El fin no justifica los medios

PiedraFoto:Benjamin Flores/Proceso
#PolíticadeInclusión
Por Jaime Gutiérrez Casas

Toda aquella persona que ha construido una casa o un edificio sabe que es más barato remodelar que demoler y volver a construir. Pues a unos días de cumplir el primer año al frente de gobierno, hemos sido testigos cómo la administración del presidente López Obrador se ha dedicado a desmantelar procesos e instituciones que habían sido pilares importantes del sistema político mexicano en los últimos años, y que habían costado mucho tiempo y mucho esfuerzo cimentar, bajo el argumento simple y ramplón de que fueron creadas en el periodo neoliberal, que para él Mandatario tabasqueño fue un periodo “corrupto”, sin importarle los altos costos políticos, sociales y económicos que esto trae.

No nada más sorprende la demolición, sino la prisa y la forma como se ha hecho, donde no ha importado pasar por encima de leyes o de la propia Constitución para hacerlo; como si la idea del teólogo alemán Hermann Busenbaum, de 1645, fuera válida y que decía que “cuando el fin es bueno, los medios para alcanzarlo son lícitos”, o “el fin justifica los medios”, que tiempo después erróneamente se le atribuiría a Nicolás Maquiavelo.

Al gobierno del presidente López Obrador no le ha importado avasallar, agandallar, someter con tal de imponer sus ideas y sus creencias; tal es el caso de la elección de Rosario Piedra Ibarra, quien fue impuesta en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), después de un proceso desaseado, en el que 116 senadores participaron, por lo que se requerían, de acuerdo con la Constitución, 78 votos para que su propuesta pasara. Piedra Ibarra obtuvo 76, con esto le faltaron dos votos para alcanzar el número requerido, pero eso no fue impedimento para que Piedra Ibarra fuera ungida en el cargo. 

Por si fuera poco, además del proceso desaseado, Piedra no cumplía con los requisitos de elegibilidad que marcaba la Ley en el sentido de que para ser Presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos no debía desempeñar, ni haber desempeñado cargo de dirección nacional o estatal, en algún partido político en el año anterior a su designación; ella mintió, desde 2015 fue designada integrante del Consejo Nacional de Morena y, por lo menos, hasta el día de su designación seguía ocupando esa posición.

Ese estilo ilegal y autoritario se ha venido repitiendo durante el año de gobierno, ahí está el caso de la suspensión de la obra del aeropuerto en Texcoco, la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, el retiro de apoyos a las estancias infantiles, la desaparición de Prospera, del Seguro Popular, el debilitamiento de los organismos autónomos como el INE, entre otros; son cuestiones que preocupan, de ninguna manera “el fin debe justificar los medios”. 

Para bien o para mal se han construido instituciones democráticas, no respetar y denostar los procesos y las instituciones nos puede meter en un camino muy peligroso y nada conveniente, ha pasado ya casi un año y el Presidente ha ignorado a la oposición; “ni los ve ni los oye”, como diría el clásico.    

Durante un año, López Obrador se ha dedicado a dividir, a denostar, a polarizar a la sociedad, el día que quiera volver a la unidad va a costar mucho trabajo, como cuando un jarrón se rompe es difícil de recomponer. El proyecto de país debe ser de todos, y no de la visión parcial y limitada de una sola persona.

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