La renuncia de Urzúa, fractura grave de la 4T.

#Asídeclaro
David Martínez Staines
@DMStaines

El día de ayer, el Dr. Carlos Urzúa, secretario de Hacienda y Crédito Público, presentó al presidente López Obrador su renuncia a dicha dependencia. Esto ya lo habíamos comentado y anunciado, era cuestión de tiempo, una persona inteligente, analítico, académico, estudioso, responsable y de lo mejor que hasta ayer tenía el gobierno de la 4T. Un par de horas más tarde, el Presidente había ya comunicado su decisión de designar al subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, como nuevo titular de la dependencia. 

La carta de renuncia enviada al Jefe del Ejecutivo ha levantado serios cuestionamientos en torno a la funcionalidad del Gobierno Federal, particularmente, sobre el carácter del Presidente y su personalísima concepción de gobierno. 

Urzúa aduce, como uno de los motivos detrás de la renuncia, que el Gobierno Federal toma decisiones de Estado e implementa políticas públicas sin base en evidencia empírica. La carta del exsecretario anuncia lo que muchas voces han criticado del presidente López Obrador: una profunda convicción ideológica en detrimento de un razonamiento de Estado, y un gobierno encabezado por un presidente fuerte -legitimado en las urnas-, quien es protagonista de todas las decisiones ministeriales. 

Un jefe de Estado moderno, más allá de una postura puramente ideológica, debe promover políticas públicas que respondan a las necesidades del país; con base en evidencia empírica, tal como indicadores, estadísticas, pronosticadores de crecimiento y, sobre todo, una visión pragmática sobre la realidad nacional y el contexto internacional dentro del cual se desenvuelve el país.

En este tenor, a lo largo de las últimas décadas, los gobiernos han optado por instituciones, como la OCDE, como organismo faro para la recomendación de políticas en un amplio abanico de materias. En otras palabras, la concepción moderna del gobierno descansa invariablemente sobre juicios imparciales -libres de tendencias ideológicas-, realizados por cuerpos técnicos altamente especializados. 

A manera de ejemplo, los masivos recortes al presupuesto federal en los campos de salud, investigación, estancias infantiles, así como los despidos masivos de funcionarios federales, entre otros, en pos de la llamada austeridad republicana, parecieran no responder a las necesidades del país en términos de crecimiento económico y desarrollo.

Por otro lado, la decisión de no incrementar los impuestos -recordemos que la recaudación en México en términos del PIB no alcanza el 20 por ciento,- contradice la evidencia de que es indispensable una mayor recaudación para combatir la desigualdad y la pobreza, ambos prioritarios del actual gobierno.

Adicionalmente, de la carta de Urzúa se infiere una excesiva centralización del poder en manos del Presidente. Si bien López Obrador fue electo con mayoría absoluta, y su figura yace detrás del éxito de Morena en los comicios de 2018, el Ejecutivo Federal descansa sobre una administración pública que es responsable de asesorar -en el campo de su competencia- sobre la conducción de las políticas en determinada materia.

La centralización del poder en las manos del Primer Mandatario implica una disfunción en las labores de gobierno, pues los funcionarios designados devienen meros ejecutantes de las decisiones del Presidente. Un jefe de Estado debe, en consecuencia, buscar la armonización de sus decisiones con los acuerdos de sus ministros, con miras a alcanzar una colaboración interministerial entre las dependencias y la propia cabeza del Ejecutivo Federal.

Un gobierno fuertemente ideológico debe ceder el paso a un gobierno funcional, con el objetivo de que sus políticas sean viables y coadyuven al desarrollo nacional en el marco de una planeación estratégica. En otras palabras, la visión del Presidente debe ser traducida en políticas pertinentes que, con el asesoramiento y acciones de las dependencias, se traduzcan en hechos que respondan a una realidad económica.

El desdén por la evidencia, como explicitamente lee la carta de Urzúa, supone riesgos mayores para la viabilidad del país y el combate contra los grandes problemas que aquejan a la nación. La ideología del Presidente debe ciertamente ser respaldada -pues por su proyecto de nación votaron libremente más de 30 millones de ciudadanos-, pero ésta debe traducirse en decisiones viables -sustentadas en la evidencia- que conduzcan a mejorar la vida los mexicanos.  Esta función corresponde a las secretarías de Estado. Sin duda alguna, la renuncia de Carlos Urzúa como Secretario de Hacienda cimbró a seguidores y detractores de la 4T.

Por supuesto que la renuncia de alguien a una cartera tan importante en cualquier gobierno, genera reacciones de todo tipo y muchas especulaciones. En este caso, aún más por el tono de la carta de renuncia. 

Pero dejando de lado la política de estufa o grilla de café en torno a la renuncia de Urzúa, lo que sigue es más importante porque estamos hablando de quién se hará cargo de la hacienda pública del país. 

El elegido es Arturo Herrera, un hombre inteligente y comprometido con el país, de la confianza total de Urzúa, estoy seguro que fue parte del acuerdo de su salida. Herrera no la tendrá fácil. Los mercados internacionales y las calificadoras siguen de cerca el desempeño económico de México y, a juzgar por los hechos el plan de  austeridad implementado por órdenes del Presidente, cuenta con detractores, incluso dentro del propio gobierno. 

Carlos Urzúa hace pública, vía Twitter, la carta que le envió al Presidente, en la que aclara los motivos de su renuncia. Discrepancias en materia económica y la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la hacienda pública son los motivos que lo llevaron a dejar el cargo.

Dice Urzúa que muchas de las decisiones tomadas por el actual gobierno se han hecho sin tomar en cuenta sus consecuencias, por lo cual el ha decidido hacerse a un lado. Me parece que esta renuncia deja al descubierto que las divisiones que hay al interior del gobierno de la 4T son enormes, era una de las piezas fundamentales del movimiento de AMLO, era de los pocos funcionarios que gozaban de credibilidad en los medios financieros internacionales. Una pena y grave su salida, y más en los términos como se dio. 

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David Martinez Staines
Analista político, colaborador de Zona Publica en Efekto Tv noticias.

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