EL ENCIERRO EN CUATRO PAREDES

 El Callejón de las Letras Rotas

Laura Sánchez Flores

De repente abro los ojos. El silencio invade mis oídos y aguzo mis sentidos.  Me siento como en una escena de película de terror, cuando el actor despierta porque presiente que algo  malo va a suceder, pero en mi caso es  porque el sol del mediodía me da directamente en el rostro. Doy vueltas en la cama para conciliar nuevamente el sueño pero hace demasiado calor por lo que permanezco inmóvil, fijando la vista en cualquier cosa, como “mirando al infinito” dicen los poetas, pero yo digo que es porque estoy atontado por dormir a deshoras, algo que se ha vuelto normal en esta época.  

Es imposible volver a dormir, así que me levanto para dirigirme al baño arrastrando los pies al caminar, con la mente aún perdida. Llego a mi destino, vacío toda el agua de mi vejiga y me enfrento a una disyuntiva: me baño o no. Veo mi reflejo en el espejo y noto que mi cabello ha crecido bastante, parece como si tuviera un horrible enjambre sobre mi cabeza.  Neta, es horrible. Aún así decido no bañarme. Debería hacer un evento de esos que están de moda en el internet, uno de esos challenge tan populares con el tema el Hombre más Sucio de la Pandemia,  ¡estoy seguro que tendría mucho éxito! Tomo el peine y me lo paso por la cabeza intentando domar los pelos que se rebelan pero no logro mucho, y me rindo. Además, el espejo refleja una “ligera” pancita ya se asoma. Pijama de monitos, pelos  necios, barba crecida. Mi mamá no estaría  orgullosa en lo absoluto de lo que mis ojos observan, pero no importa. No voy a salir en todo el día por lo que mi apariencia me tiene sin cuidado. Después de 38 días se fue a caño la apariencia de hombre afeitado, bañado y perfumado.

Salgo del baño pero me regreso a lavarme las manos, y mientras abro la llave del agua fría, empiezo a tararear esa tonadita cuya duración es el tiempo justo para lavarse bien las manos. ¿Quién inventa cosas así? ¿Quién toma el tiempo a una tonadita y analiza si los segundos son justos para lograr un buen lavado? Por cierto, el consumo de agua se ha elevado con tanta lavadera de manos al igual que el de luz por tanto internet y tv. No salgo en lo absoluto pero nuevos gastos se están generando.

Por fin termina mi tour por el baño y me voy directo a la cocina que está impecable. Decidí reparar todo aquello que estaba en mal estado y el resultado me gustó. Me dediqué a seguir las indicaciones en  los videos de  carpintería y plomería y quedé bastante satisfecho; obviamente presumí el resultado en esas múltiples reuniones por videochat  y fue un éxito. Sin embargo, después de este episodio, los chats empiezan a cansarme porque siempre es lo mismo, cada día se ha vuelto la copia del día anterior y del anterior, y la soledad empieza a hacer estragos. Y lo más preocupante: las finanzas están en números rojos. Intento no preocuparme porque dicen que pronto pasará, y les creo. Seguro.

Casi es la una de la tarde y tengo bastante hambre.  Hoy tengo varias opciones para desayunar-comer porque ayer tuve la precaución de hacer unas compras. El desajuste de mi horario de dormir trae sus ventajas: como dos veces al día y eso ayuda a que la comida aguante más tiempo.  Después de 38 días, los hábitos alimenticios se han modificado y no tengo empacho en comer cereal con un taco de mole (cosas raras impensables se vuelven habituales). Me siento frente a la tv donde no dejan de insistir en permanecer confinados y las cifras negativas van en aumento; devoro mi platillo y me pierdo en programas que no veo… y me quedo dormido.

Despierto de mi siesta y decido hacer un poco de homeoffice. Me siento frente a mi compu pero me duele la cabeza. Me siento mal. Debo tomarme la temperatura porque creo que tengo fiebre.  Me asusto. ¡No puede ser! ¿Es real o solo es parte del miedo colectivo que se ha instalado en mí? ¡Maldita pandemia!

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9 Comments on "EL ENCIERRO EN CUATRO PAREDES"

  1. Juan Ramón Rodas | 2 agosto, 2020 at 18:11 | Responder

    Este relato me describe a la perfección.

    • Laura Sánchez Flores | 4 agosto, 2020 at 10:36 | Responder

      Y el de muchos!
      Niños y personas mayores encerrados mientras algunos salimos arriesgándonos ante algo desconocido e intangible, muchos al borde de la desesperación.

  2. Me gustan tus cuentos cortos. Saludos.

  3. Flor de María Uribe | 2 agosto, 2020 at 21:09 | Responder

    Excelente relato describe el sentir real de muchos.

  4. Excelentes relatos toda una narrativa corta pero muy entretenida

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