por su trato como por su trayectoria laboral, como lo que es: un profesional.  Hoy en el país estamos cortos de servidores públicos que puedan caer, de manera tan redonda, en esa simple palabra.  

Démosle la gracia de la objetividad, tanto a él como a su trabajo.  No necesita de más.  Créanme que el país lo agradecerá.

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