México y la Esperanza en el Porvenir

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#PlumasGurú

Por: Michel Chaín Carrillo

El pasado 2 de enero, el Presidente López Obrador grabó un discurso donde se dijo optimista respecto al 2021, manifestó su esperanza en el porvenir y explicó sus razones.  A lo largo de poco más de 33 minutos, con su estilo cansino y haciendo el esfuerzo de utilizar datos y cifras, es muy posible que el Presidente haya logrado embelesar a sus seguidores más fieles. Desafortunadamente para México, y también para el Presidente mismo, lejos de transmitir confianza a los mercados el mensaje deja un sabor amargo en la boca, una sensación de hueco en el estómago y una pregunta en el aire: ¿el Presidente sabe y nos miente o el Presidente no sabe y le mienten?

Muchas veces se ha acusado a la economía de ser fría, carecer de algún tipo de “compromiso social” y no ser solidaria, así como a los economistas de ser engreídos y soberbios.  En el caso de la economía, la crítica es totalmente cierta y, de hecho, hay algo de reconocimiento en ella pues, de no ser así, simplemente no sería la ciencia que explica como gracias a ciertas señales (los precios) se puede lograr la distribución más eficiente posible de los bienes y servicios en una sociedad (lo otro, reclámeselo y discútalo con su economista de confianza, porque lo más probable es que si algún economista le cae mal le caería mal aunque se dedicara a hacer macramé).

Un poco en el sentido del positivismo que hiciera famoso Comte, la Economía como Ciencia se dedica a estudiar a la escasez sin emitir juicios de valor (aspectos subjetivos y siempre discutibles como “bueno”, “malo”, “bonito” o “justo”) y, dado que se requiere que haya escasez para que sea útil la Economía (si hay tanto de un producto que de manera natural todos tienen suficiente, no hay necesidad de ponerle precio y no tiene caso estarlo analizando), desde 1776 viene insistiendo en que el mercado es el mecanismo más eficiente y eficaz para la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios escasos, pero deseados, por la sociedad.

¿La economía ofrece la mejor alternativa? En términos de eficiencia y eficacia, sí.  ¿La economía es perfecta? Difícilmente, pero históricamente ha sido la alternativa más deseable, comparada con el feudalismo que la antecedió y los inventos colectivistas ensayado desde el Siglo XVIII y hasta la actualidad.  ¿La economía es justa? No y nunca ha sido esa su pretensión.  ¿Permite por si misma el desarrollo armónico de los pueblos y su fraternidad? Únicamente en el improbabilísimo escenario de que la respuesta más eficiente y eficaz fuera la misma que resultara la más deseable socialmente en ese momento específico del tiempo (porque los deseos de la sociedad cambian con el tiempo), lo cual es prácticamente imposible.  ¿Los ciudadanos de manera individual podemos incidir en la economía o no contamos ni importamos para ésta?  Todos los días, todos y cada uno de nosotros, con nuestras decisiones sobre lo que compramos y vendemos no sólo incidimos en la economía, sino que la hacemos posible.  ¿Si el resultado del mercado no es el más conveniente para la sociedad es posible hacer algo para modificarlo aunque sacrifiquemos algo de eficiencia y eficacia?  La respuesta es sí y, de hecho, para eso existe el Gobierno.

Aterrizando ya en el caso mexicano en este inicio de 2019, el Gobierno no sólo existe para corregir conductas, como los monopolios, que impiden al mercado alcanzar mayores niveles de eficiencia y eficacia; también existe para intervenir entre oferentes y demandantes, quitarles algo de utilidad, y canalizarla a objetivos socialmente deseables como la atención a adultos mayores o jóvenes que presenten alguna discapacidad, tal como lo hacen dos programas del Gobierno Federal en México al igual que los gobiernos de otros muchos países.  Si se entiende el funcionamiento del mercado y se cuenta con el respaldo popular que democráticamente avale la decisión, se puede intervenir en el mercado cuidando contener y minimizar las pérdidas y maximizando los beneficios sociales del mayor gasto público.

Desafortunadamente el Gobierno de la cuatroté ha demostrado a lo largo de ya dos años que no entiende el funcionamiento del mercado y, con su mensaje del 2 de enero, el Presidente lo confirma.  

¿Es fundamental para México el petróleo y los datos sobre gasolinas, diésel y turbosinas reflejan una mejora real para el país? Importante, sí; fundamental, no.  En los 80’s lo fue, pues México dependía del hidrocarburo para sostener el creciente gasto público y para generar divisas, pero al final resultó que no hay atajos y el país quebró.  A pesar de la evidencia histórica, el Presidente está convencido de que él sí va a poder gastar más sin romper la disciplina fiscal pero sin tomar en cuenta que el petróleo ya no es el negocio que fue hace 30 años, que en condiciones normales las exportaciones petroleras son del 5% y la tendencia mundial es hacia las energías renovables.  Podrá ser fundamental para el Presidente, pero no lo es para el país.

Algo similar sucede con los datos del empleo, pues el Presidente se aferra al dato del millón de empleos que dio de baja el IMSS, pero se olvida del dato del INEGI sobre desocupación, que refleja que alrededor de 13 millones de familias mexicanas se quedaron sin su fuente de ingresos, a raíz de la crisis asociada al COVID-19, la mala conducción económica observada desde 2019 y la polémica y pro-cíclica decisión del Presidente López Obrador de no apoyar a las empresas micro, pequeñas y medianas empresas para que no cerraran, pero sí seguir financiando la realización de grande obras.  En abril, ya con la pandemia cerniéndose sobre el país, se comprometió a generar 2 millones de empleos y hoy esa promesa simplemente desapareció sin que nadie diga nada.

Muchas veces se ha comentado que la razón de la debilidad de la economía mexicana, que la hizo tan frágil frente a la crisis asociada al COVID-19 está asociada a la “crisis de confianza” que ha alejado a las inversiones de México.

¿Alguien cree que las medias verdades, las medias mentiras, las mentiras plenas, la tergiversaciones o los “otros dados” son la manera de revertir la desconfianza que México ha generado los últimos dos años? ¿O qué la conducción económica de la cuatroté, y su apuesta por PEMEX, ha sido tan exitosa como para que México no tenga que preocuparse por atraer inversiones productivas que generen empleos bien remunerados?

Yo tampoco.

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