Ética, economía y medio ambiente en el Siglo XXI

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Por: Michel Chaín Carrillo

Gracias a la convocatoria hecha, de manera conjunta, por la Universidad Anáhuac Ciudad de México, el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales UNAM, UNESCO en México y el auspicio de la Secretaría de Medio Abiente del Gobierno Federal, se organizó el 1er. Seminario Nacional “Patrimonio Natural, Cultural y Derechos Humanos Bioculturales” en el que participé con un tema tan polémico como suigéneris para el evento: la vinculación entre ética, economía y medio ambiente en la actualidad.  Les comparto algunas reflexiones hechas para mi exposición.

A diferencia de la cuadratura casi militar que tuvo en términos históricos el Siglo XX, comenzando en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial y finalizara en 1990 con el colapso de la URSS y el bloque comunista, el Siglo XXI resulta más escurridizo.  Ya sea por el acelerado ritmo del cambio de paradigmas tecnológico, que llevaron a las Tercera y Cuarta revoluciones industriales, la inmediatez del Internet y las tecnologías de la información, la pandemia por el COVID-19 o el traslape, un tanto borroso, entre cambio de Siglo y cambio de etapa histórica para abandonar la “alta modernidad” o “contemporaneidad” y dar paso al “posmodernismo”, pareciera que todo cambió y que, sin embargo, no podemos señalar con claridad dónde está el cambio.

En buena medida esta dificultad puede estar asociada a que muchos de los valores inamovibles con los que terminamos el Siglo XX, parecen ser ajenos para quienes nacieron cerca o en el Siglo XXI.  Ya sea desde el ejemplo de los jóvenes que buscan ser reclutados laboralmente, pero que no están dispuestos a sacrificar sus horas de sano tiempo personal para perseguir objetivos corporativos, hasta la resistencia a la evidencia científica y lo nutrido de los movimientos que buscan equipararla con explicaciones ideologizadas, premodernas, credos metafísicos o viles supersticiones (ahí está el caso de los terraplanistas o los movimientos antivacunas), es claro que ver al mundo con los ojos del Siglo XX nos hace sentir francamente miopes.

En este contexto, y en contrasentido de una especie de resurgimiento muy epidérmico pero resurgimiento, al final del día, de la ética como una guía explícita de comportamiento y el castigo, de manera paradójica en el mercado, de aquellas empresas o marcas que se niegan a adoptar la “ética pop” del nuevo milenio, caracterizada por lo “socialmente responsable”, a la economía se le ve con desconfianza por su innegable cientificismo, así como a su frialdad, desapego y alejamiento del resto de las ciencias sociales dada su insistencia en utilizar y expresarse con modelos tomados de la física.

Quizá uno de los aspectos atribuidos a la economía que más chocantes resultan, sea su desinterés por el agotamiento del medio ambiente y los recursos naturales (no ha desarrollado un instrumental teórico específico); aún peor, frente a una nueva época que no está obsesionada con el progreso, el egoísmo que desde “La Riqueza de las Naciones” explícitamente yace en la médula misma del pensamiento económico y su voracidad por la riqueza, la hacen fría y deshumanizada.

Sin embargo, quienes lanzan estas críticas olvidan que, como adelantara Giovani Sartori en el “Homo Videns”, las generaciones más jóvenes se han vuelto excesivamente dependientes de la imagen, por lo que pierden de perspectiva que la economía no es ajena a la ética sino que desciende de ésta y de la filosofía (Adam Smith daba la cátedra de “Filosofía Moral” en la Universidad de Glasgow) y que previo a la “La Riqueza…” existió el “Tratado de los sentimientos morales”.  

Economía
Giovani Sartori

Dentro del espectro creado entre el “homo homini lupus” de Hobbes y el “buen salvaje” de Rousseau, Adam Smith reconoce la necesidad de un mínimo de egoísmo necesario para sobrevivir pero que, llevado más allá, resulta pernicioso; por el contrario, al momento de describir el funcionamiento del mercado establece la posibilidad de acceder a arreglos mutuamente beneficiosos entre oferentes y demandantes, donde la mayor parte de sus críticos se quedan con la parte de los “beneficios” sin reparar en la de “mutuamente”: en el centro de la economía yace lo que hoy en día identificamos como “empatía” o la capacidad de ponerse en el lugar del otro, para así negociar y ofrecer algo que a la contraparte le convenga y , acepte la transacción y ambos logren hacerse de eso que desean.

Thomas Hobbes

Limitándose nuevamente a la imagen no reparan en que, a diferencia de la excesiva opulencia con la que se dejan engañar, la economía es la ciencia de la escasez: si no hay limitaciones de un cierto satisfactor, no hay “costo de oportunidad” ni marginalidades sobre las cuales hacer análisis económico.

En el caso de los recursos naturales, era tal su abundancia que su consumo resultaba “no rival” y, por lo tanto, caía fuera del análisis económico.  Desafortunadamente, el consumo irracional (opuesto de la racionalidad tan criticada en la Economía) ha hecho que la tasa de sustitución que la naturaleza logra, no sea suficiente frente a las crecientes pautas de consumo y es en este punto donde la economía, lamentándose y a regañadientes por lo que han hecho, entra en acción logrando, ahora sí, establecer precios y, mediante su aumento, lograr que el consumo de los satisfactores medioambientales se reduzca.

Economía
Recursos Naturales

Sin embargo, privar a grandes grupos poblacionales haciendo prohibitivos los alimentos y artículos esenciales a los que están acostumbrados a acceder, puede ser económicamente eficiente pero absurdo, pues social y éticamente es insostenible.  Del mismo modo, subsidiar o facilitar que grandes grupos poblacionales puedan acceder a los satisfactores medioambientales que ahora están fuera de su presupuesto, tampoco es una decisión racional pues entonces sigue sin reducirse el consumo; luego entonces, la naturaleza sigue siendo incapaz de reponerlos a la misma velocidad con la que se consumen y, potencialmente, se pone en riesgo la forma de vida o subsistencia de toda la especie humana.

Dadas estas disyuntivas, el enfoque ético y filosófico es irrenunciable para tomar decisiones medioambientales acordes al deber ser; tal como lo debería ser decidir con cabal entendimiento de consecuencias, alternativas y eficacias: los temas de la Economía.  Filosofía y Economía actuando en favor del medio ambiente, son naturalmente complementarias.  En el Siglo XXI, la disyuntiva parece ser el abismo de las extinciones masivas, incluyendo al homo sapiens.

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