“El país metido en un hoyo y el gobierno sigue cavando”

PaísFoto: Especial
#PolíticadeInclusión
Por Jaime Gutiérrez Casas

Durante su campaña por la presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador prometió que él y su movimiento serían “la esperanza de México”. Aprovecharon el hartazgo y el enojo social contra un gobierno que no supo aprovechar una oportunidad histórica de sentar las bases de un México próspero y moderno. 

Era claro que el país necesitaba un cambio, los excesos y la corrupción debían de atacarse, la desigualdad social era insostenible. La casa necesitaba que se le hicieran cambios y reparaciones, era urgente una remodelación. Sin embargo el gobierno encabezado por López Obrador decidió mejor derrumbar la casa para construir una nueva a pesar de los altos costos que esto representaba. Desmantelaron todas las piezas del avión o del rompecabezas, si se necesitaba cirugía pero él y su equipo decidieron que era mejor una amputación ante el asombro de una parte de la sociedad que sabía lo que eso iba a representar. 

Él en su necedad o terquedad que además se ufana de presumirla, decidió no hacer caso de esas voces calificadas. Aprovechando su popularidad se embarcó en una aventura sin dirección, sin un mapa y sin una brújula que lo guiará. 

A casi 11 meses de que tomó posesión esta administración, se ha dedicado a derrumbar, tirar, destruir y dar al traste con muchas cosas que tardaron años en construirse.

Ya los escombros están ahí a la vista, lo nuevo no se percibe aún, ni lo que se quiere es claro, el tiempo avanza y nadie pareciera saber que es lo que el arquitecto propone, bueno ni el propio arquitecto pareciera a ciencia cierta que busca y si lo sabe aún no presenta ni los planos ni la maqueta de la obra.

A casi 11 meses las cosas lucen muy mal, ayer domingo en un gran artículo, “Gobierno ¿Para qué?”, Luis Rubio en el periódico Reforma explica de forma breve y contundente como el país se encuentra paralizado a pesar de que en las mañaneras el presidente quiera seguir ocultándolo:

La economía se encuentra prácticamente detenida, este año no habrá crecimiento, si bien nos va el país crecerá un 0.4%. La incertidumbre empieza a pegar en la confianza y en la inversión.

Los flujos de inversión extranjera directa (IED) se desaceleraron y pasaron de un crecimiento anual de 15.2% en 2018, a un estimado de 2.5% al cierre de este año. El promedio de la inversión extranjera ha bajado en 4 mil 176 millones de dólares.La inversión privada nacional se contrajo un 3%, mientras que la inversión total cayó 4.1%.

El sector de servicios, el de mayor peso en la economía, cayó por primera vez en terreno negativo después de casi 10 años, al reportar una caída de 0.1% a tasa anual en agosto, lo que refuerza el estancamiento que tendrá la economía en todo el 2019.

México se encuentra en el peor nivel de creación de empleos desde 2014. Hasta ahora se han dejado de crear 256 mil empleos.

La industria de la construcción que es uno de los principales motores se encuentra colapsada, su caída suma ya varios meses cayendo, con datos a agosto la industria se hundió 10.2%.  

La venta de autos tiene su peor registro en 4 años, las ventas entre 2019 han caído 7.5% del año pasado a éste. La industria automotriz genera el 32.2 por ciento del valor total de las exportaciones, y en 2018 representó el 3.6% del PIB nacional, su pronunciada caída está poniendo obstáculos a la recuperación económica del país.

Por otro lado, la inseguridad en el país se encuentra en su nivel histórico más alto, delitos como la extorsión, homicidio doloso, trata de personas, feminicidios, secuestro y narcomenudeo se han disparado. Justo hace unos días el secretario de Seguridad Ciudadana Federal, Alfonso Durazo presumía que se había llegado a un punto de inflexión, casualmente fue una de las semanas más violentas donde ocurrieron hechos lamentables en Aguililla, Michoacán, Tepochica, Guerrero y en Culiacán, Sinaloa. Donde por si fuera poco el gobierno se vio sin oficio, débil, sumiso y rebasado ante el crimen organizado.  La gota que derramó el vaso fue la liberación de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, bajo el argumento de que como el operativo resultó en un desastre, lo tuvieron que soltar para evitar mayores pérdidas humanas. 

De acuerdo con el INEGI, la percepción de inseguridad ha aumentado, tres de cada cuatro mexicanos se siguen sintiendo inseguros, según la encuesta 70 % de los encuestados entre marzo y abril dijeron sentirse inseguros en su municipio, el nivel más alto desde 2013.  

Los programas sociales implementados además de populistas y clientelares se manejan en la peor opacidad, sólo en el 2020 el gobierno gastará sin reglas de operación 402 mil millones de pesos. El que estos programas de subsidios no estén obligados a contar con reglas de operación claras, transparentes, eficaces, eficientes, y de forma económica y honrada, viola lo que ordena el artículo 134 de la Constitución.

Programas como Prospera, estancias infantiles, comedores comunitarios y Seguro Popular que habían demostrado su eficiencia y eficacia fueron eliminados y sustituidos por otros que parecieran estar condenados al fracaso, los nuevos programas se manejan descaradamente con gran discrecionalidad y escasa rendición de cuentas.

La administración pública se encuentra completamente detenida ante la falta de planes y estrategias, además desmotivada por los recortes en sueldos y salarios.

La mala idea de la descentralización de las dependencias públicas que se hiciera con bombo y platillo se encuentra, esa si afortunadamente guardada en el cajón de los buenos deseos.

Las mudanzas están detenidas, ni la Secretaria de Agricultura se ha ido a Sonora; ni Comunicaciones a San Luis Potosí, ni Educación a Puebla, ni Salud a Guerrero, ni Trabajo a Guanajuato, ni Desarrollo Agrario a Quintana Roo, ni Energía a Tabasco, ni Bienestar a Oaxaca, ni Turismo a Quintana Roo y ni la Función Pública a Querétaro.

El subejercicio a poco más de dos meses de terminar el año, es de 164 mil millones de pesos, recursos que no se han gastado por ineficiencia e ineficacia.

Los tres grandes proyectos del Sexenio, el aeropuerto en Santa Lucía, el tren maya y la refinería en dos bocas Tabasco, son aspiraciones que aun antes de empezar se ve su inminente fracaso.

El presidente que soñaba convertirse en el mejor presidente de la historia está cerca de meternos en un problema como nunca en la historia, mayor aún que el que tuvimos en 1994. Luis Rubio se pregunta si será por incompetencia o perversidad, y como él señala queda claro que estamos en un hoyo pero con esa soberbia, ignorancia e indisposición a cambiar y a aprender el gobierno sigue cavando.

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