EL REGRESO DEL GRAN ELECTOR

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Desde el Monterrey de las Montañas

Guillermo García

@Billyguillermo

Desde la derrota del PRI en el año 2000, la candidatura presidencial del partido en el poder no depende exclusivamente del presidente saliente. Primero, Vicente Fox intentó prevalecer con Santiago Creel, quien fuera vencido por Felipe Calderón, y luego, este último, impulsando a Erenesto Cordero se vio derrotado por Josefina Vázquez Mota. Si bien Enrique Peña Nieto fue pieza fundamental en la elección de Antonio Meade, a cualquiera que vio el sexenio pasado le queda claro que lo más probable es que haya sido hechura de Luis Videgaray. Hoy es indiscutible que el o la que quiera ser candidato o candidata de Morena a la presidencia de México debe ser promovido y aprobado por el “Ciudadano Presidente”. 

En su libro “La herencia: arqueología de la sucesión presidencial en México”, Jorge Castañeda plantea veladamente que las sucesiones presidenciales se dan por dos vías: la de la selección y la de descarte. De manera que, si existen varios candidatos que tengan las características necesarias que el “Gran Elector” busca en su sucesor, se da la vía de la selección. Sin embargo, si el Presidente solo tiene a uno que, sin ser su preferido, es quien cumple los requisitos del momento para poder sucederlo al cargo, se da la vía del descarte. 

Carlos Salinas es quien ejemplifica mejor que ningún expresidente ambos métodos sucesorios. Plagado de un gabinete de jóvenes bastante parecidos a él, podría haber elegido entre Manuel Camacho, Pedro Aspe o Emilio Gamboa, sólo por mencionar algunos, pero por selección escogió a Colosio. Sin embargo, después del asesinato de Luis Donaldo parecía que el único que podía sucederlo y seguir su plan de gobierno era su ex secretario Ernesto Zedillo, ya que los demás miembros del gabinete estaban impedidos por no estar separados del cargo público con la antelación que marcaba la ley o por alguna otra cuestión de trascendencia del momento. Por ende, Zedillo fue candidato por descarte. 

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Andrés Manuel López Obrador goza de una infalibilidad papal dentro de Morena. Él y sólo él definirá quién será el candidato de su partido en 2024. Lo que empezó con una sucesión por vía de selección en donde Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal parecían ser los punteros, en cuestión de semanas se convirtió en una selección por descarte. Sheinbaum sufrió por partida doble. La tragedia del metro y la elección de la CDMX la descalificaron de manera definitiva. Parece inimaginable un mundo donde Morena gana la presidencia, pero pierde la capital y un candidato que no puede asegurarse de ganar su propio estado de poco sirve. Las aspiraciones presidenciales de Ebrard también cayeron con el metro. Marcelo tiene el agravante de ser identificado como el favorito del presidente a sucederlo, por lo que sus enemigos más se ensañarán en restregar e identificar la tragedia como producto de su paso por la Jefatura. El gran ganador parecería ser Ricardo Monreal, tanto el metro como el resultado electoral parecen darle la razón en cuanto a que Claudia no fue la mejor opción para gobernar la ciudad, sumándole que su hermano ganó fácilmente la gubernatura de Zacatecas. Sin embargo, los ataques no tardarán en llegar al estar a solo tres años la elección de 2024, y que a partir de hoy se convierte, junto con el muy disminuido Ebrard, en el puntero. 

Es posible que otros candidatos aparezcan al vaciarse tan pronto el campo. La política no acepta vacíos por mucho tiempo. Veamos si Tatiana Clouthier, Olga Sánchez Cordero o algún gobernador morenista se sube al ring. 

Ya se terminaron las elecciones intermedias y de aquí al final del sexenio toda la política tratará, en el fondo, de quién sustituye al inquilino de Palacio Nacional, y como antaño, la candidatura del partido más importante de México dependerá de un solo hombre. 

En un momento de la película “La Sombra del Caudillo” obra maestra del cine mexicano basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán, el Presidente interpretado por Miguel Ángel Ferriz es confrontado por uno de los aspirantes a sucederlo para que no interfiera en su sucesión en contra de su contrincante a lo que el presidente enfermo de poder y megalomanía contesta:

 —No sería yo, sino el pueblo… 

 ¿Les suena familiar?   

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