MEMORIA DE LA DERROTA. CIUDAD DE MEXICO 1847.

México
México

Sobre la Marcha. . .

Rafael Martínez de la Borbolla
@rafaborbolla

“No creo que haya habido una guerra más perversa que la que emprendió Estados Unidos contra México. Lo creía entonces, cuando era solo un joven, pero no tuve el suficiente valor moral para renunciar.”- Ulysses S. Grant

Tras la caída del Castillo de Chapultepec, la ciudad de México está indefensa pues Santa Anna se ha retirado con lo que queda de su hambriento, desmoralizado y descalzo ejército a la ciudad de Guadalupe Hidalgo. México traicionado por sus líderes, ha sido derrotado. 

Uno de los episodios mas trágicos y menos documentados en la historia del país son los sucesos durante la ocupación nortemericana, Memoria Política de México cuenta con un acervo documental de aquellos obscuros días, de donde se resume la siguiente crónica:

“Las brigadas marchaban en silencio; la tristeza reinaba en todos los corazones. Se alejaban con sentimiento de la ciudad que habían defendido, considerando que el Sol del día siguiente alumbraría la entrada triunfante de los enemigos (…) Los cuerpos que llegaron primero a la garita, hicieron alto, hasta que estuvieron todos reunidos. Entonces empezaron a recogerse los desgraciados frutos de la desmoralización, que tantos golpes consecutivos había introducido en el ejército. Los soldados, favorecidos por la oscuridad, comenzaron a desertarse, disminuyendo así la fuerza, ya no muy crecida, que había salido de la ciudad”.– Ramón Alcaraz

En la madrugada de este día martes 14 de septiembre de 1847, enviados de la Ciudadela, con bandera blanca, invitan al general Quitman a tomar la plaza, en la que todavía encuentra quince piezas de cañón montadas. A continuación envía una columna sostenida por una batería ligera a recorrer las principales calles de la ciudad hasta la plaza mayor.

“… las tropas estadounidenses ingresaron en la ciudad, marchando en forma precavida por las silenciosas calles hacia el centro de la capital del país… la mayoría de ellos no sabía que las tropas mexicanas habían abandonado la ciudad… para muchos de ellos, era la ciudad más grande que habían visto en su vida… la mayoría de los habitantes tampoco sabía que el ejército mexicano había partido… sin embargo, pronto se reunió más y más gente y empezaron los murmullos y, cuando las tropas estadounidenses se acercaban a la plaza principal, un disparo hirió a uno de sus oficiales. A ese disparo, pronto siguieron otros; una lluvia de piedras cayó sobre esos soldados desde las llanas azoteas de la ciudad y las multitudes hicieron frente a los estadounidenses. Cuando éstos ingresaban en la plaza, la multitud gritaba ” [Mueran los americanos!” y “¡Muera Santa Anna!”… (Guardino)

El capitán Roberts, del regimiento de rifleros, entra al Palacio Nacional, que había sido saqueado, y a las siete de la mañana de hoy coloca en su asta la bandera de las barras y las estrellas. Guillermo Prieto (Memorias de mis Tiempos) relata que un francotirador mexicano disparó certero contra el primer soldado norteamericano que trató de izar esa bandera.

“Después de que los estadounidenses ocuparon Palacio Nacional, Winfield Scott salió a un balcón para felicitar a sus tropas, pero varias mujeres interrumpieron al general, particularmente corpulento, gritándole “¡Cállate costalón!” y los enfrentamientos se sucedieron… los violentos combates se prolongaron a lo largo de todo el 14 y gran parte del 15 de septiembre. Los mexicanos disparaban con mosquetes y pistolas desde las entradas y las azoteas de las casas y siguieron arrojando piedras también desde lo alto; algunos grupos enfrentaron a los estadounidenses en las calles con cuchillos y garrotes, y algunos habitantes se expusieron intencionadamente para atraer a los estadounidenses a emboscadas… Los estadounidenses, que apenas unos minutos antes habían creído haber capturado una de las ciudades más grandes del mundo, se vieron envueltos en un encarnizado combate urbano”. (Guardiano, ya citado)

“Entre tanto, el combate se había generalizado ya: en todas las calles que había ocupado el ejército enemigo, se peleaba con arrojo y entusiasmo. La parte del pueblo que combatía, lo hacía en su mayoría sin armas de guerra, a escepcion de unos cuantos, que más dichosos que los demás, contaban con una carabina o un fusil, sirviéndose el resto, para ofender al enemigo, de piedras y palos, de lo que resultó que hicieran en los mexicanos un estrago considerable las fuerzas americanas.

