La responsabilidad social de las empresas en tiempos de crisis

Crisis
Rodrigo Hernández gallegos

Ante la crisis económica que está generando la transmisión del SARS-CoV-2 causante del Covid 19, el papel que el estado y de las empresas juegan en el siglo XXI está en el centro del debate. En este sentido, le dedicaré las siguientes columnas a explorar la profundidad del cambio que estamos viviendo y entender a dónde nos puede llevar.

¿Un cambio de organización empresarial?

Las compañías son la base de la estructura económica moderna ya que juegan un papel fundamental en términos de producción de riqueza, generación de empleos e innovación, por tanto, sus acciones tienen una dimensión económica y social. La gran pregunta en este momento es, ¿quién o quiénes deben tomar las decisiones importantes?

La crisis económica del 2008 y sus efectos generaron un nuevo debate sobre las estructuras de gobernanza empresarial y de sus mecanismos de toma de decisiones, este debate regresa hoy con más fuerza que nunca. 

Manifestantes durante Occupy Wall Street en Nueva York c WP

Para dar contexto es útil entender que la empresa moderna es el resultado de dos cambios que alteraron la estructura de organización humana. La primera, es la democratización de la imprenta y los nuevos horizontes de organización que generó su adopción masiva. La segunda, es el cambio en el modo de producción y las relaciones de producción que se materializaron en la revolución industrial.

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Caricatura Pirámide de la sociedad capitalista 1911.

La centralización de producción y capital que surge tras la introducción del motor de vapor en el sector productivo reorganizó a las estructuras sociales europeas, acabó con industrias, creo nuevas y generó un nivel de riqueza sin precedentes. Rápidamente los industrialistas europeos y norteamericanos comenzaron a acumular niveles exorbitantes de riqueza y poder social.

En este contexto, comienzan a estructurase modelos de gobernanza empresarias en los cuales las jerarquías organizacionales, en este caso los socios capitalistas, tenían un control absoluto de la toma de decisiones mientras que, los trabajadores eran relegados a cumplir órdenes en situaciones precarias.

Caricatura sobre el uso de fuerza laboral infantil en la revolución industrial

Como respuesta a estas dinámicas, nacen organizaciones sindicales para defender los derechos de los trabajadores y mejorar sus condiciones laborales.  Durante la segunda mitad del siglo XIX los sindicatos comienzan a tomar un papel más activo en términos políticos creando partidos como el Partido Social Demócrata en Alemania y más tarde el movimiento Partido Laborista en Reino Unido. Estos movimientos impulsan los primeros bosquejos de seguridad social como el seguro de desempleo en la Alemania de Bismark.

En el periodo entre la primera y segunda guerra mundial, así como en la postguerra, los movimientos obreros tienen su mayor participación en la toma de decisiones. En Reino Unido el Partido Laborista gana las elecciones, mientras que en otros países se solidifican los derechos laborales. En esta nueva dinámica las jerarquías empresariales responden se ven forzados a contemplar la voz de los empleados en la toma de decisiones de forma más activa.

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Margaret Thatcher y Ronald Reagan

Durante la década de los 70s y 80s la dinámica vuelve a cambiar, la mancuerna ideología de Thatcher y Reagan inician un periodo de liberalización y debilitamiento de la participación laboral en la toma de decisiones como respuesta a los abusos, algunos percibidos y algunos no, de los sindicatos.

En esta etapa se refuerza la idea de que el objetivo principal de una empresa es generar valor a sus socios capitalistas sin importar las externalidades negativas que se puedan generar en términos medioambientales, sociales, políticos y económicos. En este periodo se genera una gran cantidad de riqueza económica cuya distribución sigue esta lógica.

Inequidad de ingreso en países emergentes 1910-2010 c The New Yorker con datos de Capital in the XXI Century de Thomas Pikkety

La Gran Recesión del 2008-2009 le da un golpe brutal a este modelo y a partir de las disrupciones que esta genera, así como la política pública que es implementada para lidiar con sus efectos, aunada a una mayor socialización de la crisis medioambiental, se proponen cambios al modelo.

