El sofisma energético en México

Sofisma
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Michel Chaín Carrillo

De manera atípica a su estilo discursivo, que es simple y utiliza términos lingüísticos muy básicos, el Presidente calificó en las tierras carboneras de Coahuila que las energías limpias son un “sofisma”, lo cual podría parecer hasta “fifí” para el estilo habitual de la cuatroté.  Sin embargo, la declaración presidencial también resulta atípica respecto al consenso a favor del cambio de las energías fósiles en favor de opciones renovables y mucho más sustentables desde el punto de vista medio ambiental en prácticamente todo el mundo.  ¿Cuáles son las razones presidenciales para esta nueva excepcionalidad mexicana?

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua el término “sofisma”, que viene del latín y el griego antiguo, hace referencia a la “razón o argumento falso con apariencia de verdad”.  La precisión no es por un exceso de purismo lingüístico ni mucho menos, sino por la atípica declaración hecha por el Presidente López Obrador, en su reciente visita a la ahora renovadamente priísta Coahuila, en el sentido de que las energías limpias son un sofisma.

Expresión atípica porque rompe con el modelo de comunicación habitual del Presidente que, en su explícito desprecio a la tecnocracia y a lo que a su parecer suene demasiado científico, mantiene una comunicación basada tanto en conceptos, como en una terminología sencilla, que parecería sacada de un libro de texto de historia publicado por la SEP de los años setenta u ochenta para 5º. o 6º. de Primaria, donde pareciera que hay un hilo conductor que hace de los “héroes nacionales” un continuo hasta amistoso entre personajes y movimientos francamente antagónicos, como es el caso de Venustiano Carranza y Lázaro Cárdenas.  Asimismo, términos como “sofisma” al igual que “maniqueo”, por buscar otro ejemplo fácilmente aplicable, son por mucho una excepción y no lo común en el lenguaje lopezobradorista más caracterizado por expresiones como “puercos, cochinos y marranos” o “frijol con gorgojo”.

Atípica también en el sentido del contexto internacional, donde hay un consenso casi unánime en favor de las fuentes de energías renovables, como la luz solar, la potencia del viento, las mareas o la energía geotérmica como las fuentes energéticas deseables para el Siglo XXI y el gradual, pero acelerado, abandono de las energías fósiles, como el carbón, la gasolina o el petróleo, que caracterizaron al Siglo XX .

Durante años, a nivel Nacional se generó el discurso de la potencia petrolera azteca aunque, en los hechos, no se observa dicha superioridad.  A raíz de la revolución tecnológica de las lutitas, los Estados Unidos se consolidaron como el principal productor de petróleo a nivel mundial generando algo así como 10 veces más hidrocarburo que lo producido por México.

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Fuente: Elaboración propia con información de la U.S. Energy Information Administration.

Curiosamente, donde sí hay un consenso es entorno al enorme potencial que ofrece México para ser uno de los principales actores en una nueva etapa económica que comienza a escribirse, donde la utilización de los combustibles fósiles como fuentes preponderantes de energía va quedando atrás, tal como lo demuestra el compromiso de la Unión Europea o la decisión de todas las armadoras automotrices de migrar, desde ya, a los motores impulsados por electricidad y explorar el potencial del hidrógeno como combustible, y donde la tecnología ya hizo posible que sea sensiblemente más barato para todo el mundo generar electricidad a partir de la energía solar o de la eólica que del carbón, los derivados del petróleo o el propio gas.

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Fuente: Comisión Reguladora de Energía, “Oportunidades de Negocio en el nuevo Mercado Eléctrico”, Junio 2018.

¿Esto significa que México tiene que renunciar de golpe al potencial productivo de la riqueza petrolera con la que cuenta el país? Desde luego que no, lo deseable es aprovechar tanto la riqueza en hidrocarburos con la que cuenta el país, así como los bajos precios del gas en los Estados Unidos, pero sin que esto signifique cerrarle la puerta a la generación de energía por medios renovables y no contaminantes ni tampoco negarnos al interés de particulares, tanto nacionales como extranjeros, deseosos de invertir en el sector energético del Siglo XXI y que, al momento, ya tienen más de 20,000,000,000.00 (veinte mil millones) de dólares en el país para la generación de energía tanto eólica como fotovoltaica.

Con lo que sí hay que tener cuidado es con el sofisma de creer que los estados de resultados de CFE o de PEMEX son equivalentes al interés Nacional (el PEF 2020 le asignó a PEMEX $520 mil millones para gasto operativo y $80 mil millones de capitalización vía aportaciones y condonaciones, además de un monto entre 8 mil y 12 mil millones de USD para la Refinería de Dos Bocas, siendo que las pérdidas acumuladas por la empresa petrolera en los primeros seis meses de 2020 son  histórica al ubicarse en más de 606 mil millones de pesos; CFE, por su lado, al primer Trimestre de 200 había acumulado pérdidas 9.5 veces superiores a las del mismo periodo de 2019 y que alcanzaron los 121 mil 799.8 millones de pesos de pérdidas).  Afortunadamente no es así.

No vaya a ser que, por andar queriendo salvar la poca rentabilidad de PEMEX y CFE en el Siglo XXI, acabemos comprometiendo, económica o medioambientalmente, el futuro de México y los mexicanos.

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