Democracia a prueba

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#PlumasGurú

Michel Chaín Carrillo

La Democracia no es perfecta y nunca lo ha pretendido.  Por el contrario, en el mundo posterior a la 1ª. Guerra Mundial mientras de manera grandilocuente los socialistas/comunistas prometían la “dictadura del proletariado” (sin explicar qué era o cómo llegar) y los totalitarios (fascismo, falangismo y nazismo, entre otros) el regreso de un pasado glorioso (que nunca existió), de manera anticlimática la democracia ofrecía una fórmula para hacer cambios en los acuerdos sociales minimizando el derramamiento de sangre.  Al final, los valores democráticos se impusieron y al inicio del nuevo milenio no se veía quién se les opusiera.  Sin embargo, el fenómeno de las “democracias iliberales”(o “internacional populista” como los bautizara Silva-Herzog Flores), obliga a abrir los ojos y reconocer que el viejo enemigo de las libertades individuales, el colectivismo político,  no desapareció en el Siglo XX.  El colectivismo cambió de ropas, se disfrazó de demócrata y comanda los destinos de países como Rusia, Hungría, Turquía o incluso México, pero también en aquellos que el Siglo pasado fueron los campeones del liberalismo: Reino Unido y los Estados Unidos.  Tal como al inicio del Siglo XX, tal como lo ha demostrado la jornada lectoral norteamericana, la democracia está a prueba.

Durante más de un siglo, el diseño de la democracia estadounidense fue tomado como un ejemplo de solidez institucional.  Forjada en la pre claridad de los llamados “padres fundadores”, la democracia estadounidense surgió y se consolidó en un entorno de cambios cuando, en términos históricos, terminaba la edad moderna y surgía la contemporánea que revolucionaría las ideas (Ilustración y la publicación de La Riqueza de las Naciones, en 1776) y las correlaciones de poder (Revolución Francesa, de 1789-1799), pero que también se caracterizó por una férrea resistencia a ese cambio, como se observó en la persistencia del racismo en los Estados Unidos y la eventual “guerra civil”. 

Democracia
De John Trumbull – US Capitol, Dominio público

La Constitución de los Estados Unidos, más allá de lo bien o mal que nos puedan caer idiosincráticamente los norteamericanos, se redactó adelantándose a su tiempo y, pese al enorme riesgo que significó ser la pionera de las democracias presidenciales, lejos de verse superada con el paso del tiempo, se convirtió en el canon en el cual se basaron el resto de los sistemas presidenciales y democráticos.  Incluso Francia, gracias a la relación entre Tocqueville y Hamilton, incorporó buena parte del diseño institucional creado por los estadounidenses.

De Constitutional Convention – U.S. National Archives and Records Administration, Dominio público

Pese a todo lo anterior, a partir del año elección de George Bush Jr. vs. Al Gore, la democracia norteamericana nos mostró un rostro inédito, avejentado y anacrónico.  El Colegio Electoral, que fuera diseñado como un mecanismo de defensa de la democracia norteamericana, ante el riesgo de que un populista impulsado por alguna potencia extranjera pudiera hacerse del poder y un acuerdo político para atemperar las tentaciones secesionistas, hoy se ve superado contradictorio para un nuevo milenio mucho más transversal e interconectado, gracias al avance en las Tecnologías de la Información (internet).  Los electores norteamericanos se sintieron traicionados por sus instituciones, que se convirtieron en un dique que frenó la voluntad popular, e impotentes vieron a Bush Jr. ganar la Presidencia por votos electorales (271 vs. 266) a pesar de haberla perdido por votos directos de los ciudadanos (47.87% vs. 48.38%).  Y no fue la única vez.

Al Gore

La llegada al Salón Oval de Donald Trump, en ese sentido, trasciende a su Administración, más allá de si dura 4 u 8 años, pues puede ser el punto de inflexión que marque el declive norteamericano como súper potencia hegemónica.  Declive que no sólo se explica por el paulatino debilitamiento de su economía, su incapacidad para gestionar de mejor manera la pandemia del COVID-19 o, incluso el haber perdido su habilidad de ser ese “melting pot” donde se mezclaban historias, etnias y procedencias para dar lugar al hombre y las mujeres de los siglos XX y XXI.

Un declive marcado por la incapacidad del sistema electoral más sólido y respetado del mundo, para evitar la llegada al Poder de un hombre lleno de arrogancia y avaricia, pero sin formación política que, muy probablemente, nunca ha dimensionado la trascendencia de sus actos o cómo ha sido el catalizador para lograr la mayor división y polarización de la sociedad norteamericana desde la Guerra Civil.

Donald Trump

Más allá de los propios Estados Unidos, la Presidencia Trump validó la existencia, permanencia y excesos de esos liderazgos despóticos que, habiendo llegado al Poder por vías democráticas y apoyándose en instituciones liberales, hoy desde ese mismo Poder buscan desmontar la democracia, desaparecer los contrapesos, establecer un discurso único, una voz única y eternizarla en sus países a costa de las libertades individuales de sus gobernados.  Buscarán seguir haciéndolo, continúe o no el Presidente Trump en la Casa Blanca.

Nuevamente una democracia a prueba.  Esa será, para el mundo, la herencia del Presidente Donad Trump.

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