La Ofrenda

Altar
Altar

El Callejón de las Letras Rotas

Laura Sánchez Flores

Dicen que las almas regresan del más allá cada año y nosotros elaboramos los altares a nuestros difuntos para recibirles. Valentina estaba segura de esto, y por eso se dedicaba con esmero al altar aunque tenía la sensación de que este año era diferente, porque veía fotografías de rostros que había olvidado y que no sabía exactamente cuál era la relación de parentesco con ellos, sin embargo, ahí estaba, intentando hacerles llegar el mensaje de que se les quería. Y aunque sabía exactamente que era día de Muertos, no recordaba mucho de lo que había hecho esa mañana ni días anteriores.

Al parecer había salido temprano al mercado para buscar  todo lo necesario para el altar: mandarinas, cacahuates, atole de puscua, pan de muerto, tamales y hasta un poco de agua miel. Regresaba a paso rápido y vio venir un carro tirado por mulas, pero no recordaba más.

Apurada, continuaba con el arreglo de su altar. 

altar

-¿Dónde dejé las veladoras?- se preguntaba una y otra vez. –Recuerdo bien clarito que don Lupe me las dio-.

En eso estaba cuando escuchó una voz que le susurraba:

-Detente… deja de hacer eso. Ya no te correspondeeeee….

Asustada, giró sobre sí misma para buscar de dónde salía esa macabra voz. 

-¿Quién anda ahí? ¡Respondan o buscaré al gendarme!

Por respuesta, solo vio acercarse a un xoloitzcuintle,

-Perrito, ¿qué haces aquí? ¿Quién te dejó entrar? Otra vez dejaron abierta la puerta.

-Él no necesita permiso de persona alguna. Va y viene ayudando siempre-. Escuchó nuevamente a la voz, pero en esta ocasión, no tuvo miedo de ella. –Está aquí para ayudarte. Durante todo este tiempo no has querido escuchar; te encuentras atrapada, como dormida, tal vez por el porrazo que te diste, así que necesitas ayuda y por eso está aquí el Xolo. Nunca había visto a alguien tan testarudo como tú. Llevo años diciéndote que es hora y no escuchas por estar empeñada en terminar tu altar. 

Altar

-¿De qué hablas?- preguntó Valentina.

-Mira- dijo la voz, mientras aparecían imágenes de ella, yendo al mercado. Pudo observar la carreta que recordaba aproximarse, pero, por estarla viendo, no se percató que del otro lado se aproximaba un tipo montando velozmente un caballo. Al parecer era un bandolero perseguido por la justicia. Cuando Valentina se percató, ya era demasiado tarde. El bandolero la arrastró en su carrera y su cabeza se lesionó al caer. Pudo observar las veladoras destrozadas y el resto de su mandado por doquier. También se vio a sí misma como dormida, con un bonito vestido y con su cabeza cubierta de una mantilla dentro de una caja de madera. A su alrededor, todo mundo lloraba.  Todo pasó tan rápido que la joven no se dio cuenta de su muerte. 

-Entonces, ¿estoy muerta?- Cuestionó mientras lloraba tristemente.

-Así es pequeña niña.

-¿Y mi gente?-. Al decir esto, una pequeña lágrima tímidamente asomó.  

-Muchos ya partieron. Has estado así como por casi setenta años. 

-Pero, ¿por qué sigo aquí? ¿Acaso alguien me recuerda?

-Siempre hay gente que recuerda, aunque sea entre la inconciencia de las enfermedades y el dolor. 

Entonces la muerte le mostró otra imagen del presente. Un hombre yacía muy enfermo en una cama y cerca de él, una fotografía y una veladora a modo de ofrenda. La chica de la fotografía era ella.

-Nunca dejó de amarte. Ese día te esperaba para ayudarte con el altar, casi se vuelve loco al saber lo sucedido. Todos estos años ha esperado el día para volver a verte. Vamos pequeña. Es hora de irnos y de que te reencuentres con ese amor que te ha esperado tanto tiempo. 

Valentina por fin dejó su altar y al mismo tiempo, en una habitación cercana, un hombre cerraba los ojos para siempre. Al verse, ambos se abrazaron e iniciaron juntos el camino hacia el más allá, guiados por el buen Xolo.  

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3 Comments on "La Ofrenda"

  1. Buena lectura, como todo lo que publicas Lala.

  2. Juan Ramón Rodas | 25 octubre, 2020 at 19:16 | Responder

    No se como clasificar la historia: alegre, triste o real.
    Gracias por tus letras, mi poetiza… poetisa, Como sea!

  3. Flor de María Uribe | 27 octubre, 2020 at 07:35 | Responder

    Excelente,

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