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Comunicado del Business Roundtable

Un gran ejemplo de esto es la declaración de la Business Roundtable, asociación de directores generales de algunas de las empresas más importes de EE. UU., en agosto del año pasado en la cual se establece que la meta de una corporación debe de ser generar valor no solo a sus accionistas sino a todos los stakeholders.

Esta declaración responde, sin duda, a un cambio de visión empresarial y surge ante la demanda de un nuevo grupo de consumidores con valores y perspectivas distintas. Sin embargo, el debate sobre como reestructurar a las empresas en esta nueva era no puede ser una discusión que se quede en juntas de consejo y reuniones de accionistas, debe de ser parte de una discusión nacional e internacional.

La crisis del Covid

El día de hoy nos encontramos ante una crisis en materia de salud y económica sin precedentes en la historia moderna. En términos económicos el impacto puede ser más profundo que la crisis del 2008, por tanto, el actuar de las empresas ha regresado al centro del debate público. Si este debate se estructura de manera correcta puede servir como catalizador de una nueva estructura económica más participativa, eficiente, productiva, sustentable y democrática cuyo núcleo sea un nuevo modelo empresarial.

En México tenemos decisiones como las de Alsea y otras compañías de pedir la ausencia sin goce de sueldo por parte de sus empleados o de grandes recortes. Esta situación se replica en otros cientos de países a nivel mundial. Tan solo en EE. UU. 3 millones aplicaron para asistencia por desempleo en una semana.

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Estas lógicas se rigen bajo dos premisas de organización empresarial. La primera es que las decisiones residen en los accionistas ya que ellos son los únicos que han asumido riesgo y son los dueños del capital. La segunda es que en un mercado laboral eficiente un trabajador podría irse y encontrar nuevos empleos si no está conforme. Ambas premisas tenían fundamentos cuestionables antes de esta crisis y con en tiempos de Covid 19 caen a pedazos.

Para empezar, el mercado laboral en México y el mundo no tiene el nivel de funcionalidad que se asume y en una crisis, tanto de oferta como demanda económica, como en la que nos encontramos, el mercado laboral tiene el riesgo de colapsar, aunque sea temporalmente.

En lo que a la toma de decisiones se refiere, la jurista Isabelle Ferreras propone una solución interesante en su libro Firms as Political Entities. Ferreras propone separar a la corporación de la compañía. La corporación se entiende como un vehículo legal que establece las relaciones entre accionistas y trabajadores, sin embargo, la compañía es una estructura organizacional.

El entender a la compañía de esta manera nos permite visualizar a esta estructura social desde una perspectiva más holística y sugiere que este tipo de organizaciones pueden seguir un camino de democratización similar al de otras estructuras organizacionales como el estado.

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Cámara de los Comunes siglo XIX c Microcosm of London

Ferreras propone una estructura bicameral de gobernanza en la cual exista una cámara alta que represente a los accionistas, como en su inicio representó los intereses aristocráticos y una cámara baja que represente al resto de la organización, ambas con el mismo peso. Estos mecanismos podrían ser útiles en momentos de crisis ya que podrían tomarse acciones consensuadas que representen a la compañía en su totalidad.

Queda claro que hay muchas empresas que simplemente no tienen liquidez para mantener sus operaciones y con estos mecanismos se podría llegar a decisiones solidarias en las que todos los involucrados pongan de su parte para sacar a la organización adelante. A largo plazo permiten la capitalización del potencial de colectivo al involucrar más mentes con perspectivas distintas en la toma de decisiones. Económicamente elevaría la productividad y aumentaría la retención laboral. Estos mecanismos podrían ampliarse a toda la cadena de producción.

La premisa de Ferreras es interesante y desde mi punto de vista afortunada. Históricamente el ampliar la participación dentro de cualquier organización humana ha traído estabilidad, legitimidad y bienestar, ¿por qué no hacer lo mismo en el mundo empresarial?

Es cierto que muchas empresas se ven obligadas a tomar decisiones radicales ya que tienen un problema de liquidez o peor aún de solvencia. Se necesita una acción coordinada a nivel nacional e internacional en términos de política monetaria y fiscal para mantener a flote a las empresas que lo necesiten, en especial las PYMES que tienen pocos vehículos de financiamiento, están más expuestas a fluctuaciones abruptas de demanda y crean el mayor número de empleos. En la siguiente entrada hablaremos más al respecto.

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