De víctima a victimario

Tribunal

Desde el Monterrey de las Montañas

Guillermo García

@billyguillermo

Desde hace casi dos décadas, el actual presidente de México ha tenido como freno a sus deseos el Poder Judicial mexicano. Mientras los demás poderes se hincan ante el mesías tropical, la Suprema Corte y el Tribunal Electoral le dan una lección de independencia al país entero.

La historia es larga pero podemos situar su inicio el 7 de septiembre de 2006. Y no es un inicio en el que Andrés Manuel aparezca como el malo de la película. En esa ocasión, el Tribunal Electoral Federal validó la elección para presidente de la República nombrando ganador a Felipe Calderón Hinojosa. La sentencia era, por lo menos, controversial. Primeramente, el voto de unanimidad no reflejó la división que había en México. La diferencia era del 0.58% Algo así como 200,000 votos. Además, la Corte declaró que era evidente la intromisión del Ejecutivo Federal en la elección, sin embargo no creía que esa intromisión había sido determinante para el resultado final. Repito, estamos hablando de una diferencia de menos del 1%. El apoyo descarado e ilegal del presidente de la República fue determinante para el resultado final de la elección.

Aún hoy, Andrés Manuel califica su derrota de 2006 como un fraude, una conspiración más para dejarlo fuera de la presidencia de la República, fraguada desde Los Pinos y ejecutada en el Tribunal Electoral.

Tras su victoria de 2018, rápidamente obtuvo, además del poder de la presidencia, la gran mayoría en ambas Cámaras y a los gobernadores, sometidos por las necesidades presupuestarias.

Al mes de haber tomado posesión como presidente, el 2 de enero de 2019, tuvo lugar la elección para el nuevo Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia. El candidato Arturo Saldívar fue elegido sin problema alguno, la Corte parecía seguir la inercia nacional y obedecer sin cuestionamientos al caudillo.

 Antes de terminar su primer año de gobierno, la primera cabeza en la Suprema Corte de Justicia de la Nación había rodado. En un claro y gangsteril chantaje, Medina Mora fue primero exhibido periodísticamente, después perseguido por la autoridad hacendaria, hasta que renunció como ministro y nadie ha vuelto a saber de las acusaciones en su contra.

Después vendría otra humillación, nombrar como ministra a su amiga Yasmín Esquivel, esposa del famoso constructor José María Rioboó. Luego, la ilegalidad de la consulta, donde la SCJN se vio obligada a declarar constitucional lo que a todas luces es inconstitucional.

Por último, la gota que derramó el vaso. Atacando directamente la independencia de la Corte, buscó mantener como ministro a Arturo Saldívar. El ministro coqueteó con la idea. Pero después de consultar con sus pares cuál sería el resultado de una votación en el pleno, se dio cuenta que no tenía los votos necesarios para mantenerse ilegalmente en el puesto. En un comunicado, que parecía más evento político que comunicado de prensa, el ministro presidente declaró que rechazaría el mantenerse en ese cargo más allá del término para el que fue elegido.

El espectáculo vivido la última semana en el Tribunal Electoral ha sido también a causa de la injerencia del Ejecutivo Federal. El llamado “magistrado billetes” José Luis Vargas, curiosamente comenzó a darle la razón a Morena, desde que fue objeto de una investigación por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera. Es claro que el señor no es un santo, con departamentos en Miami, diferentes movimientos financieros incongruentes, tomando en cuenta sus ingresos, demuestra la putrefacta vida judicial de este país. Pero la investigación no tuvo como objetivo removerlo del cargo o someterlo a un proceso judicial. Basta ver sus votaciones para entender el acuerdo de impunidad. Desde que es investigado votó por no darle el registro al partido de los Calderón, a favor de mantener la candidatura Salgado en Guerrero, además de proteger la legalidad de las conferencias mañaneras en épocas electorales.

Sin embargo, también aquí el poder presidencial topó con pared. En una rebelión sin precedentes, los compañeros del magistrado del Tribunal Electoral decidieron removerlo del cargo de presidente del TEPJF.

En una misma semana el presidente de México ha perdido el control de los dos tribunales más poderosos del país. 

No escapa a la ironía que el político opositor, víctima del poder presidencial en los tribunales en 2006, sea hoy quien desde la presidencia busque influir en los tribunales contra sus rivales. 

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