Entre Visiones del Poder

AMLO
Miguel Ángel Solis

A 77 días de ser ungido como Presidente de México, AMLO se ha apoderado de la agenda pública. Sus hasta ahora 54 conferencias “mañaneras” han resultado una herramienta fundamental y exitosa para comunicarse cotidianamente con los mexicanos a través de los medios. Nadie ocupa más titulares ni comentarios en redes sociales que el propio Presidente. Su estrategia (efectiva y efectista) genera expectativa y hasta morbo. Los reflectores están con él y solo con él. Aprovecha para decirnos qué decisiones tomará y aquellas que ha tomado sin consulta popular; anuncia otras, lanza programas y critica a quienes colaboraron en los llamados por él “gobiernos neoliberales”. Aprovecha salir a cuadro para lo mismo atacar a priístas y panistas, a jueces y magistrados que a legisladores y ex servidores públicos. También lo hace contra personajes que participan o lo hicieron en algún organismo autónomo, ataca a empresarios y hasta miembros de la sociedad civil. La prensa y muchos políticos son tratados como “fifís” y su eje discursivo se centra en  el combate a la corrupción: “frenar a los corruptos”, dice. Emplea todo un repertorio de juicios y adjetivos que repite sin ton ni son todos los días para – como dicta el clásico – se conviertan en verdad.

Se ha escrito mucho acerca de esta estrategia que no es nueva. Cuando fue Jefe de Gobierno en la Ciudad de México, recurrió a esta herramienta que le trajo buenos resultados. Domina el escenario, se sabe conocedor de las motivaciones y aspiraciones de la gente. Es extraordinariamente hábil en el manejo del lenguaje, ese que conecta con la mayoría de la población, pues a esa inmensa mayoría es a quien realmente se dirige, a ellos les habla. Sus mensajes son claros, concisos, diáfanos y contundentes. Acierta en su afán de dividir al atrincherar a los malos y situarse al frente de la canoa que salvará a la nación. El bueno es él, su gobierno, su partido, su movimiento, sus colaboradores y desde luego sus seguidores, “el pueblo bueno”. El fiel de la balanza en esta narrativa entre el bien y el mal lo encarna su empecinada idea de la Cuarta Transformación. Él es el héroe, y los villanos, los neoliberales y quienes no comulgan con sus “ideales”. 

La comunicación que emplea a través de su narrativa, que diariamente se torna hasta “dicharachera”, así como los símbolos que impregnan su discurso, tienen que ver con aspectos de carácter psicológico (neuro-lingüístico) mismos que bien analizó José Zenteno, colaborador de Política Gurú en sus tres colaboraciones Mitos y realidades sobre el populismo obradorista”(partes I, II Y III) y que desnudan el ardid de su estrategia: mostrar el poder de dominación unipersonal para trascender (no en balde su movimiento firma “haremos historia”). Pero hay otro rasgo de su personalidad que es la que muestra ahora con mayor evidencia y que deja ver y sentir en sus conferencias “mañaneras” y que es la que en el fondo esconde su perfil psicológico: la obsesión-compulsión por el poder producto de su historia llena de resentimientos y frustraciones. Él manda y nadie más.  Solo analicemos cómo dio reversa a las críticas al ejército en campaña y a su negativa de que las fuerzas armadas salieran a las calles. Hoy, el ejército ha vuelto a las tareas que tanto criticó de los gobiernos de Calderón y Peña Nieto y además vuelven con funciones nuevas: construir el aeropuerto de Santa Lucía y administrarlo, edificar viviendas para “fifís” y hacer negocio inmobiliario, administrar pipas para la distribución de combustible, etc. El ejército es sometido porque está acostumbrado a decir “sí señor”…”usted disponga”…”a sus órdenes”. Esto es oxígeno puro y bocanadas de poder para AMLO. 

