México 2020: El Error del Sexenio antes del Sexenio

Económica

#PlumasGurú

Por: Michel Chaín Carrillo

Dicen que el “hubiera” es la conjugación más ociosa de “hacerse menso”.  Sin embargo, en el caso de las ciencias sociales, el análisis contrafactual (preguntar el muy odioso “qué hubiera pasado sí…”) resulta útil para hacer comparativos entre alternativas de política económica, sus potenciales resultados y, de esta manera, lo mismo evaluar el desempeño de cierta autoridad que definir mejores prácticas para futuras referencias ya sean prácticas o académicas.  En este caso, les comparto parte de los planteamientos  relevantes del conversatorio realizado el pasado 18 de mayo en Puebla para analizar, desde la perspectiva regional, el manejo que el Gobierno Federal al igual que los locales tuvieron frente a la crisis económica, el impacto del COVID-19 y, con especial interés, la ya tan inminente y ansiada recuperación… ¡qué nada más no se consolida!

El martes 18 de mayo se realizó en la Ciudad de Puebla un Conversatorio para analizar, desde la perspectiva regional, dos de los grandes temas nacionales: la crisis económica que azotó a México marcadamente en 2020 y el efecto de la pandemia de COVID 19.  Tener la oportunidad de participar en una discusión seria sobre la realidad económica del país, de suyo es estimulante y una de esas oportunidades que hacen latir mi corazoncito académicamente ñoño.  Hacerlo con figuras poblanas, especialistas, experimentadas y con proyección nacional, como lo son Blanca Alcalá (ex candidata a la Gubernatura de Puebla, Embajadora de México en Colombia, primera Alcaldesa de la Ciudad de Puebla, entre otros muchos y muy relevantes cargos), Mario Riestra (me brinco todo lo referente a echar cáscara juntos y me voy directo su desempeño como Diputado Local, Líder del Congreso y Secretario del Ayuntamiento de Puebla) y Jaime Oropeza (con quien varios años coincidí en la Secretaría de Trabajo y Desarrollo Económico de Puebla y a quien, cuando terminó mi ciclo ahí, tuve el gusto de entregársela y que ahora se desempeña como Director del Centro de Estudios Económicos de CANACINTRA), es intelectualmente una gozada y un lujo!

Más allá de los parabienes, este tipo de eventos son una magnífica oportunidad para abonar  tanto a la reflexión como a la difusión de la realidad económica del país y, de esta manera,  combatir la información falsa que, de manera muchas veces dolosa, se repite hasta que sectores importantes de la ciudadanía la da por cierta y, como si fuera una especie de “manzana envenenada”, contamina todo lo que se construye  a partir de su incorporación pues, tarde o temprano, terminan por fracasar la prueba de los datos.

Un claro ejemplo se puede observar en lo que sucede con la machacona insistencia del Gobierno Federal, y buena parte de sus intelectuales orgánicos, por asociar la crisis mexicana de 2020 con el impacto del COVID-19 cuando, tanto por una construcción lógica de argumentos como por una cuestión de calendarios es evidentemente falsa.  

Si se toma la tasa de crecimiento del PIB trimestral respecto al mismo trimestre del año anterior (lo que permite tener una perspectiva mayor y evitar fenómenos de cíclicos y recurrentes), resulta que el último registro de crecimiento económico positivo data del el 1er. Trimestre de 2019, en tanto que el impacto del COVID-19 se dio en México hasta el 2do. Trimestre de 2020.  

Dicho de otro modo, la economía de México comenzó a decrecer un año antes de que llegara la pandemia del COVID-19.

El impacto del COVID-19 y las decisiones del Gobierno Federal para hacerle frente, la pandemia profundizó la tendencia recesiva que, de suyo, ya presentaba el país y lo llevó a caídas históricas que superaron con creces a todas las experimentadas desde 1976.  De hecho, la caída de 2020 obligó a buscar referentes similares en las caídas que el “crack” de 1929 generó en México en los años treintas.  La profundidad de la caída de la economía mexicana, resultado de la combinación de la errática conducción económica, resultó en una caída histórica para el 2do. Trimestre de 2020 que alcanzó un histórico -18.9% (como comentario local, el ITAEE para Puebla cayó en ese mismo 2do. Trimestre -29%).

En términos internacionales, fue tal la debilidad provocada por el Gobierno de la 4t que siendo el mismo COVID-19, la misma pandemia (evidentemente en todo el orbe) y la misma crisis económica, México cayó prácticamente el doble de lo que lo hizo en promedio el mundo.  Aún más, la economía nacional cayó más que nuestros socios comerciales regionales -Canadá y los EE.UU.- y también superó la caída registrada por Brasil con quien se compite por los primeros lugares latinoamericanos.  Por si faltara algo, para 2021 se espera que tengamos una recuperación más lenta.

