FILIBUSTERO DEL ENGAÑO

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Entre Visiones del Poder

Miguel Ángel Solís

Conforme transcurre el mandato de AMLO, sus mentiras se acentúan, se hacen cada día más evidentes. Esto lo han advertido y documentado analistas, comentócratas, investigadores, políticos, organizaciones no gubernamentales, así como periodistas nacionales y extranjeros. Las mentiras reiteradas del presidente tienen costos que se reflejan en las encuestas. Prueba de ello es la inclinación de la curva descendente (esta sí) en los recientes estudios demoscópicos que muestran a Morena en picada, aunque la caída del presidente no lo es tanto. Lo cierto es que los números de ambos van a la baja y parece ser la tendencia. Las diversas casas encuestadoras registran que Morena perdió entre 20 y 25 puntos porcentuales y AMLO entre 15 y 20 desde que asumió la presidencia. De acuerdo al tracking diario que realiza Consulta Mitofsky para medir la popularidad del presidente, ésta registró el pasado lunes su mínimo histórico: 53.5% lo reprueba y 41.6% lo aprueba. La mentira lastima, daña, genera desconfianza. 

A esto sumemos un sin número de decisiones erróneas que este gobierno ha tomado, principalmente en materia de seguridad, economía y empleos, así como la aparición de la crisis de salud pública ocasionada por el Covid 19, factores que reflejan los números desfavorables del presidente y su partido en las encuestas.   

La argucia de mentir puede ser un instrumento eficaz cuando se oculta de manera sigilosa y aviesa. Cuando la perversidad que conlleva el acto de mentir es tácito (se esconde), táctico e inteligente. Cuando se sabe inventar verdades con prestancia y soltura. La mentira estratégicamente bien dirigida, es escurridiza, casi imperceptible por los públicos. Sin embargo, tarde que temprano, el desgaste en pronunciarlas con permanente vehemencia, inevitablemente lleva al desgaste, a que aflore la verdad incontrovertible.

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FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Spin Taller de Comunicación Política que dirige el Dr. en Ciencia Política Luis Estrada Straffon, ha documentado hasta el corte del 15 de junio de este año, 27,104 “afirmaciones no verdaderas” dichas por el presidente, 72 en promedio por conferencia de las llamadas “mañaneras”. 

En política, el arte de mentir está asociado a un aparato de propaganda que sin éste, la mentira no sería útil para quien las dice consistentemente como parte de su estrategia. Es así, que las conferencias diarias matutinas, son el instrumento que AMLO emplea para que sea su caja de resonancia, para que sus mentiras se multipliquen, para que lleguen a más y más personas, las vean, escuchen o no. Ya habrá quien las difunda voz a voz o mediante las “benditas” redes sociales.

Las mentiras del presidente, marcan la agenda pública y es a partir de ahí que se maximizan, que adquieren rango de una aparente verdad. Goebbels, el publicista de Hiltler afirmó que decir una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Sin embargo, el bumerang del embusterismo presidencial empieza a tomar el rumbo de la evidencia. Comienzan a surgir las verdades que las contradicen de manera ejemplar. 

Las llamadas mañaneras surgen – ha reiterado el presidente – como un mecanismo de comunicación con el pueblo que ningún otro presidente había puesto en marcha en México y en ningún otro país. Nacen – ha enfatizado AMLO – para no ocultarle nada a la gente, y en estricto sentido, así es. Sin embargo, este “mecanismo comunicológico” tiene en sí mismo la dicotomía de erigirse como la antítesis de la verdad (unos le llama post verdad) lo que resulta perversamente contradictorio.

La mentira complica el funcionamiento institucional. López miente la inmensa mayoría de las veces por voluntad propia, no por pregunta o investigación periodística comprometedora, que cuando la hay, surge y resurge el odio, el rencor, el chistorete barato, el señalamiento embustero y el arrebato displicente que catapulta el engaño. 

El presidente pronuncia sus mentiras con ánimo destructivo que lo lleva a usar la mañanera como desahogo y va más allá: en aras de poner por encima de todo la “moral del Estado” (decir su verdad inventada que es mentira), es capaz de no sentir nada por mentir. Por el contario, le produce placer. Es una droga que es auto suministrada todos los días en punto de las 7 de la mañana, aunque ésta resulte tóxica  para el gobierno y su credibilidad. Son las verdades adulteradas del presidente. 

Todos los Estados y gobiernos tienen secretos, mienten o inventan verdades. El actual pone en práctica las tres de manera compulsivamente grosera. No importa ya la estabilidad ni la verosimilitud. Lo importante es mentir a como dé lugar para evitar que disminuya su popularidad. Él está en campaña permanente y si mentir ayuda, lo hará como lo hace de manera compulsiva.

En AMLO, no mentir es más un lema que una norma. Es más una realidad en su universo lleno de perversidad que un mero cuento abstracto. Muestras concretas hay muchas. Veamos algunas que hoy se desnudan con la verdad que produce inexorablemente la realidad que los mexicanos enfrentamos a diario, no esa que habita en su mundo, lleno de fantasmas del pasado que lo persiguen y lo hacen presa de sus falaces señalamientos, esos que al ser mentira, son lo contario a la verdad.

