LA GUADLUPANA: PATRONA DE MEXICO Y DE LAS AMERICAS.

Guadalupe

Sobre la Marcha…

Rafael Martínez de la Borbolla
@rafaborbolla

“Así­ como se hizo presente al pequeño Juanito, de esa misma manera se sigue haciendo presente a todos nosotros; especialmente a aquellos que como él sienten que no valí­an nada”

 Papa Francisco

El 12 de diciembre es una fecha importante para México pues se celebra el día de la Virgen de Guadalupe, Patrona de México y Emperatriz de las Américas. 

Sobre un muro, en grandes caracteres, se pueden leer las mismas palabras que la Guadalupana le dirigió a Juan Diego: “No temas. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿Necesitas algo más?”

A primera hora del inicio de la Guerra de Independencia, el cura Miguel Hidalgo enarboló como estandarte un lienzo con la imagen de la Virgen de Guadalupe que tomó de la sacristía del santuario de Atotonilco, Guanajuato, y esta idea del caudillo provocó gran entusiasmo entre sus seguidores, ya que con la imagen se identificaba el pueblo indígena que llevará el peso de la lucha, la Guadalupana; morena como sus hijos, representa al mestizaje, le dio rostro a México. La guadalupana en las manos de un sacerdote, convertiría la causa en santa, forjándose de este modo la pasión y veneración de un pueblo por la Virgencita Morena. Vicente Guerrero, peregrinó para depositar personalmente a los pies de la Patrona de México las banderas y trofeos ganados en batalla. Maximiliano de Habsburgo aprovechó la proclamada laicidad de sus contrincantes para declararse guadalupano y, por ende, mexicano y fue usada por el Ejército Zapatista durante la Revolución Mexicana.  

¿Porque el nombre de Guadalupe? una de las teorías que más se acercan al origen es que el nombre es resultado de la traducción del náhuatl al español de las palabras usadas por la Virgen durante su aparición a Juan Bernardino, tío enfermo de Juan Diego. Lo anterior señala que la Virgen María habría empleado el término náhuatl “coatlaxopeuh” que se pronuncia como “quatlasupe” y finalmente suena como Guadalupe en el español. 

El culto a la Virgen de Guadalupe se remonta a los primeros años después de la Conquista (ca.1525), cuando frailes franciscanos edificaron una ermita en el cerro del Tepeyac, al norte de la Ciudad de México. En este cerro antiguamente había un santuario prehispánico, en el que se veneraba, entre otras deidades, a la diosa Tonantzin Cihuacóatl. Dicha ermita fue dedicada a la virgen María como madre de Dios, sin aludir a una advocación específica. Según Bernardino de Sahagún, se trató de un culto de sustitución, es decir, la intención de los frailes fue que los indios sustituyeran la devoción que tenían a Tonantzin por la de la virgen María, con su conversión en Virgen se consigue la integración de la población indígena al catolicismo y, con ello el nacimiento de un pueblo que en el futuro será una Nación, y ella la representación más basta, amorosa y digna de sus habitantes. No puedo considerar nada más milagroso que las dos culturas que hoy conforman México hayan mezclado sus devociones convirtiéndola en fuente de animo y esperanza para los momentos difíciles y de agradecimiento para las bondades, integrando a todos en un solo pueblo. 

El 12 de diciembre de 1531, según los relatos tradicionales, la Virgen María se apareció al indio Juan Diego en el cerro del Tepeyac y le mandó que le dijese al obispo de México, fray Juan de Zumárraga, que le erigiera un templo. El obispo le pidió a Juan Diego que le llevara una prueba. La Virgen, en una segunda aparición, le ordenó que cortara flores del lugar y las llevara el prelado, ambos se admiraron de que, al abrir la capa en las que la llevaba envueltas, milagrosamente apareciese una imagen que desde entonces se venera con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

A mediados del siglo XVI, es decir unos 30 años después, la sagrada imagen contaba con numerosos devotos, que le atribuían poderes milagrosos, sin que, en ese momento creyeran que la imagen misma era producto de un milagro.

Por esos tiempos, el recién nombrado arzobispo de México, Alonso de Montúfar, llegó a la Nueva España dándose cuenta del potencial devocional y económico que tenía el santuario del Tepeyac, con la imagen de la Virgen, que ya entonces era considerada milagrosa. Observó que la ermita tenía muchos adeptos, tanto españoles como indígenas y sacó provecho tanto personal como institucional de este culto.

Con el fin de dar mayor identidad a la imagen de la Virgen, que sólo representaba a la madre de Dios, en abstracto, de manera inteligente, la bautizó con el sobrenombre que ya le habían otorgado sus devotos originarios de estas tierras: Guadalupe y que coincidencia o destino resultaba similar de la Virgen extremeña de Las Villuercas. De esta manera, la devoción de la Virgen de Guadalupe española se trasplantó a la Nueva España.

Figura materna por excelencia, sanadora misteriosa, caricia en el sufrimiento, ánimo en la derrota, faro que ilumina, la Guadalupana inspira devoción inmediata para acompañarnos en las buenas y en las malas, Nuestra Señora de Guadalupe siempre ha estado con nosotros: en la guerra y en la paz, en alegrías y tristezas, en los terremotos, inundaciones, enfermedades y epidemias, en nacimientos y bodas, en la vida y en la muerte. La invocamos y buscamos en tiempos de desesperación y destrucción; en tiempos de serenidad y reconstrucción, ayer y hoy, como también lo haremos mañana.

Sé que muchos no creen en Ella. Pero no veo cómo nadie puede considerarse un mexicano auténtico sin confiar en la Señora del Cielo, Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de México y de toda América. Hoy desde la sana distancia te agradecemos, te veneramos y te celebramos. ¡Cúbrenos y Protégenos con tu manto! ¡Viva la Virgen Morena! ¡Viva la Guadalupana!

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