¡LE JURO QUE YO NO GASTÉ ESE DINERO, FUÉ ÉL!

Impulsa Tú Riqueza

Beatriz Mancilla

Corrían los primeros meses de 1996 en México, mi país y millones de familias aún vivían auténticas tragedias consecuencia de la última crisis financiera conocida como: el “error de diciembre de 1994”.

En aquel tiempo yo tenía 24 años y trabajaba como Ejecutiva de Negocios y Empresarios en el Banco de moda y había citado a la “Señora Laura” a las 9 am (en aquellos días Laura tenía la edad que yo tengo hoy), para “platicar sobre las opciones de reestructura” para su crédito vencido.

La cita era en la oficina central del Banco, ubicada sobre el histórico y esplendoroso: Paseo de la Reforma.

Nuestra oficina de negociaciones era la clásica oficina de los bancos “de antes”, con el piso impecable de mármol gris, los muebles de madera que perfumaban el ambiente y sin olvidar el imponente mural de Juan O´Gorman que como la Puerta de Alcalá estaba “viendo pasar el tiempo”.

A mis 24 años el mármol, la madera, el mural, la “Señora Laura” y nuestros abogados, me recordaban a cada segundo que yo estaba en un lugar serio, de la vida real y en donde las cosas estaban pasando de verdad,

– aunque por momentos yo sentía que estaba viviendo un sueño surrealista muy lejos de mi colegio de monjas y mi escuela de ballet de Coyoacán donde todo era paz y armonía-.

Ya estábamos listos para recibir a la “Señora Laura” los abogados y yo, con el expediente sobre la mesa y “la corrida de los números propuestos” para firmar la reestructura. Sabíamos que los abogados de Laura querrían negociar y seguramente refutarían las cláusulas del nuevo contrato. Para nosotros “era el pan de cada día”.

La puerta se abrió y Laura entró sonriente, tranquila y sin abogados. Venía ella sola y nosotros éramos cuatro.

Nos saludó muy amablemente, destilaba serenidad lo que me confundió un poco. Recuerdo que pensé: “espero que sepa a qué viene”. Tomé la palabra y le expliqué los antecedentes del crédito: el monto, el plazo, la fecha de la firma, la garantía hipotecaria que estaba a su nombre y el monto adeudado a la fecha y le mencioné que estábamos reunidos para acordar las condiciones de su reestructura.

Laura sonrió aún más. Con un tono por demás cálido e incluso maternal me dijo:

– “He venido hoy para explicarles que ustedes están en un error y hay una confusión. En realidad, no fui yo quien utilizó ese dinero sino mi esposo. De hecho, no sabemos nada de él, hace 10 meses nos abandonó y mis hijos y yo vivimos solos en la casa. Vengo a decirles que más bien a quien deben de buscar para este asunto es a él”.

¡En un segundo sentí que la temperatura de mi cuerpo bajaba súbitamente y en silencio comencé a temblar! “Ella no sabe en qué está metida”, pensé. Los abogados del banco iban a comenzar a hablar, pero les hice una seña y lo más tranquila que pude le hablé:

-“Señora Laura, la hemos llamado pues el contrato del crédito está firmado por usted, la propiedad que está en garantía es a su nombre, así como la cuenta de cheques en donde se depositó el dinero y la firma con la cual se giraron los cheques para retirar los fondos es la suya. Su esposo no aparece aquí. Para el banco legalmente, usted es la responsable.”

El rostro de Laura se transformó. En sus ojos yo podía ver que ella ahora entendía el problema, pero su mente y su corazón se negaban a aceptar el problema real en el que estaba metida. Comenzó a descomponerse, sus manos temblaban, sus ojos ahora estaban llorosos, y su voz repetía “no, no, no”.

Yo sentía ganas de abrazarla. Sabía que era su casa y la casa de sus hijos. Veía en ella a una madre que estaba a punto de perder su hogar y además veía a una mujer abandonada. Mis emociones estaban a mil. En ese momento odiaba mi trabajo, odiaba estar ahí haciendo eso. Yo quería llorar junto con ella.

¡Les juro que yo no gasté el dinero, fue él! ¡Búsquenlo a él!, gritaba llorando desesperada, abatida.

Intervinieron los abogados, se parecían a los hombres grises de Momo. En pocas palabras le dijeron que “sentían mucho la situación, pero que había que llegar a un acuerdo”. En ese momento la Señora Laura dejaba de ser mi responsabilidad para pasar al área jurídica del banco.

Salí de ahí. Eso había sido demasiado para mi y a mis 24 años estaba parada en la banqueta de Paseo de la Reforma mareada, totalmente aturdida y sin poder procesar ni mental, ni emocionalmente, lo que acababa de vivir con Laura. Sí, 22 años después hoy puedo decir que “Laura y yo lo vivimos juntas”.

