Los 70’s en el 2020

México
México

Por: Michel Chaín Carrillo

Se dice que los problemas que no se enfrentan y resuelven, lejos de desaparecer, se convierten en francotiradores que, a distancia prudente y tratando de no ser detectados,  nos acompañan a todos lados esperando un momento de debilidad para acribillarnos con las cuentas pendientes del pasado.  Esto es cierto en temas personales, familiares y, al parecer en el caso de México, también Nacionales pues el país que no supera las discusiones siempre inconclusas de los 70’s y 80’s sobre el rumbo que se habría de tomar en el Siglo XXI pues, si bien de facto se decantó por el libre comercio, nunca hubo un gran acuerdo Nacional y, como resultado, hoy tenemos a la mitad del país pensando en ellos mismos en términos de ciudadanía y la otra mitad viéndose como pueblo.

Dada la gran cantidad de contradicciones, absurdos, argumentos contrapunteados y datos alternativos (sacados de la manga), además del clima de polarización exacerbada por buena parte de quienes se ven a sí mismos como la cuarta transformación del país, es muy complejo presentar un análisis objetivo sobre la coyuntura actual. 

México

Si a esto se le suma que es 16 de septiembre, y que los “gritos” en los últimos años sólo  sirven para alimentar el morbo de una parte muy banal de la prensa especializada, el riesgo de caer en alguno de los clichés polarizantes crece: el primero, es el de la apología de la raza de bronce, “como México no hay dos” (muy útil para no tener que hacer comparativos internacionales en los que al país le va mal) y repetir las coplas de “Jorge el ‘bueno’ y Pedro ‘el malo’” para acusar de apátrida a quienes no estén de acuerdo con visiones patrioteras y cuya profundidad histórica es la del libro de texto de 5to. de Primaria; o el cliché derrotista, donde todo fuera es como una opinión deportiva de Carlos Albert: todo está mal, el futuro está cancelado desde hace como 35 años, el país tiene otros 70 de haberse despeñado y el pueblo padece una especie de incapacidad autoimpuesta que le impide organizarse y cambiar las cosas (aunque en campañas como la de 1999 o la de 2018 el hartazgo popular desbordó los mecanismos “políticos” de contención para, paradójicamente, forzar cambios pero dentro del marco legal e institucional).

Aunque hay actores políticos que genuinamente buscan entender la complejidad del país a partir de los clichés, en realidad estos son tan extremos como ficticios.  Lo que sí hay entre los extremos  son muchos posibles equilibrios que, siendo siendo distintos todos son validos en política (entendiendo a la “política” no como grilla y el business, sino como los acuerdos que se toman dentro de una sociedad de valores liberales y democráticos para establecer, de manera relativamente pacifica, acuerdos mínimos sobre cómo enfrentar los problemas que le aquejan). 

Encontrar estos equilibrios, lograr que se consoliden y, una vez que se agotan, organizar una nueva discusión y el traslado a un equilibrio más acorde a un entorno que cada vez cambia más rápido, no es algo que se así de nada más; por el contrario, se requiere de tomadores de decisiones maduros en el ámbito público (políticos y administradores públicos); organismos autónomos (INE, BANXICO, etc.), sociedad civil organizada (OSC, ONG o think tanks -la traducción al español es “laboratorio de ideas”, pero me parece muy desafortunada-) y también de los económicos (más que las cámaras, que no dejan de ser organizaciones de la sociedad civil), de aquellos capitanes de industria o inversionistas que ejercen liderazgos reales entre las empresas, locales y extranjeras, con intereses en el país.  Asimismo, requiere del involucramiento de la ciudadanía.

México

Curiosamente, donde creo que como país nos estamos quedando cortos es en el de tener más mexicanos que se asuman como “ciudadanos” y no como “pueblo”

El pueblo, ya sea bueno, malo, fifí o macuspanamente bendecido, es una masa amorfa de anónimos que, ante el descontrol y la falta de información imperante en la turba, dirigen sus miradas esperanzadas al líder/tlatoani/Presidente y ponen en su celestial Poder (que es el del Gobierno, pero sin contrapesos por lo que puede abrogarse facultades metalegales) el destino del país, las regiones, los municipios, las familias, las personas y hasta de los tristes perros, mientras sólo observan y se truenan los dedos esperando que éste si “haya salido bueno”.

Por el contrario, el ciudadano es un ser libre en una Nación plural y compleja, que cede parte de sus libertades e ingresos para crear y mantener al ente colectivo llamado Gobierno que, como recauda y concentra lo de todos, termina con más poder que cualquiera de sus aportantes para así poder poner orden.  Sin embargo, y esta es la parte cuchicuchesca, el Gobierno no puede estar por encima del ciudadano ya que, a diferencia del pueblo, no depende de la discrecionalidad o del favor del gobernante en turno pues, por un lado, sabe que sin ciudadanos no hay Gobierno, al mismo nivel de los documentos donde se crea al Gobierno están los derechos y las obligaciones de los ciudadanos que sSin embargo, y esta es la parte cuchicuchesca, el Gobierno no puede estar por encima del ciudadano ya que, a diferencia del pueblo, no depende de la discrecionalidad o del favor del gobernante en turno pues, por un lado, sabe que sin ciudadanos no hay Gobierno, y que al mismo nivel de los documentos donde se crea al Gobierno están los derechos y las obligaciones de los ciudadanos que, además, son los mismos para todos.

De esta manera, mientras el pueblo es como un menor de edad incapaz de asumir responsabilidades y a quien los “grandes” tienen que estar cuidando; la ciudadanía está plagada de molestas obligaciones, como pagar impuestos o cumplir la Ley, así como de responsabilidades, como la de estar al tanto de lo que hace su gobierno, exigirle y, si no le hace caso, cambiarlo en la siguiente elección, pero también de derechos que los ciudadanos ejercen cotidianamente y a los cuales no tienen por qué renunciar.

En México la ruptura generacional y cultural que se inicia en los 60’s, se discute en los 70’s y se traduce en políticas públicas en los 80’s, partió del cambio en el entorno internacional y el agotamiento tanto del modelo de sustitución de importaciones como del “milagro mexicano” (la “Golden Age” terminó en 1975, lo que determinó la llegada al Gobierno de Margaret Thatcher en 1979 y Ronald Reagan en 1981).  Ante esta encrucijada, prácticamente la mitad de los tomadores de decisiones en México apostaron al cambio de modelo, el salto al libre mercado y la internacionalización (que requería la construcción de ciudadanía) y la otra mitad se aferró al modelo de excepcionalidades de la “docena trágica” (1976 a 1982), que suena bien en el discurso aunque resulta funesta para la economía del país y de los hogares, pero que en lugar de requerir de ciudadanos, derechos o contrapesos al poder Presidencial, sólo necesita de un tlatoani que “sí nos salga bueno”.

México

Los dos de la “docena trágica”, Luis Echeverría y José López Portillo, terminaron por ser terribles administradores públicos y su versión contemporánea va por la misma vereda sólo que versión tropical.

Visits: 1450 Visits: 21

Be the first to comment on "Los 70’s en el 2020"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*