Algunos nacionales, de los que la noche anterior se habían visto obligados a abandonar sus puestos, salieron de sus casas a la calle, llevando consigo sus fusiles, para tomar parte en la refriega. Ocupáronse algunos edificios altos y varios templos, desde donde se podía hacer más daño a los enemigos. De los barrios de San Lázaro, San Pablo, la Palma y el Carmen, se veían brotar hombres decididos a buscar la muerte por defender su libertad; y muchos que a consecuencia de la distancia, no podían ofender a sus contrarios con sus armas improvisadas, salían a la mitad de las calles, sin otro objeto que provocarlos, para que se arrojaran sobre ellos, y pudiera el que tenía fusil dispararlo con buen éxito.

Multitud de víctimas en todo aquel día regaron con su sangre las calles y plazas de la ciudad. Doloroso es decir que aquel esfuerzo generoso del pueblo bajo, fue en lo general censurado con acrimonia por la clase privilegiada de la fortuna, que veía con indiferencia la humillación de la patria, con tal de conservar sus intereses y su comodidad.

Todo el día resonó en la ciudad el ruido desolador de la fusilería; y la artillería, haciendo estremecer los edificios hasta en sus cimientos, difundía por todas partes el espanto y la muerte. Horas enteras se prolongó la lucha emprendida por una pequeña parte del pueblo, sin plan, sin orden, sin auxilio, sin ningún elemento que prometiera un buen resultado; pero lucha, sin embargo, terrible y digna de memoria

Aun en medio del combate, los enemigos se entregaron a los más infames escesos: horribles fueron los desastres que señalaron la ocupación de México. El que no haya visto a una población inocente presa de una soldadesca desenfrenada, que ataca al desarmado, que fractura las puertas de los hogares para saquearlos, asesinando a las pacíficas familias, no puede formarse una idea del aspecto que presentaba entonces la hermosa cuanto desgraciada capital de la República”. (Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos)

“… las bajas fueron numerosas. John Henshaw escribió que los estadounidenses perdieron más hombres en los combates callejeros que los que habían perdido en la batalla de Chapultepec y en las puertas de la ciudad el día anterior… en otras fuentes, se estimó que las bajas llegaron a 300… Los combates amainaron a la caída de la noche del día 14, pero se reiniciaron a la mañana siguiente y continuaron con variada intensidad a todo lo largo del día; no fue sino hasta el día 16 cuando los que habían disputado el dominio de las calles a los estadounidenses pasaron de la resistencia abierta a las actividades clandestinas, atacando por la noche a los estadounidenses aislados. Pasaron varios meses antes de que esos mortales ataques nocturnos disminuyeran y los estadounidenses se sintieran relativamente a salvo en la ciudad.

La respuesta de los estadounidenses es una indicación de la severidad de la resistencia: rápidamente desplegaron su artillería y destruyeron las casas desde las que los mexicanos disparaban sus armas o arrojaban piedras; asimismo, apuntaron la artillería contra las multitudes, usando metralla, el tipo de munición que se usaba durante las batallas para atacar directamente a la infantería; además, se ordenó a los soldados que forzaran y saquearan todos los edificios desde donde les dispararan y que mataran o capturaran a sus habitantes. En ocasiones, con base en su particular interpretación de esas órdenes, los soldados afirmaban haber oído disparos desde algunas mansiones para después saquearlas. Los mexicanos que fueron capturados combatiendo a los estadounidenses fueron ejecutados en el acto y, en algunos casos, sus cadáveres fueron expuestos como advertencia. Hubo incluso mexicanos desarmados que fueron ejecutados; el 14 de septiembre, Ethan Allen Hitchcock escribió en su diario: “muchos mexicanos han sido asesinados […]. Hace apenas unos momentos, vi que un mexicano desarmado era asesinado deliberadamente y me pareció horrible”; en palabras de Daniel Harvey Hill, fue “un día de tanto derramamiento de sangre y brutalidad como espero no volver a ver nunca.” (Guardino, ya citado).

Ante la tenaz resistencia de los grupos más pobres de la población, Winfield Scott, que los consideraba incapaces de cualquier sentimiento patriótico y meros delincuentes y presos liberados a propósito, envió sus emisarios al arzobispo y al ayuntamiento de la ciudad a advertirles que ordenaría a sus soldados el saqueo de todas las iglesias y las casas si la resistencia continuaba. Asimismo, ordenó que fueran voladas todas las casas desde donde se agrediera a sus soldados y los vecinos fusilados sin mayor formalidad.

