Doña Delfina, prejuicios y economía 4.0

Delfina
Presidente
#PlumasGurú
Por: Michel Chaín Carrillo

Tanto por quienes buscan desestimarla por su perfil más político que especializado en temas educativos como por quienes la defienden a ultranza sólo por el hecho de tener formación normalista, pero la polémica generada por el eventual nombramiento de Delfina Gómez como titular de SEP refleja el grado de polarización e intolerancia que existe en el país, y que no se veía desde la época previa a la Revolución Mexicana.  Argumentos de unos y otros que se convierten en polvo que impide saber cómo México se va a montar en la nueva economía global basada en el diseño, la innovación y la adaptación, que ya implementan las principales economías para mantenerse vigentes en el Siglo XXI.  No vaya a ser que acabemos en una segunda versión del XIX mexicano.

No tengo el gusto de conocer a Delfina Gómez en persona.  Como buena parte de los mexicanos que dan seguimiento a la vida política del país, escuché de ella cuando buscó, y consiguió, la Presidencia Municipal de Texcoco, en el Edomex.  Posteriormente, y haciendo énfasis en su nombre, que lo mismo es atípico que recordable, así como en su ya multicitado cartel junto con su gatito (superó por mucho, tanto en lo cursi como en lo efectivo, la conferencia de prensa a la que como candidato me apersonara llevando al mismísimo “Jack el perro”), se le identificó como la ficha de Andrés Manuel López Obrador en la muy cerrada elección del Estado de México que, al final, quedara en manos del príncipe del Grupo Atlacomulco del PRI, Alfredo del Mazo Maza.

Como suele suceder en la trayectoria de buena parte de los políticos “profesionales” del país, así como se fueron dando a conocer sus virtudes como candidata, también fueron saliendo a la luz como pasajes obscuros en su trayectoria (notablemente, el haber rasurado el 10% de los sueldos del personal que trabajaba para el Municipio, su vínculo con el cacique mexiquense Higinio Martínez o el apoyo del magisterio y su estructura, de la mano de Rafael Ochoa, exsecretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y mano derecha de Elba Esther Gordillo durante décadas).

Sin embargo, nada de lo que ha hecho es del calado de la Secretaría de Educación.  De suyo, despachar donde lo hicieran lo mismo Justo Sierra que José Vasconcelos, Plutarco Elías Calles, Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Ernesto Zedillo, Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio, Emilio Chuayffet o el actual, y hasta ahora considerado presidenciable, Esteban Moctezuma, debe ser todo un reto para Doña Delfina.  

Llegará a una SEP donde hay señales encontradas respecto al eventual regreso de los estudiantes a las aulas, un sistema de e-learning hecho sobre las rodillas para hacerle frente a la pandemia y con serios problemas para llegar de buena manera a las comunidades más alejadas, una contrarreforma educativa que si bien gustó al magisterio, disgustó a sectores importantes de la sociedad, universidades públicas menoscabadas y enojadas, así como un presupuesto que en 2020 ascendió a 318 mil millones de pesos, 2 millones 100 mil maestros, 36.6 millones de alumnos de educación básica, media superior y superior así como 265 mil escuelas, me parece que despachar desde la casona de República de Cuba en el Centro Histórico de la CDMX (y no en Puebla, como se anunció) será el mayor reto profesional de su vida.

Dado el paquete, lo normal es preguntar si hay algo en su trayectoria que permita saber tanto de sus capacidades cómo sobre sus puntos de vista sobre educación.  Desafortunadamente, el país está tan dividido, polarizado y cada vez más abrumado por mentiras y “fake news”, que cualquier cuestionamiento es tomado como provocación por ambos bandos.

En mi opinión, su desastrosa pronunciación del español no la inhabilita para ocupar la Secretaría (aunque ciertamente, sí preocupa), ni su buena relación el Sindicato y la Coordinadora garantiza la estabilidad en el sector.  Lejos de ser un lastre, su trayectoria política es uno de sus activos para enfrentar la diversidad de intereses con los que va a lidiar en la SEP (de preferencia, esta vez sin rasurar nominas).  

Pretender glorificarla por su formación normalista, como si eso la fuera a convertir en automático en una buena Secretaría. es falso y la razón es muy sencilla: la Normal forma profesores, no Administradores Públicos.  Desde luego que hay grandes servidores públicos y políticos que surgen del magisterio, tengo la fortuna de considerar a varios como mis amigos, pero son resultados de una afortunada combinación de factores que van más allá de su formación normalista.  Es tanto como pretender que por que hay grandes políticos egresados de la Facultad de Medicina de la UNAM, todos los médicos pueden ser secretarios de Salud o embajadores ante la ONU.

Aún peor, quienes buscan silenciar los cuestionamientos a Doña Delfina argumentando que “ella sí es maestra” (lo de maestra es todo un tema, porque en sentido estricto es profesora) sólo exhiben lo limitado de su entendimiento del sector, porque no pasan del estereotipo que utilizara Cantinflas y asumen que la SEP es una enorme escuela primaria.

¿La formación para el trabajo ya no es educación? ¿Este país ya no necesita que se certifiquen competencias laborales para que la gente pueda acreditar que conoce un oficio? ¿Modelos como la educación DUAL, que acercan al técnico en formación con la planta productiva para que su formación también sea en el lugar de trabajo, ya quedaron relegados a países bárbaros como Alemania? ¿Iniciativas como la Holberton School, que enseñan programación a gente sin formación universitaria, son desechables pese a que los programadores suelen ganar más que buena parte de los egresados de licenciatura o ingeniería? Y la cereza de este pastel ¿este país ya no necesita una política educativa para las universidades, en términos generales, para las universidades públicas o interlocución educativa con nuestros grandes centros universitarios como la UNAM, el IPN, la UAM o el CIDE?  

El mundo vive en una férrea competencia donde, de manera cada vez más evidente, la formación de perfiles que satisfagan los requerimientos de la industria, así como la capacidad de diseñar, innovar y adaptar, son los aspectos que hacen la diferencia entre el crecimiento, respecto al estancamiento y la pauperización.  La mayoría de los países que buscan un lugar en el futuro buscan cómo entrar a la tendencia hipertecnológica de la “economía del futuro”, la “economía 4.0” o la “cuarta revolución industrial” y México tiene todo para desarrollarse pensando en los próximos 25 años, pero nos aferramos a lo que pasó hace 25.

¿Será Doña Delfina capaz de impulsar estas y otras agendas del Siglo XXI o será un florero más?

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