“El Detente” y la “Fuerza Moral”, no protegieron a López Obrador.

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Dacid Martínez Staines
@DMStaines

Ni la “fuerza moral”, ni los “amuletos”, ni las estampitas del “Detente” lograron evitar que el presidente de México, se contagiara de Covid.

El primer caso de Covid-19 en México fue confirmado el 28 de febrero de 2020, y de entonces a la fecha el país ha registrado más de un millón 760 mil casos y rebasa ya la cifra de 150 mil fallecimientos a causa de la enfermedad de manera oficial, siendo que de acuerdo con las propias autoridades de salud en el país, “por cada caso confirmado en laboratorio se estima que la cifra real es 10 o 12 veces mayor”. 

Pero aún conociendo dicha información y que ya ha perdido seres queridos a causa de la pandemia -entre ellos su prima Ursula Mojica Obrador-, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se negó sistemáticamente a usar el Cubrebocas para evitar el contagio, como si el hecho de portarlo le supusiera una derrota política.

“El Cubrebocas no es indispensable” dijo el presidente todavía a principios de diciembre pasado. Ya antes había comentado que, “si fuese el cubrebocas una opción para la reactivación de la economía, pues me lo pongo de inmediato”.

El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, responsable de las estrategias de combate a la pandemia, en una de sus declaraciones más desafortunadas a lo largo de esta aciaga peste, aseguró durante la conferencia Mañanera del 17 de marzo que el presidente no se podría enfermar:

“La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio. En términos de una persona o de un individuo que pudiera contagiar a otros, el Presidente tiene la misma probabilidad de contagiar que tenga usted o que tenga yo. El Presidente no es una fuerza de contagio, no tiene por qué ser una persona que contagie a las masas o al revés”.

Al tiempo que el presidente confiaba: “Él me va a decir cuando no sea conveniente que me reúna con mucha gente o que ya no debería ir a esos actos [las giras], ni saludar ni dar abrazos, ni besos, ni nada, él me va a decir cuándo”.

Al final de la conferencia López Obrador anunció que seguiría todas las indicaciones excepto la del uso del Cubrebocas.

“Lo que no puedo hacer es venir con un tapabocas, porque dirían: ´Si así está el Presidente, ¿cómo va a estar la gente?´. Yo tengo que darle a la gente ánimo, seguridad”, concluyó.

Evidentemente, ni la fuerza moral, ni los amuletos, ni las estampitas del “Detente” que mostró en otra oportunidad, ni las protecciones de chamanes, lograron evitar que el presidente de México se contagiara de Covid, como lo anunció el domingo vía redes sociales.

Obviamente hay elucubraciones de cómo pudo haberse infectado pero eso es fácil advertirlo conociendo ya el contexto. Lo que sí hay que señalar es cuántas y cuáles personas del más alto nivel tanto público como privado con las que estuvo en los últimos días pueden haberse contaminado, pues no hay que olvidar que tan solo el fin de semana se reunió con secretarios de Estado, Gobernadores, candidatos, empresarios, y cumplió actividades públicas relacionadas con su encargo en Monterey y San Luis Potosí.

Así que, finalmente será el coronavirus, la infección en medio de la pandemia por Covid-19 que ha alcanzado al presidente de 67 años de edad, lo que ocasione que suspenda -al menos en cuanto a él como protagonista de las mismas se refiere-, las famosas Mañaneras, aunque como ya se vio, no nos libraremos de ellas pues en su ausencia estará a cargo la doctora y Ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación.

No fue entonces la reflexión y exhortación que hiciera la escritora Elena Poniatowska quien consideró “un exceso tantas mañaneras y un abuso del poder presidencial obligar a periodistas que vayan todas las madrugadas a hacer preguntas a modo”, lo que lo hizo alejarse de su gustado informe matutino, ni tampoco las expresiones de que ha sido objeto por amplios sectores sociales y por autoridades electorales.

Fueron los descuidos, negligencia, irresponsabilidad y otro montón de circunstancias a cargo de quien o quienes tienen a su cargo la responsabilidad de cuidar la salud y la integridad del Jefe de Estado, que ha llegado al propio mandatario la infección por Coronavirus en esta ya larga y devastadora pandemia.

Ahora sí es que le cobra factura el haber rechazado los cuidados a que debió haberse sometido como cualquier persona en este mundo infestado de pandemia pero más como el presidente de la nación que es, sin menoscabo que no hubiera sido deseable que se contagiase como primer mandatario además de las co morbilidades que le aquejan dada su edad, la hipertensión, los problemas cardíacos y quizá algunos otros padecimientos más, dado que no es necesariamente un personaje que pudiera señalarse como deportista, aunque una reportera le haya halagado en algún momento diciéndole que parecía atleta keniano.

El asunto es ¿qué sigue? De momento se establece que sus síntomas son leves y continuará atendiendo los asuntos relativos a su encargo como primer mandatario de la nación.

Pero no habría que descartar un riesgo latente de que su salud se pudiese agravar, siendo la Covid una enfermedad tan traicionera y tomando en consideración las comorbilidades que presenta el mandatario.

En este contexto, no es ocioso revisar qué dice la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos en el supuesto de que el presidente no pudiese ejercer sus funciones:

Artículo 84.- En caso de falta absoluta del Presidente de la República, en tanto el Congreso nombra al presidente interino o substituto, lo que deberá ocurrir en un término no mayor a sesenta días, el Secretario de Gobernación asumirá provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo.

Quien ocupe provisionalmente la Presidencia no podrá remover o designar a los Secretarios de Estado sin autorización previa de la Cámara de Senadores”.

La ley estipula además que si la falta del presidente ocurriese en los cuatro últimos años del período respectivo, el presidente substituto deberá concluir el período presidencial.

La Constitución no especifica quién asume las funciones del presidente en caso de que sufra alguna enfermedad, tal como ahora. Pero más allá de las cuestiones legales y constitucionales que habría que analizar, en la práctica, en lo fáctico, quizá quien debería encargarse de apoyarle y ser cabeza sería la propia Secretaria de Gobernación más también es sabido que quien ha venido fungiendo como el bombero mayor es el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER), Marcelo Ebrard, ya que tampoco es un secreto que no ha sido el hasta hace poco jefe de gabinete, Alfonso Romo quien llevare a cabo las labores de coordinación del ejercicio de las políticas públicas, ni tampoco es un secreto que no hay un eje en una cadena de mando -salvo lo relativo quizá a la cuestión de las Fuerzas Armadas que tienen su propia línea de trabajo determinada y por tradición establecida- pero el resto de las áreas no tienen un cordón, una pirámide, una transversalidad o una operación específica armónica sino que todo como sabemos pende del hilo conductor directamente del presidente.

Hay que advertir existen elucubraciones en las redes sociales y en los mentideros políticos en el sentido de que el contagio de López pudiera ser un artilugio, una cortina de humo, un invento tal como en su momento se le señaló algo parecido cuando se anunció la infección que se dicen tuvo de covid el ahora ex presidente Donald Trump, pero también hay que señalar que en efecto existe una gran profusión de comentarios en redes en respaldo al presidente.

El tema dará mucho qué hablar y habrá que mantenerse atentos dado que sin duda alguna es un asunto de seguridad nacional y no se puede soslayar.

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David Martinez Staines
Analista político, colaborador de Zona Publica en Efekto Tv noticias.

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