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“El fui yo” de Culiacán no es un gesto de honestidad. Es una claudicación lamentable y una tardía confesión que hace de la mentira un monumento a la desfachatez. Esto es muy delicado, pero el presidente apuesta a que esto se olvidará. Muy grave tratándose de un tema que preocupa y ocupa a los mexicanos de a pie: la inseguridad.

El chistorete que le festejaron en la plaza pública cuando al referirse a una película dijo que en los hospitales arreglaban todo para que el presidente viera camas y equipos nuevos y cuando se iba, todo seguía descuidado, en el olvido, es otro monumento a la mentira. La semana pasada él mismo fue a inaugurar un hospital en Morelos. La vida paga al embustero: sucedió lo mismo que criticaba con airada chirigota, cuando informó con ínfulas de honestidad inmaculada que en su gobierno no ocurría eso. No solo ocurrió, sino que instruyó hacer un burdo montaje para que el cuarto del nosocomio con un enfermo (militar de utilería) se viera reluciente. Jugar así con la salud pública como sucede con el tratamiento irresponsable que ha dado a la pandemia, mediante el funesto teatro montado en presentaciones inconsistentes, gráficas, números contradictorios y cifras ocultas, son un enorme despropósito y una mayúscula irresponsabilidad que diariamente es rubricada con la mentira.

Mintió desde su campaña. Ha mentido por años. Dijo que “le hicieron fraude”, pero nunca lo probó. Denostó a sus adversarios hasta el cansancio y ni un ápice de pruebas en contrario, ninguna denuncia cierta, a pesar de las cajas llenas de hojas que presentó, pero vacías de contenido que no explicaban nada. Eso sí: argumentos leguleyos para sofocar al INE (entonces IFE) que ahora y a pesar de su triunfo, quiere desprestigiar alegando veladamente un posible fraude anticipado y lo hace como presidente. Se le olvida que no es un ciudadano cualquiera. Es el Jefe del Estado. Gravísimo presagio producto de sus mentiras.

Poner jueces a modo en la suprema corte cuando afirmó que éste era un mal de los gobiernos neoliberales, es otra enorme mentira. Ahí está Yazmin Esquivel, hoy flamante magistrada, esposa de su constructor favorito, José Ma. Riobóo. Defender el feminicidio es otra mentira. Fustigó y desacreditó las marchas. 

Regresar a las calles al ejército es una mentira monumental. Criticó a Felipe Calderón por militarizar a las policías, afirmando que su gobierno era sinónimo de Estado fallido. Ahora AMLO tiene al ejército en las calles. 

Decirse liberal es una mentira majestuosa, cuando se ha manifestado en contra del aborto y los matrimonios del mismo sexo. 

Decir que es un demócrata que respeta la autonomía de poderes, es una más de sus gigantescas mentiras. Darles línea a los legisladores de su partido para aprobar leyes por decreto y desaparecer organismos autónomos es más de un autócrata que de un reformador. El ejemplo más reciente es querer desaparecer el Conapred – que según él – desconocía su existencia, otra mentira, pues fue él quien firmó el nombramiento de su extitular. Además sabía muy bien sus orígenes, pues cuando fue Jefe de Gobierno en la CDMX, recibió a Gilberto Rincón Gallardo para delinear las acciones relativas a su creación. La argucia del olvido es intencionalmente una mentira. 

Su “honestidad valiente” se suma también al rosario de mentiras. Solapar la corrupción de sus colaboradores lo convierte tácitamente en cómplice de la impunidad. Ahí están la absolución a Manuel Bartlett, a su hijo y seguramente a la Secretaria de la Función Pública, quien se supone combate la corrupción, Irma Eréndira Sandoval, cuyo patrimonio rebasa en 5 veces lo que manifestó en su Declaración Patrimonial.

Función Pública

Auto denominarse defensor del medio ambiente es otra mentira. Optar por las energías contaminantes para cerrarle el paso a las energías limpias y talar 11 mil árboles en la primera fase del tren maya se acerca más a un ecocida que a un ambientalista. 

Decir que se aplanó la curva de contagios por el Covid 19 es una mentira que retumba en el mundo entero. Estamos en la cúspide de la pandemia ocupando el tercer lugar de muertes en el mundo en un día. Y así podemos seguir y no acabaríamos de plasmar las cerca de 30 mil mentiras que ha proferido en año y medio de su mandato.

Pero eso no es todo: el presidente contagia de sus mentiras al gabinete y a sus fieles, quienes gustosos aceptan mentir como producto del exceso de la victoria. Pareciera que replicar sus mentiras es al mismo tiempo tener el honor de brindarle un trofeo a su líder, a su Dios verdadero, quienes hace creer a sus aduladores – con mentiras, por supuesto – que al derrotar a ese pasado ominoso los hace invencibles, digan y piensen lo que sea, aunque no sea verdad.

Esto lleva a la ignorancia, a la arrogancia, que en manos de “sicarios de las redes”, como los llamó Denise Dresser, ciega y es peligroso, como peligroso es tener un presidente cuya mayor virtud es la prédica del embusterismo rampante.  

No contento con insistir engañando mediante su obcecada compulsión por mentir, el sábado pasado el presidente afirmó que “ya no hay cabida para simuladores”. De ese tamaño es su desprecio por la verdad.

Mientras, sus acólitos y fanáticos seguidores mendigan las mentiras de AMLO para recogerlas y gritarlas, como tributo al filibustero del engaño, al corsario vestido de presidente con espada de mitómano.

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Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

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