La estrategia estadounidense para lidiar con Irán propicia inestabilidad en el Medio Oriente y el mundo

IránHasán Rohaní // Donald Trump
Rodrigo Hernández Gallegos

En 2015 Alemania, China, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia negociaron un acuerdo con Irán para frenar el desarrollo de su programa nuclear. En mayo del año pasado Donald Trump sacó a Estados Unidos del acuerdo, generando una crisis en Irán que podría desestabilizar aún más la región. 

El acuerdo nuclear era una victoria diplomática para todos los involucrados y el mundo en general. Al levantarse algunas sanciones económicas, Irán podría comenzar a vender petróleo en mercados internacionales y recibir inversión extranjera. El presidente Rohaní líder del ala más moderada y reformista, se fortalecería, restándole influencia al grupo conservador y reaccionario que ha estado en el poder en Irán desde la revolución. En conjunto estos dos factores habrían hecho de Irán una potencia regional más estable en términos políticos y económicos. A su vez, la naturaleza internacional de las negociaciones podría sentar las bases para que Irán utilizara su influencia regional de manera más constructiva. Otro logro del acuerdo era que frenaba el programa nuclear iraní y le daba derecho de inspección a la comunidad internacional para asegurarse que el acuerdo se estuviese cumpliendo. Este punto es crucial, ya que si Irán seguía con sus ambiciones nucleares, incrementaba el riesgo de una carrera armamentista nuclear en la región. 

Trump ha sido vocifero en su reprobación del acuerdo desde la campaña, haciendo eco de los argumentos del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, uno de sus pocos aliados personales en el mundo. Poco después de llegar al poder, Trump anuncio que Estados Unidos se retiraría del acuerdo con Irán ya que era “el peor acuerdo de la historia”. Como era de esperarse los otros siete signatarios reprobaron la decisión de Trump ya que, de acuerdo con las inspecciones de la ONU, Irán cumplía con los términos del acuerdo. 

Aliados regionales de Trump como Netanyahu y el príncipe heredero saudí, Mohammad Bin Salman, se regocijaron con la salida de Estados Unidos del acuerdo. Arabia Saudita, Irán e Israel se encuentran involucrados en conflictos armados en Yemen y Siria lo que aumenta su enemistad. A su vez, Bin Salman considera que un Irán resurgente representa una amenaza en su búsqueda de hegemonía regional. Irán por su parte ha amenazado con borrar a Israel del mapa, lo que hace entendibles las preocupaciones de la sociedad israelí respecto a Irán.  

Dentro del gobierno de Trump uno de los proponentes más influyentes a favor de una línea dura con Irán es John Bolton, quien ahora es su principal asesor de seguridad nacional. En diversas ocasiones Bolton ha mencionado que EE. UU. debe de propiciar un cambio de régimen en Irán a toda costa y no descarta una intervención militar. Por tanto, se puede argumentar que una de las motivaciones detrás de cancelar el acuerdo es la desestabilización de Irán para de alguna forma propiciar un cambio de régimen. Esta manera de pensar demuestra un aprendizaje nulo de las consecuencias catastróficas que han tenido las intervenciones de Estados Unidos al buscar un cambio de régimen en otros países como Irak. Al salir del gobierno de Trump reimpuso una serie de sanciones económicas que acrecentaron la crisis económica en Irán. 

Alemania, Francia y Reino Unido han intentado usar diversos mecanismos financieros para que empresas europeas puedan comprar petróleo iraní e invertir en el país para mitigar la crisis económica. Sin embargo, sus esfuerzos han sido en vano ya que ninguna compañía está dispuesta a invertir en Irán por miedo a tener repercusiones por parte de la administración Trump. 

Tras esta decisión la presión interna hacia el presidente Rohaní es creciente y el poder del ala más radical en Irán ha incrementado considerablemente lo cual es peligroso por diversas razones. La fracción fundamentalista es la más autoritaria y busca jerarquizar más la toma de decisiones en Irán. A su vez, este segmento de la política iraní considera a EE. UU. una amenaza existencial y ha estado opuesta a negociar con las potencias occidentales. Desde su perspectiva la invasión de Irak demuestra que la única forma de defender la integridad territorial de su país es desarrollando armas nucleares. La presión política de este grupo podría hacer que Irán reinstaure su programa nuclear en el mediano plazo, incrementando las posibilidades de un conflicto regional. En este contexto, Rohaní anuncio esta semana que, si los otros firmantes del acuerdo no cumplían con su parte del trato, Irán estaba en su derecho de dejar de cumplir ciertas partes del mismo. 

Si bien, algunas de las preocupaciones de EE. UU. son válidas e Irán ha jugado un papel importante en mantener en el poder a genocidas como Bashar Al Assad, en este caso Rohaní tienen razón. Los términos del acuerdo inicial han sido quebrantados y el resto de los firmantes no han podido garantizar el cumplimiento del acuerdo, empeorando una ya grave crisis económica. El gobierno de Trump reaccionó al anunció de Rohaní, amenazando con más sanciones económicas y mandando un portaaviones al Medio Oriente, lo cual es preocupante. Bajo una creciente presión interna y externa Irán podría optar por participar en un conflicto asimétrico en Irak o Siria donde también hay tropas estadounidenses. 

Está en el interés de EE. UU. que el ala más reformista siga en el poder en Irán ya que es su mejor opción para que la sociedad iraní pueda participar más activamente en la toma de decisiones, disminuyendo así el riesgo de conflicto. A su vez, es insostenible reprimir la influencia iraní en la región dado el tamaño y la importancia de este país. Por tanto, EE. UU. debería buscar sentar las bases para la construcción de acuerdos multilaterales que incentiven a Irán y a otras potencias regionales, como Arabia Saudita, a participar de forma más constructiva y autónoma en la resolución de conflictos regionales. El cumplir este objetivo podría tomar décadas, pero el acuerdo nuclear iba en la dirección correcta. Trump aún no está consiente que hay un límite a lo que EE. UU. pude lograr unilateralmente en un mundo multipolar, esperemos que se de cuenta antes de que sea demasiado tarde. 
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