Este mismo día, el Ayuntamiento publica un manifiesto exhortando a mantener la tranquilidad, pues mientras siguiera la acción de los francotiradores, los norteamericanos no garantizarían los derechos naturales y de gentes. Pero la resistencia del pueblo continúa. No sirve para el desánimo, la noticia de que las tropas mexicanas que estaban en la Villa de Guadalupe, en vez de venir a resistir en la capital, se alejan cada vez más sin combatir.

Ya habiendo tomado la capital mexicana, el ejército norteamericano exterminó con mano de hierro todo foco de resistencia calle por calle y casa por casa; utilizó presidiarios de Puebla para combatir a los guerrilleros que aun luchaban y estableció un sistema de espías mexicanos para infiltrarse en los grupos que resistían la invasión y denunciar a los participantes para que fueran aprehendidos y fusilados.

El general Scott asumirá el gobierno civil y militar de los territorios ocupados por sus fuerzas, se apoderará de todos los ingresos gubernamentales e impondrá cuantiosas cuotas a los Estados para financiar al ejército estadounidense. México será el primer país que se verá gobernado por un ejército norteamericano de ocupación.

Durante todo el tiempo que durará la ocupación, el pueblo se mantendrá rebelado y una comisión militar, juzgará a los “rebeldes” y será frecuente que a pedradas, la gente impida la aplicación de los castigos impuestos. Como antes de la llegada de las tropas invasoras al valle de México, se habían desempedrado varias calles de la capital y colocadas las piedras en las azoteas para arrojarlas a los norteamericanos, las autoridades de la ocupación ordenarán bajarlas y regresarlas a sus sitios anteriores.

“Nada representa la derrota de un país de manera más convincente que su capital ocupada por el ejército invasor. El otoño de 1847 fue una estación amarga para la ciudad de México. Las negociaciones sobre la paz todavía no habían comenzado y la presencia de miles de soldados estadounidenses recordaba todo el tiempo a sus habitantes lo que ya habían perdido y lo que todavía podrían perder en el futuro. Los mexicanos conmemoran a sus muertos cada 2 de noviembre, el Día de Todos los Santos, conocido como Día de los Muertos o de los Fieles Difuntos: visitan los cementerios, adornan las tumbas, celebran la vida de los caídos y los lloran.

En 1847, en el editorial de un periódico de la ciudad de México, se decía que la presencia de los estadounidenses dio a la ocasión un tono diferente; el anónimo editorialista escribió:

‘Las familias en donde falta el padre, el hijo, el esposo, etc., gimen a la vista de sus asesinos, pues los deudos que lloran fueron sacrificados en Churubusco, Molino del Rey y otros puntos, y en un día en que se hace recuerdo de los fieles difuntos, ostentan sus armas y nos insultan con sus músicas militares, vienen a nuestra plaza de armas a ejecutar en nuestra presencia evoluciones prácticas, como para decir a nuestras mujeres: nosotros os hemos dejado viudas, huérfanas, y sin apoyo: pues bien, aún estamos aquí instruyéndonos en el manejo de las armas para seguir llenando de luto vuestras ciudades, si no condescendéis con nuestras ideas: vuestros hombres son menos fuertes que nosotros y vuestro territorio nos pertenece por herencia. La ley del más fuerte nos constituye en árbitros de vuestra suerte futura y presente’.

Como para demostrar el punto de vista del editorialista, las autoridades militares estadounidenses amenazaron de inmediato con clausurar el periódico si volvía a publicar otros artículos similares.”

La bandera tricolor volverá a ondear en el Palacio Nacional hasta el 12 de junio de 1848. Arrabatandonos más de la mitad de nuestro territorio, nada evitará que el vecino del norte se convierta en potencia, mientras México aún tendrá que luchar por sobrevivir. 

Visits: 1311 Visits: 2

1 Comment on "MEMORIA DE LA DERROTA. CIUDAD DE MEXICO 1847."

  1. Rafael Martínez Sr. | 6 marzo, 2021 at 12:23 | Responder

    La triste historia de cuando perdimos a manos de Norteamérica más de la mitad de nuestro territorio debido al abandono de los gobiernos mexicanos y que por cada familia de mexicanos ya había seis familias nonorteamericanas. También a la cobarde actuación del ejército mexicano que se reuso varias veces a combatir al enemigo.

Leave a comment

Your email address will not be published.


*