La guerra comercial continúa

Dólar

Rodrigo Hernández Gallegos

Esta semana, las tensiones entre las dos economías más grandes del mundo subieron de tono. Todo comenzó cuando Donald Trump amenazó con imponer mayores aranceles a una gama de importaciones chinas con valor de 300 mil millones de dólares. Ante esto, el renmimbi, la moneda china, rompió la barrera de 7¥ por dólar.

El gobierno chino tiene un alto control sobre la tasa de conversión de su moneda, por lo que esta fluctuación no pudo darse sin la autorización de Beijing; ante esto, la Casa Blanca denominó a China como un manipulador de divisas. Aunque la barrera de 7 ¥ por dólar era psicológica, su ruptura generó una serie de efectos negativos en los mercados asiáticos y europeos.

El gobierno de Trump considera que diversos países han mantenido su moneda débil ante el dólar para ganar una ventaja competitiva; sin embargo, la fortaleza del dólar depende de otros factores, como su papel como moneda de reserva, la guerra comercial, tasas de interés y el crecimiento de la económica estadounidense. Así, Trump no perdió el tiempo para acusar a China de devaluar su moneda y adquirir una ventaja competitiva en materia de exportaciones.

Esta nueva etapa de la guerra comercial, indica que el conflicto podría escalar o prolongarse, lo que tomó a los mercados por sorpresa. A pesar de que el objetivo inicial de la guerra comercial era disminuir el déficit comercial de Estados Unidos con China, ahora se ha transformado en una lucha que ambos países consideran existencial. Por un lado EE.UU. busca mantener su liderazgo tecnológico a toda costa y está dispuesto a ejercer el nivel de presión necesario para frenar el asenso chino en esta materia. Por otra parte, China entiende este conflicto como uno, en el cual, un poder occidental busca negarle su derecho a convertirse en una potencia tecnológica.

Dado que ambos países consideran que el resultado del conflicto definirá a sus naciones en el futuro, el riesgo de que el conflicto se prolongue es alto, al igual que la posibilidad de que escale. En este contexto hay algunos escenarios donde las tensiones China-EE.UU. podrían complicar la situación.

Hong Kong

Durante los últimos meses se han organizado una serie de protestas a una escala no vista desde 1989 en China. Los manifestantes están en contra de una ley con la cual, acusados en Hong Kong, podrían ser extraditados a la China continental. Aunque esta ley ya fue suspendida indefinidamente, las protestas han ampliado sus demandas y han sido constantes. De esta forma, el gobierno chino está considerando una intervención militar, lo cual sería contraproducente. En caso de que esto suceda, EE.UU. tendría que actuar en un contexto ya complicado.

Robustecimiento de la cooperación militar entre China y Rusia

El mes pasado Rusia y China llevaron a cabo su primer ejercicio militar conjunto en el Pacifico, desatando una respuesta por parte de Corea del Sur. Ante una China más asertiva, Estados Unidos buscará mantener su supremacía militar en Asia Pacifico. Se rumora que hay planes en la Casa Blanca de estacionar misiles cerca de la frontera con China como herramienta de disuasión, lo que podría complicar el conflicto entre ambos países aún más.

Tomando en cuenta que un conflicto armado entre ambos países es improbable, cada vez hay más escenarios donde un error de cálculo podría ser catastrófico.

La administración Trump tiene varios flancos abiertos en política exterior, como su política hacia Irán y Corea del Norte, donde la cooperación China es indispensable. Sin embargo, su estrategia en la guerra comercial hace cada vez más difícil la cooperación entre ambas potencias, lo que tendrá consecuencias negativas para todos.

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