El fracaso de Boris Johnson

Johnson
Rodrigo Hernández Gallegos

El miércoles Theresa May resignó como primera ministra del Reino Unido y Boris Johnson  tomó su lugar. Johnson fue electo por menos de 100 mil ciudadanos en la elección interna del Partido Conservador. Con esta pizca de legitimidad el primer ministro tendrá que enfrentarse al Brexit, la tarea más de difícil que ha tenido RU en el periodo de postguerra. La estrategia de Johnson hasta ahora apunta a que no está preparado para el reto.

Sus primeras acciones como primer ministro fue una serie de despidos no vista en décadas. En su primer discurso optó por una retorica agresiva contra la Unión Europea y el acuerdo que negoció su predecesora, amenazando con la posibilidad de que el RU salga de la EU sin ningún acuerdo. La posición de Johnson, quien fue uno de los lideres de la campaña del Brexit , es radical y representa a menos del 35 por ciento del electorado. Aun así, Johnson optó por poner a un grupo con una visión muy cerrada de lo que significa el Brexit al mando, dejando fuera las voces de los millones de ciudadanos que votaron por no salirse de la EU y a los que votaron por salir, pero no por romper por completo con el bloque. Esta posición ha aislado las voces del sector empresarial y la sociedad civil, ya que existe un consenso sobre el impacto negativo que tendría una salida sin acuerdo para el RU, Europa y el mundo.

A su vez, la estrategia de Johnson va en contra de la evolución estructural del RU y por ende tiene una alta probabilidad de fracasar. Podemos dividir el proceso de evolución socio estructural de muchos países en dos, uno revolucionario y una orgánico. Nuestro país es un ejemplo de evolución revolucionaria, donde fue necesario que los sectores menos representados de la sociedad se levantaran en armas para establecer un nuevo régimen, así como sucedió durante la revolución y la independencia.

Por otra parte, el Reino Unido es un gran ejemplo de un proceso de evolución orgánica ya que, con el paso del tiempo, las jerarquías ceden ante las demandas de mayor participación sin necesidad de una revolución. Alrededor del siglo once, la monarquía inglesa comienza a ceder poder ante los intereses de la corte y de la aristocracia terrateniente con la Carta Magna. Posteriormente estos intereses se institucionalizan en una estructura parlamentaria con una cámara que representa a la nobleza, la Casa de los Lores, y una a electa, la Casa de los Comunes. Con el tiempo el parlamento incrementa su poder sobre la monarquía hasta convertirse en la institución principal del sistema político. Durante la revolución industrial nacen nuevos intereses que comienzan a ser representados por el Partido Liberal y lentamente la Casa de los Comunes comienza a tener mayor importancia vis a vis la Cámara de los Lores, lo que es representativo de los cambios estructurales de la época. Durante el siglo XIX y el principio del siglo XX la sociedad comienza a exigir mayor participación en la toma de decisiones y se logra el sufragio universal. Al comienzo del siglo pasado, los movimientos obreros se aglutinan detrás del recién creado Partido Laborista haciendo al parlamento más representativo.

Esta evolución es muy interesante ya que RU no cuenta con una constitución escrita sino con una serie de convenciones y otros mecanismos que regulan el poder político, lo que es el resultado de cientos de años en los que, como hemos visto, el poder establecido acepta nuevos espacios de participación. Gracias a esto, instituciones antiquísimas como la monarquía siguen ahí.

A su vez, históricamente, ante retos existenciales como la Segunda Guerra Mundial, se han creado gabinetes de unidad en los que también están representados los líderes de oposición, abriendo así el espacio de toma de decisiones para cumplir con tareas titánicas. En el contexto de comunicación actual, la sociedad británica exige nuevos modelos de participación de la misma manera en la que lo ha hecho en el pasado. Siguiendo la evolución histórica del país, la forma ideal de lidiar con el Brexit sería incluir a mayores sectores de la sociedad en la toma de decisiones. Esto podría lograrse con un segundo referéndum, un gabinete de unidad y nuevos mecanismos que le permitan a empresas, asociaciones de la sociedad civil y a la sociedad en general participar de manera más activa.   

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