De esta forma, el círculo virtuoso de su comunicación verbal, no verbal y simbólica adquiere dimensión y practicidad con el sometimiento de su equipo, colaboradores, poderes, seguidores y desde luego,el mando militar. Lo suyo es enamorar e infundir temor (claves de una comunicación asertiva), pero además, como dijo José Agustín Ortíz Pinchetti en una entrevista concedida al periódico Milenio el 2 de diciembre de 2018: “Andrés Manuel López Obrador no manipula, engaña con la verdad”, yo agrego, es un gran seductor (la seducción es otro factor para el éxito comunicológico) que tiene cautivada a su audiencia.      

Mientras tanto, la oposición política a AMLO se encuentra impávida, amarrada a la nostalgia del pasado, a la incredulidad de la pérdida del poder, hoy arrebatados por el liderazgo del entonces candidato y coartados por el poder del ahora Presidente de la República.

Los empresarios y líderes de la sociedad civil organizada están ausentes, no se les ve ni escucha esgrimiendo, descalificando la diatriba, el señalamiento y el insulto; como lo dijo un excelente amigo: “se ve que están noqueados”.   

Las voces que confronten simplemente están ausentes, alejadas y fuera de reflectores, quizá esperando una equivocación mayúscula que los catapulte al escenario. Se encuentran en un marasmo de asombro y al mismo tiempo, rechazo silencioso al ideal presidencial. Parece que todo lo ven perdido y prefieren cobijarse en el célebre proverbio de Adam Smith: “dejar ser, dejar pasar”.

Ante este escenario, cabe preguntarnos: ¿existe acaso algún antídoto que evite en buena medida que AMLO acapare la noticia y marque agenda a partir de sus conferencias de medios mañaneras? ¿habrá alguien que le ponga un alto en el camino desenfrenado que lleva a los mexicanos al encono y al enfrentamiento? ¿será posible que exista una contra replica a los datos y cifras oficiosas y muchas veces inventadas?  

Es evidente que AMLO identifica con claridad la falta de liderazgos que le hagan sobra: hay un vacío de liderazgo y de comunicación opositora. También tiene muy clara la capacidad que posee de administrar su comunicación a partir de leer excepcionalmente el humor social y las aspiraciones de la gente. 

Ante ello ¿no será tiempo de que surjan o resurjan figuras públicas que actúen como contra peso a sus diatribas matutinas? ¿no hay personajes de la vida cultural, intelectual, política, empresarial, de la sociedad civil y organizaciones ciudadanas que cuenten con una biografía de vida que amortigüen los dichos, planteamientos y juicios sumarios que diariamente profiere el Presidente en sus conferencias de prensa “mañaneras”?

Si él emplaza diariamente a los medios a las 6:30 de la mañana ¿por qué no convocar a una conferencia de prensa meridiana que permita conocer la postura de ese otro grupo de mexicanos que no comulga con sus planteamientos?  Esto sería parte del antídoto, ahora que alguien con credibilidad probada lo abandere y se nutra de un grupo de personajes conocedores que le hablen al público sometido, pero también al otro que no ve ni escucha salvo al Señor Presidente. 

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About the Author

Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

2 Comments on "Entre Visiones del Poder"

  1. RAMIRO ZAMORA ORTIZ | 19 febrero, 2019 at 04:09 | Responder

    Los mexicanos tenemos un líder social qué sabe comunicarse con la cultura de la sociedad y fortalece y protege a la familia.
    Es asombroso pero México no tenía hacé ,90 años un líder social de esa magnitud de cambio de régimen de gobierno.
    Es la cuarta transformación y estamos en Guerra y la misión es ser una potencia mundial.

    • Miguel Ángel Solis | 19 febrero, 2019 at 14:29 | Responder

      Que tal, Ramiro, buenas tardes. En efecto, es un gran líder con una emorme capacidad para comunicarse con la gente. Difiero contigo en cuanto a que afirmas que “estamos en guerra”, más bien, en política hay visiones encontradas, distantes y muchas veces polarizadas, pero de ahí a estar en guerra, no lo creo. Gracias por tu comentario. Saludos…

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