El Desconcertante optimismo en los mercados accionarios estadounidenses.

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De Pandemias y otros Demonios

Jorge Rivero Romo

En las últimas dos semanas se ha intensificado el debate respecto a la “inusual” disociación de los mercados financieros estadounidenses respecto a lo que acontece en la economía real de aquél país (lo que le llaman Wall Street VS Main Street). Nunca en la historia, la brecha entre el comportamiento de los mercados y los indicadores económicos había sido tan amplia. Los índices accionarios como el S&P, Dow Jones y Nasdaq no solo han revertido, desde hace varias semanas, la tendencia negativa que registraron a raíz de que aparecieron las noticias sobre la propagación del Covid-19, sino que han mostrado una recuperación más que sorprendente.

En este sentido, los precios de las acciones en Estados Unidos han registrado una dramática forma de V recientemente. Una venta masiva brutal ha dado paso a una recuperación viva (gráfico 1). Sin embargo, una recuperación en forma de V para la economía —una breve recesión, seguida de una rápida recuperación— parece prácticamente improbable. La escala de pérdida de empleos sugiere que la economía está en un agujero demasiado profundo para salir rápidamente. Las solicitudes de seguro de desempleo y la tasa de desempleo muestran un deterioro mucho mayor respecto a niveles de recesiones anteriores. La economía perdió 20 millones de empleos en abril, en lo que sin duda representa el peor mes para el mercado laboral de aquella nación desde la gran depresión de 1929. Según el informe de empleos del pasado viernes, el empleo total de la nómina no agrícola cayó en 20.5 millones y la tasa de desempleo se disparó a un asombroso 14.7%, la tasa más elevada en el periodo de la pos-guerra (en 1982 y 2009 alcanzó 10.8% y 10.0% respectivamente). Se espera que para este mes siga en aumento.

Lo más sorprendente es que a pesar de lo dramático del reporte, los principales índices accionarios finalizaron con ganancias. Y sí, mientras 20 millones de estadounidenses perdieron sus empleos en abril y las cifras de contagios y decesos de la pandemia se deterioraban, el mercado de valores tuvo su mejor mes en décadas, ya que los inversionistas saltaron a cada indicio de optimismo mientras ignoraban una avalancha de malas noticias. Entre el 19 de febrero y el 23 de marzo, los índices S&P 500, Dow Jones y Nasdaq perdieron más de un tercio de su valor. Con apenas una pausa se han disparado desde entonces, recuperando el Nasdaq casi tres cuartas partes de su pérdida y los otros dos más de la mitad. 

Adicionalmente a los datos de desempleo, se espera que el PIB estadounidense registre una contracción de aproximadamente 10% en el segundo trimestre en comparación con el año anterior. Muchos empresarios esperan que la fuerte reducción de costos pueda ayudar a proteger sus márgenes y pagar las deudas acumuladas durante la recesión. Pero en conjunto, esta austeridad corporativa deprimirá la demanda. El resultado probable es una economía de 90%, muy por debajo de los niveles normales.

Ahora bien, no todo han sido malas noticias. El catalizador para dicho rally accionario fue el gran estímulo de la Reserva Federal hacia el sistema financiero, particularmente la compra de activos en una escala inimaginable, incluso comprometiéndose a comprar aún más deuda corporativa, incluidos los bonos “basura” de alto rendimiento, ayudando de esta manera a las grandes empresas a financiar sus deudas. El mercado de nuevas emisiones de bonos corporativos, que se congeló en febrero, se ha reabierto con un estilo espectacular. Las compañías han emitido US $560 mil millones en bonos en las últimas seis semanas, el doble del nivel normal estadounidense. Asimismo, el recorte de la tasa de interés de los fondos federales a niveles cercanos a 0% representa un impulso a la liquidez y al crédito al aparato productivo pequeño y mediano, asi como también al crédito al consumo. También, la compra masiva de bonos del tesoro ha reducido significativamente sus réditos. Se podría decir que no hay mejor lugar para invertir que en la bolsa de valores. Es así como, muy fácilmente, los inversores pasaron del pánico al optimismo sin perder el ritmo.

En un nivel, esto tiene lógica. Los administradores de activos tienen que poner el dinero para trabajar lo mejor que puedan. Pero hay algo mal con la rapidez con que se han movido los precios de las acciones y hacia dónde han regresado. Las acciones estadounidenses ahora valen más que en agosto de 2019. Esto parecería implicar que el comercio y la economía en general pueden volver rápidamente a los negocios como de costumbre, lo que a su vez equivale a que la reactivación se de sin pausa alguna. Los inversionistas de capital especulativo siempre ven a futuro, y esa es su visión. 

