Decisiones, conciencia y moral en tiempos del Covid-19

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Covid-19

De Pandemias y otros Demonios

Jorge Rivero Romo

En las primeras semanas de abril se intensificaba el debate que sostenían principalmente los gobiernos de las economías más poderosas del mundo (en específico Estados Unidos y Europa Occidental), respecto a sí ya era tiempo para empezar a regresar a la “normalidad” y así dar paso a la tan ansiada reactivación económica de manera controlada para minimizar los estragos en la salud de la población.

Como sabemos, las decisiones en ese sentido se han empezado a tomar y a acelerar dados los primeros efectos e indicadores económicos que se han publicado en las últimas semanas y que apuntan a que se avecina una recesión global sumamente profunda. Dichos datos han venido acompañados de oscuras estimaciones sobre las nefastas, nocivas y catastróficas consecuencias que la pandemia podría causar a la economía y la humanidad, proyecciones encabezadas por organismos como el FMI, Banco Mundial y, en específico, hablando de América Latina, por la CEPAL, quien asegura que la región enfrentará la peor crisis social de su historia. Los efectos negativos sobre el empleo, combate a la pobreza y reducción de la desigualdad son prácticamente inevitables.

En este sentido, para algunos analistas en el ámbito económico y político, dichas decisiones, que probablemente se han tomado de manera desordenada, tardía o bien sin una planeación eficiente, han sido de carácter urgente y necesario para suavizar el impacto económico. Por ejemplo, en Estados Unidos, dichas acciones de regreso a la actividad productiva incluyen acuerdos regionales para que así dicho país coordine el alivio de las restricciones de forma escalonada, mismas que a su vez varían no solo por estado/región sino incluso por ciudad y condado. Por ejemplo, estados muy importantes como Texas y Florida ya reabrieron desde el pasado viernes prácticamente en su totalidad (incluso hasta cines, teatros, centros comerciales, restaurantes etc.), situación muy criticada incluso por autoridades como jueces locales de los mismos estados. En cambio, en Europa el regreso será más homogéneo que en Estados Unidos, aunque también escalonado.

Por otro lado, especialistas e intelectuales en el ámbito humanitario (incluyendo, por lógica, a algunos médicos, investigadores y científicos del sector salud no asociados directamente al sector público de los países), opinan que los gobiernos y empresarios se están precipitando en levantar las restricciones al aislamiento y cuarentena al dar por hecho el haber logrado contener y reducir el brote de contagios y tasa de decesos (hecho que estadísticamente es cierto). Sin embargo, dichos especialistas de la salud argumentan que aún existen riesgos altos de una fuerte segunda ola de contagios. Aquí es donde la situación se torna sumamente compleja.

La ética, responsabilidad social y compromiso moral jugarán un papel decisivo en esta crisis. Me refiero a los valores que los empresarios (ya sean grandes, medianos o pequeños) y altos funcionarios públicos tendrán que aplicar hacia sus empleados para dotarlos de equipo de protección y supervisar (en la medida de lo posible) el cumplimiento de normas de higiene y distanciamiento social al menos en los espacios de trabajo. Los “empleadores” tendrán que asumir un riesgo por reabrir sus negocios, mismo que tendrá que ser mayor si no proveen de la protección adecuada a su personal, como por ejemplo, hacerse responsables del cuidado hospitalario en el peor escenario (no sé por qué se me vino a la mente Salinas Pliego…). Ahora bien, de igual manera la sociedad tendrá que aplicar los mismos valores y conciencia para cuidarse a sí misma y seguir aplicando las normas sanitarias que todos conocemos. Sin embargo, que todas estas condiciones se cumplan en todo el mundo de manera eficiente y por un periodo de varios meses parece sumamente complicado.

En este sentido, digan lo que digan, la realidad es que quien decidirá en buena medida, por decirlo de alguna manera, por cuánto tiempo se mantendrá la reactivación, es el mentado virus y no los gobiernos / políticos o empresarios. Aún no existe el conocimiento suficiente del Covid-19 para poder afirmar que el brote ya está controlado o no. Pasa a segundo plano lo que ellos y sus equipos de salud quieran hacer. Lo que importa es hasta donde el bicho nos permitirá “seguir jugando” antes de que se tenga a la mano la tan esperada vacuna (misma que realmente será el “game changer” de todo esto).