El propio Presidente López Obrador criticó acremente el crecimiento de 2% promedio anual que había presentado el país y llegó a hablar de crecimientos del 4 al 6% al año durante su gestión.  ¿En qué momento se pasó de los números alegres, a desconocer al PIB como indicador a tener que asumir la caída y, aun así no cambiar?  Si bien nunca fue particularmente contundente en sus explicaciones sobre cómo iba a lograr dinamizar la economía, una de las frases que recurrentemente utilizara el propio López Obrador en su época de opositor y candidato, es la que mejor explica la génesis de la debacle generada internamente: su incapacidad para separar lo económico de lo político. 

Todavía como “Presidente electo” López Obrador validó la realización de una consulta, a todas luces insuficiente e ilegal, respecto a la viabilidad y continuación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en la zona de Texcoco (NAIM); todavía peor, de manera publica se baso en esa consulta para justificar la cancelación del Aeropuerto, que ya llevaba 30% de avance, tenía fondeo internacional, había sido diseñada por uno de los arquitectos más reconocidos del mundo y le iba a permitir a México competir con Dallas Fort Worth y Panamá por ser el principal clúster aeronáutico de América Latina.

Derráticas dejar de ser un aliado confiable para los inversionistas.

Con prudencia, la recomendación entre los inversionistas fue observar el desempeño de las nuevas autoridades que, en contrapartida, dieron elementos para que los más pesimistas dijeran haber comprobado sus peores temores.  

Desde nombrar a un agrónomo sin experiencia al frente de PEMEX, cuando es la empresa más endeudada del mundo y está al borde de la quiebra; olvidar realizar pedimientos oportunos de gasolina a los EEUU, con lo que dejó al país sin gasolina por una semana y que se argumentara que era la consecuencia de la lucha contra el huachicol; forzar la renegociación de oleoductos que ya habían sido entregados; suspender las subastas y los proyectos tipo “farm out”, que permitían la participación de privados en las tareas de exploración y a PEMEX compartir riesgos; suspender la construcción de la cervecera Constellation Brands, que ya había arrancado su montaje sin mayores argumentos legales; que la Secretaria de Energía de México boicoteara, sólo por convivir, una de las reuniones más importantes de la OPEP en las últimas décadas; hasta buscar cambiar arbitrariamente el marco legal para impedir de facto la participación de las empresas de generación eléctricas privadas, que al momento de comenzar la polémica ya habían invertido más de 20,000 millones de USD en el país y que por medios eólicos y fotovoltaicos lograban producir electricidad a menor precio que la CFE que, de manera increíble, busca quemar en territorio nacional el combustóleo que ya ni altamar aceptan por su alto contenido en azufre. 

De esta manera, mientras el Presidente López Obrados anunciaba que lo económico ya no iba a estar por encima de lo político decisiones políticamente ideologizadas impactaban en lo económico, desintegraban la confianza de los inversionistas en el país lo que, a su vez, se refleja en una reducción constante de las inversiones productivas en el país y, en consecuencia, la generación de empleos.  Todo esto, un año antes del impacto del COVID-19.

Consecuencia derivada de lo anterior, pese a la firma del T-MEC México se perdía la coyuntura de la salida de empresas de la región Asia Pacífico que después de haber vivido el COVID-19 buscaban estar más cerca de los Estados Unidos, se reforzaba la ralentización en la generación de empleos y la economía perdía más y más dinamismo.

En este contexto el impacto del parón ocasionado por el COVID-19, la decisión del Gobierno Federal por reforzar medidas pro cíclicas, como la disciplina fiscal a ultranza en un entorno hiper recesivo, y la concentración de la mayor parte del gasto publico en un puñado de obras que por su ubicación no permiten mayores efectos multiplicadores, además de la nula coordinación con los Estados Unidos para reiniciar la actividad industrial, explican la caída histórica de -8.1% en el PIB para el año.

Caída que, para el caso de Puebla, es aún más agresiva con una caída en el ITAEE de 2020 de -11%, ante una errática propuesta local donde el Gobierno estatal desfasó el regreso a la actividad de la industria poblana tanto de los Estados Unidos como del resto del país y el Ayuntamiento de Puebla, relevante por el peso de la Zona Metropolitana de Puebla-Tlaxcala (ZMPT), se aventó el puntadón de pagar de manera adelantada alrededor de $6,000 millones de pesos ante el riesgo de caer en un brutal subejercicio.

¿Y la recuperación?  Esa pasa por recuperar la confianza de los inversionistas y los mercados.

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