¿Exceso de amor?, ¿exceso de confianza?, ¿exceso de ignorancia?… ¿qué fue lo que llevó a Laura a esta situación? Eran preguntas que me hacía con bastante frecuencia, aún siendo Ejecutiva de Banca Patrimonial años después. En ese momento tenía muchos clientes a quienes les ayudaba a invertir su dinero e incrementar su patrimonio. Era otro mundo, me encantaba mi trabajo y realmente era feliz.

Empresarios, artistas, intelectuales, dueños de puestos de mercado, funcionarios públicos, empleados y de ellos, muchas eran mujeres. Algunas eran muy exitosas en el manejo de su dinero, pero la mayoría no.

Delegaban el manejo de su dinero a alguien más. Abiertamente expresaban que no entendían ni les interesaba el tema de las inversiones. Algunas incluso preferían poner a nombre de su esposo o algún hijo su dinero “porque ellos si entendían de esas cosas”.

Yo insistía, les enseñaba, hablaba con ellas e incluso no fui del agrado de algunas personas que deseaban que su esposa o mamá siguiera en el mundo de la oscuridad e ignorancia financiera. Me sentía con el deber moral de enseñarles y hacerlas entender que nadie cuidaría su dinero como ellas mismas.

Casi 8 años después mientras estudiaba la Especialidad en Psicoterapia Gestalt entendí.  Cientos, miles de personas necesitaban un proceso terapéutico en aquellos años de crisis. El tema del dinero realmente es un tema emocional y un tema que impacta directamente la calidad de vida de las personas. Ahora no me sorprendía recordar aquellos casos de suicidio que había ocurrido años atrás. Recordé a Laura y a tantos y tantos hombres y mujeres que habían perdido su casa, negocios y mucho más. A tantas personas que de haber sabido antes lo que ahora sabía, les hubiera podido ayudar.

En ese momento tuve un insight y toda aquella agridulce experiencia de vida bancaria, ahora tenía un sentido, un propósito. Educar, enseñar, alertar, compartir y llenar ese vacío en educación financiera que existe en todos los niveles escolares. En ese momento y a través de la Tesis de mi Maestría ayudaría a las personas, pero especialmente a las mujeres, a educarse financieramente para que no hayan mas “Señoras Laura” y para revertir la estadística de pobreza en nuestro género.

Ya han pasado 12 años en los que a través de Talleres y Conferencias he podido hablar y tocar la vida de mujeres desde los 4 hasta los 83 años llevando el mensaje: tu eres la responsable de tu vida financiera sin importar tu situación actual de vida. Niñas, adolescentes, mujeres casadas, solteras, divorciadas, viudas, empleadas domésticas, empleadas de alto nivel, empresarias, con maestría, con educación básica, de México, de otros países. El abanico ha sido enorme y todas compartimos nuestras problemáticas personales y financieras. Crecemos juntas transformando nuestras finanzas y las de nuestras familias.

Laura, la “Señora Laura” siempre será especial para mi. No recuerdo su apellido. Pero en mi mente ella siempre está presente y es mi inspiración cada día para continuar con mi misión. Gracias Laura.

El dinero y nuestras finanzas es todo un Reto Femenino. Te invito a que lo tomes de frente. Valiente y con decisión. No estás sola. Sé que nuestra sociedad y nuestras historias familiares a veces dificultan la tarea, pero por favor, siempre ten claro que el dinero y tus finanzas forman parte de una de las esferas de tu personalidad. El dinero te da poder de elección y eso se llama libertad. El dinero es el medio para satisfacer tus necesidades materiales y tú DEBES de hacer lo que tengas que hacer para allegarte de todo lo que necesitas. También sé que muchas mujeres en México y el mundo viven bajo Violencia Económica y Patrimonial. Es tu responsabilidad salir de ahí y no estás sola. Cuentas conmigo. Si tienes 18, 25, 47, 59, 72 ú 80 años podemos lograrlo juntas.

Sobre mi: Vivo al sur de la Ciudad de México y soy madre de un joven de casi 20 años y dos niñas de 7 y 9 años. ¿La diferencia de edades por? ¡adivinaste!, tengo como experiencia de vida un divorcio complicado y también un matrimonio feliz. Empresaria desde hace 17 años en el giro infantil. Fundadora del Instituto Humanista de Cultura Financiera apoyado por el INADEM y Conferencista Internacional. Creadora del Programa Mujer Impulsa Tu Riqueza en versión online y presencial.

“Humanizando tus Finanzas e Impulsando tu Potencial”.

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