La autocomplacencia del ‘Me canso ganso’

autocomplacencia
#PolíticadeInclusión
Por Jaime Gutiérrez Casas

La autocomplacencia por definición es: “el sentimiento de satisfacción por la propia manera de ser o de actuar”. La autocomplacencia “aturde, adormece los sentidos y nubla la mente”. Es la ausencia de autorreflexión, de un espíritu crítico, de un autoanálisis y puede llevar a la autodestrucción; esta autocomplacencia es un síntoma inequívoco de debilidad, una especie “de autoconsuelo y autoengaño para los mediocres”.

En la política, en las empresas y en la vida personal, la autocomplacencia puede convertirse en un gran peligro por las graves consecuencias que provoca. A lo largo de la historia, hemos visto que cuando se juntan la autocomplacencia y la soberbia se han generado grandes tragedias. Ahí está a el caso del Titanic, el barco que se había calificado como insumergible y que por descuidar pequeños detalles, llevó a su hundimiento y a que sólo sobrevivieran 711 de las 2208 personas que iban a bordo.

Un caso más reciente fue el del fatal accidente que tuvo el crucero italiano Costa Concordia que chocó en enero de 2012 contra unas rocas frente a la isla italiana de Giglio y se hundió, dejando un saldo de 32 víctimas mortales. El accidente que se calcula costó unos mil 500 millones de euros, unos 33 mil millones de pesos, dejó a la empresa de cruceros prácticamente en la ruina. El capitán de la embarcación, Francesco Schettino, y el primer oficial, Ciro Ambrosio, fueron arrestados bajo sospecha de homicidio involuntario después de navegar mucho más cerca de la orilla de lo permitido. El capitán Schettino declaró: “Estaba navegando por la orilla porque conocía bien las profundidades, había hecho esta maniobra varias veces”. Una vez más la autocomplacencia, la soberbia y la responsabilidad generaron el hundimiento del barco.

A mediados de la década de los 60, los Beatles se encontraban en la cima del mundo, en la cúspide de sus carreras, sus discos se vendían por millones y sus presentaciones eran un éxito rotundo; sin embargo, John Lennon un día declaró: “Somos más populares que Jesucristo”. Poco tiempo después la banda se separó.

Podríamos seguir hablando de muchos ejemplos más, pero creo que la idea de las consecuencias negativas que produce la autocomplacencia queda más que clara y demostrada; a donde voy es precisamente a hablar de la autocomplacencia que percibo en el presidente Andrés Manuel López Obrador y en su gabinete y, por lo tanto, de las consecuencias devastadoras que se pudieran generar en la economía del país y, por lo mismo, en la población.

Este gobierno ha demostrado ser muy sensible a la crítica, a no aceptar información y datos que se presentan por la rigidez de sus creencias e ideas preconcebidas. Frases como: “Yo tengo otros datos” o el “me cansó ganso” que el Presidente utiliza en su lenguaje diario, son muestra de esta peligrosa autocomplacencia. Me recuerdan al: “Ni los veo ni los oigo” del presidente Salinas de Gortari y a las lamentables consecuencias posteriores que trajeron para el país en 1994. La muerte de Luis Donaldo Colosio, la aparición del EZLN, la muerte del cardenal Posadas Ocampo, la de José Francisco Ruiz Massieu y la crisis económica que tanto le costaron al país.

Desde principios del año los especialistas advirtieron que en 2019 la economía mexicana no crecería a más del 2 por ciento, el presidente López Obrador insistía en que México crecería al 4 por ciento; esta semana, analistas volvieron a bajar las expectativas de crecimiento por debajo del 1 por ciento y el Primer Mandatario insiste que creceremos por arriba del 2 por ciento.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) acaba de informar que durante mayo de este año se crearon tres mil 983 empleos, cifra que representa una caída de 88.27 por ciento frente al mismo mes de 2018, cuando se crearon 33 mil 966 puestos de trabajo; inmediatamente el mandatario tabasqueño salió a rechazar y a justificar lo presentado, diciendo que no se había tomado en cuenta a los 481 mil inscritos en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, ni a las 200 mil personas del programa Sembrando Vida. Nuevamente la autocomplacencia, ya que estos beneficiarios son becarios, no trabajadores formales, no es un salario, es un apoyo; los becarios no pagan impuestos, ni generan productividad, ni si quiera se puede decir que son empleados de gobierno.

Irresponsable sería un piloto que vuela un avión y que no hace caso de aquella señal que se enciende, del ruido que suena, de la pieza o del tornillo que no encaja o que se zafa, Si el mal funcionamiento se percibe en el aire, es su deber aterrizar en el primer aeropuerto que le venga a la mano. Es momento de que el presidente López Obrador revise el avión, y no me refiero al que está en los Ángeles, California, para su venta. Es momento de rectificar el rumbo, si no las consecuencias por su autocomplacencia pueden ser fatales. El senador Gustavo Madero, en su más reciente intervención desde la tribuna de la Cámara alta, hizo una fuerte llamada de atención donde le avisa al Presidente y a todos los “pasajeros” que enfrente hay un iceberg y que estamos en ruta de colisión. Así lo señaló: “Qué momento tan delicado entender el ´desmadre´ que están haciendo en está ‘Cuarta Transformación’ con todas las instituciones que tenemos, no saben componer, saben destruir”, e hizo un listado de todos los programas y acciones que este gobierno ha desaparecido en estos más de seis meses, como el Fondo Minero, el Consejo de Promoción Turística, ProMéxico, el programa de los Pueblos Mágicos, las Estancias Infantiles, Prospera, el INADEM y el aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Texcoco.

Es momento que el presidente López Obrador vea y oiga a los expertos, que empiece a contrastar todos los datos, de dejar el “me canso ganso”; el exceso de confianza en estos momentos puede ser su peor aliado. Bill Gates decía que el éxito era un pésimo maestro, ya que seducía a la gente inteligente para qué pensarán que no podía perder. Andrés Manuel López Obrador con su estilo siempre hasta ahora ha ganado, a final de cuentas siempre se ha salido con la suya, pero que no se le olvide que ahora puede perder, y perder en estos momentos llevaría al país a una situación grave y delicada. Sería llevar al Titanic en ruta de colisión y la historia nos ha enseñado qué pasa cuando eso sucede. Aun hay tiempo de rectificar y de corregir el rumbo y las decisiones. Si no se hace esto como en la película del famoso trasatlántico, vayan avisándole de una vez a los músicos, no vaya a ser la de malas que ni siquiera estén listos para tocar si el barco se hunde.

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