En este sentido, el tan ansiado anuncio en abril de que la puesta en marcha paulatina de las economías estadounidenses y europeas empezaría en mayo, el aminoramiento aparente en las tensiones comerciales entre nuestros vecinos del norte y China y la especulación sobre la posible aparición de medicamentos que mejoran la recuperación de los infectados, han sido las noticias/indicadores que le han “gustado” a los mercados y originado que los inversionistas vean lo que quieren ver, fenómeno conocido como “behavioral confirmation bias”.  Los mercados están cómodos separándose más y más de la economía real, situación que en lo personal entiendo pero no comparto en su totalidad, ya que implica un alto riesgo de que con alguna noticia que no les guste a los inversionistas (y miren que en este caos mundial pueden aparecer muchísimas) pueda originarse un nuevo desplome en los índices accionarios que no ayudaría en nada a la economía estadounidense y al mundo.

En todo caso, habría que preguntarle a los inversionistas:

1) Si se sienten cómodos con la idea de apostar a que no habrá una segunda ola de contagios de tal manera que la reapertura de las economías sea continua y sostenible (evitándose una crisis en forma de W).

2) Si le apuestan a que las tensiones entre ambos países no resurgirán.

3) Si están confiados en que aparecerá muy pronto “la vacuna” o bien que con algún medicamento paliativo ya desaparecerán los contagios, y

4) Si esperan que la FED, Banco Central Europeo y de Reino Unido sigan apoyando más (no solo en términos de liquidez sino de más créditos). 

Mi opinión (fundamentada en información de fuentes totalmente confiables) respecto a los puntos anteriores es que:

1) Sí habrá nuevos brotes de contagio (en mi columna pasada hablé a fondo de este tema) y que el camino que enfrentaremos durante, al menos lo que resta del año, será de altas y bajas: Aún inmersos en una gran incertidumbre a nivel global, ya hay noticias sobre casos de nuevos brotes de contagios en Corea del Sur, Singapur y China, primeros países que reabrieron sus economías y que servirán como “predictores adelantados” de lo que podría ocurrir de este lado del globo. Al respecto, autoridades e investigadores en infectología reconocidos en Estados Unidos y el mundo como Antoni Fauci, por citar solo a alguno, han advertido esta semana que la reapertura prematura en algunos estados de dicho país podría causar un retroceso en el camino para reactivar la economía. En Reino Unido ha sucedido algo similar, donde la OMS ha advertido a las autoridades contra el levantamiento de las medidas de contención demasiado pronto, lo que podría causar un repunte en los nuevos casos de Covid-19. Incluso Alemania también ha visto aumentar la tasa de reproducción del virus. En pocas palabras, es completamente factible que haya una segunda ola de infecciones.

2) Eventualmente reaparecerán las tensiones entre Estados Unidos y China. No existe elemento alguno para pensar lo contrario. Todo apunta a que, para fines políticos principalmente, es una situación que se mantendrá por tiempo indefinido.

3) Los expertos aseguran que, de aparecer, los paliativos no serán lo suficientemente efectivos para controlar al Covid-19 y que para la tan esperada vacuna aún faltan muchos meses. Considero que hay que creerle a los especialistas.

En consecuencia, la apuesta para seguir teniendo mercados optimistas sería, necesariamente, la de intervenciones adicionales de los bancos centrales. Cosa que, de manera inédita, está sucediendo!. La Reserva Federal anunció el lunes la implementación de una línea de crédito corporativo como una forma más rápida de canalizar dinero a pequeños y medianos empresarios. Otro mecanismo de la Reserva Federal diseñado para comprar deuda directamente de los emisores, la línea de crédito corporativo del mercado primario, se lanzará “en un futuro cercano” aseguraron. La realidad es que hay una presión enorme sobre las instituciones encargadas de conducir las políticas económicas de nuestros vecinos del norte (La Reserva Federal y El Departamento del Tesoro).

 Sin embargo, la realidad es que ningún banco central ni gobierno en el mundo tiene recursos infinitos. El costo de los descomunales estímulos tanto monetarios como fiscales/públicos puede ser muy nocivo en términos sociales, políticos y económicos en el futuro para las nuevas generaciones de países industrializados si estos no se gestionan adecuadamente como ya ha sucedido en otras crisis (de eso hablaré en mi siguiente columna).

Por ahora, los inversionistas de capital apuestan a que la Reserva Federal les respalda. Pero el estado de ánimo de los mercados puede cambiar repentinamente, como lo han demostrado este último par de meses extraordinarios. El corto periodo en que el mercado accionario estadounidense estuvo a la baja (aproximadamente un mes) definitivamente no fue tiempo suficiente para absorber todas las malas noticias posibles de la pandemia y la gran incertidumbre sanitaria y económica que ha creado. Este drama bursátil tiene algunos actos más por mostrar, y no serán muy divertidos.

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About the Author

Jorge Rivero Romo
Licenciado en Economía (Universidad de las Américas-Puebla) He liderado departamentos y equipos de análisis económico, research, inteligencia de mercados, data analytics, insights del consumidor etc en diversas empresas nacionales y transnacionales de diversos sectores: Financiero, Marketing, Medios y Publicidad entre otros. Fui profesor de tiempo parcial impartiendo la materia de Economía Internacional y diversos seminarios en el ITAM. Panelista y conferencista nacional e internacional.

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