“México, la indiferencia ciudadana y la inacción de las autoridades.”

Mexico

Las próximas Navidades y las fiestas de Año Nuevo no deben ser el Thanskgiving mexicano.

México

#AsídeClaro

David Martínez Staines
@DMSStaines

Como resultado de las condiciones estructurales de nuestro país, y frente al avance incontrolable de la pandemia, México podría sufrir, dentro del primer trimestre del 2021, la muerte acumulada de más de medio millón de personas; una cifra escalofriante que debe sacudir todos los cimientos de la sociedad mexicana, desde la clase política hasta las organizaciones sociales y la población en general.

Entre los grandes errores cometidos por el gobierno mexicano en la materia de la gestión de la crisis sanitaria es no haber aprendido de las pifias de los primeros países que sufrieron el azote del virus. El presidente López Obrador, ante la oleada creciente de enfermos en países como Italia y España, y ante el confinamiento obligatorio decretado en ciudades como Madrid y Milán, enviaba mensajes contradictorios, mostraba estampitas religiosas y conminaba a los mexicanos a abrazarse. El error ha sido costoso.

Ahora, ante la segunda oleada que golpea el mundo, las autoridades mexicanas parecen destinadas a cometer nuevos errores. Mírese el caso de los Estados Unidos. Dos semanas después de las celebraciones de Thanksgiving, los casos han aumentado exponencialmente. Para México, las Navidades y las fiestas de fin de año pueden convertirse en el Día de Acción de Gracias en su versión mexicana; y no precisamente por el pavo y por la salsa de arándanos. Es decir, podríamos esperar, en caso de que no se tomen acciones pertinentes ante la emergencia, un alza espeluznante de casos hacia la segunda quincena del mes de enero.

El gobierno de López Obrador y las autoridades estatales —principalmente los gobernadores de los estados mayormente afectados y con más caótica saturación hospitalaria— deben tomar medidas de emergencia. Si bien el marco constitucional garantiza el derecho de libre tránsito, y la propia Carta Magna no contempla la suspensión temporal de derechos ciudadanos ante una emergencia sanitaria, las autoridades deben hacer uso de todas sus competencias legales para limitar la movilidad.

El caso de la Ciudad de México es dramático. Basta con dar un paseo un sábado por la tarde por los barrios de la Condesa o la Roma para caer en la cuenta de que millones de capitalinos no temen más al virus; derivado de un discurso desgastado y un hartazgo colectivo. Restaurantes y bares repletos en cada esquina, con cero miramientos hacia la sana distancia. Lo anterior, aunado al laxismo de las autoridades, ha conducido a una indiferencia de la ciudadanía y a un valemadrismo en su acepción más mexicana.

Por otra parte, las exhortaciones de Claudia Sheinbaum vía Twitter para que los capitalinos no organicen fiestas decembrinas no tendrán eco si no van acompañadas de un endurecimiento de las medidas dirigidas a hacer cumplir los reglamentos a los establecimientos públicos. Según ha trascendido, en los municipios del Estado de México contiguos a la capital, tales como Naucalpan y Huixquilucan, establecimientos operan como si el país estuviese aislado de la pandemia, permiten fiestas clandestinas en ambientes cerrados (una vez que ha expirado el tiempo oficial permitido como restaurante) haciendo factible un contagio colectivo para decenas de personas.

Las próximas Navidades y las fiestas de Año Nuevo no deben ser el Thanskgiving mexicano. Para ello, ante la indiferencia de millones de mexicanos, las autoridades están obligadas a hacer uso de toda la potestad que les confiere la ley para evitar el más catastrófico inicio de año en la historia del México contemporáneo.

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David Martinez Staines
Analista político, colaborador de Zona Publica en Efekto Tv noticias.

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