Mientras tanto, existen nuevos estudios que muestran que el covid-19 es más contagioso y más resistente de lo que se pensaba (estudio llevado a cabo por “Los Alamos National Laboratory” indica que, aplicando un modelo matemático al caso Wuhan, el contagio de cada individuo a otros fue de 6 en promedio, dato que supera en más del doble al calculado en febrero por la OMS y otras autoridades de salud pública). De aplicar esta tasa de contagio, o algo cercano a ella, al resto de los países, el erradicar al virus será algo extremadamente difícil de hacer.

Desafortunadamente y apuntando a lo anterior, las últimas noticias del frente de investigadores formula preguntas serias acerca de la habilidad de las economías para operar en cualquier manera parecida a la normalidad sin una aceleración en el contagio del covid-19. El caso de Japón es el claro ejemplo de esto (el 7 de abril anunciaron medidas de regreso al aislamiento aún más extremas que las aplicadas la primera vez).

El incremento de casos en China y Corea del Sur de pacientes que han vuelto a dar positivo pone sobre la mesa la temerosa posibilidad de que el virus tenga la capacidad de reactivarse de alguna manera (dicho la semana pasada por sus centros nacionales para el control y prevención de enfermedades). Adicionalmente, científicos chinos afirman que el novel coronavirus no será erradicado, opinión que se agrega al creciente consenso mundial respecto a que el patógeno regresará en olas parecidas a la influenza.

Es improbable que el covid-19 desaparezca como lo hizo el SARS hace 17 años, ya que hay infectados que no presentan síntomas a diferencia del anterior (siempre se presentaban al menos cuadros de calentura). Dicho grupo de personas asintomáticas hace muy difícil el poder contener los contagios al esparcir éstos el virus sin ser detectado. China sigue encontrando todos los días decenas de casos asintomáticos del covid-19 a pesar de haber controlado su epidemia.

Esta realidad, junto con sus costos colaterales, parece que ya la están reconociendo muchos gobiernos. Hay posturas de expertos en salud pública que proponen que se permita el esparcimiento del virus en una manera controlada a través de poblaciones jóvenes como en La India, en tanto que países como Suecia han rechazado medidas de encierro / aislamiento estrictas. Sin duda seguiremos escuchando debates y posturas distintas al respecto.

En conclusión:

La “buena” noticia es que el “cerrar la economía” (aislamiento social aplicado de manera correcta) es una medida efectiva de suprimir los contagios, pero con las desastrosas consecuencias que esto ha implicado a las economías. (Vaya, obviamente no es tan buena entonces).

La mala es que el virus es más difícil de eliminar de lo que parecía. Puede reaparecer tan pronto se relajen las medidas de aislamiento. “Cualquier nivel de relajamiento gradual del confinamiento inevitablemente conducirá a un correspondiente incremento de nuevos casos” señala un reciente memo de la European Commission.

Los países (economías y sociedades) que mejor se adapten a vivir con el covid-19 serán los que superen con mayor rapidez la crisis y salgan más fortalecidos en muchos aspectos de la misma (me refiero a quienes sean capaces de aplicar de manera más eficiente los valores y medidas mencionados párrafos arriba aunado a planes económicos de rescate y mejoras a sus estructuras de salud). Probablemente estaremos hablando en unos años de quiénes fueron los “ganadores” y “perdedores” de este evento que sin duda representa un parteaguas en la historia de la humanidad. ¿Me es imposible cuestionarme cómo quedará situado nuestro país?

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About the Author

Jorge Rivero Romo
Licenciado en Economía (Universidad de las Américas-Puebla) He liderado departamentos y equipos de análisis económico, research, inteligencia de mercados, data analytics, insights del consumidor etc en diversas empresas nacionales y transnacionales de diversos sectores: Financiero, Marketing, Medios y Publicidad entre otros. Fui profesor de tiempo parcial impartiendo la materia de Economía Internacional y diversos seminarios en el ITAM. Panelista y conferencista nacional e internacional.

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