“Paridad de género a la mexicana”

Mujeres
Mujeres

#AsídeClaro

David Martínez Staines
@DMStaines

No son un puñado de sumisas que cuando el poder patriarcal dice que se sienten o que se callen, obedezcan sin protestar y bajando la cabeza.

Recuerdo muy bien que durante mi adolescencia vi varias veces la película “Bajos Instintos” (Basic Instints), aquella que convirtió en estrella a la actriz norteamericana Sharon Stone, a partir de una secuencia de menos de 10 segundos que han sido quizá los más rebobinados de la historia desde que las películas fueron accesibles al público en sus hogares a través de formatos diversos, lo mismo el cassette VHS que uno iba a rentar a Blockbuster, que los discos compactos digitales, los sistemas de televisión por paga que permitían grabar si la programación te tomaba ocupado, y por supuesto, mediante las grandes empresas que dominan hoy en día el streaming digital.

La escena se desarrolla, como todo mundo sabe, en una oficina policiaca donde un grupo de agentes interrogan a la escritora Catherine Tramell, interpretada por Stone, como sospechosa del homicidio de su novio, Johnny Boz, muerto en condiciones similares a una novela escrita por Tramell. El personaje habla con una soltura avanzada para la época (1992, año de la balcanización de la antigua URSS, de la elección de Clinton y de protestas raciales en California por el asesinato de Rodney King; de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, de Nelson Mandela, del fallido golpe de estado chavista en Venezuela y del populismo de Manuel Antonio Noriega en Panamá y de Fujimori en Perú) sobre la relación íntima que mantenía con la víctima del crimen que investigan las autoridades.

–Tendría que ser muy estúpida para matar a alguien tal y como lo describo en mi libro. Me estaría declarando a mí misma, asesina, dice Stone a los policías que tratan de acosarla preguntando si amarraba a su novio en la cama, o si utilizaba drogas mientras estaba con él. Ella responde con soltura que sí, y pregunta a Nick Curran (Michael Douglas) si lo ha hecho estando bajo el influjo de la cocaína.

Lo que ocurre luego es el cruce y descruce de piernas más erótico hasta nuestros días en la industria cinematográfica, unos instantes apenas, magnificados por la mirada de tres o cuatro agentes policiacos que acompañan a Mr. Douglas en la escena que convirtió a la originaria de un pequeño condado de Pensylvania, en fulgurante símbolo sexual. Aquella imagen que muchos atesoran en su memoria, fue objeto de protestas diversas, no sólo de la actriz que con todo y la fama adquirida de femme fatale denunció un presunto engaño por parte del director de la película, sino incluso de organizaciones promotoras de lo políticamente correcto, tanto dentro del conservadurismo, que se daba golpes de pecho mientras seguramente rebobinaba la cinta en la casetera, como de organizaciones a favor de movimientos lésbicos y gays, que consideraban que la escena era el uso prototípico de la imagen de la mujer como objeto.

El guion de aquella película fue escrito, por supuesto, con una visión machista, la de presentar a una mujer capaz de engañar a todo el mundo a partir de su condición de género y del uso desvergonzado de lo erótico para hacer realidad sus perversos planes. Pero si bien nos han metido en la cabeza que lo que “pasa en las películas, pasa en la vida real”, lo cierto que estereotipar a las mujeres a partir de ese tipo de imágenes no es la mejor forma de representar lo que las féminas son en el mundo y en el país.

Por supuesto, tampoco son aquellas que los consejeros del INE creen que son, un puñado de sumisas que cuando el poder patriarcal dice que se sienten o que se callen, obedecen sin protestar y bajando la cabeza. Ni brujas malvadas, ni ambiciosas sin sentimientos, ni pobrecitas a tutelar en materia laboral, económica o política. Las mujeres han ganado espacios de participación pública y de reivindicación a través de una lucha constante casi siempre al lado, y en algunas ocasiones, en contra de los hombres. Pero a la igualdad a la que aspiran es de oportunidades, no es aquella que se convierte en cuota obligatoria en detrimento de los derechos del otro, en este caso, de los hombres.

Vale la pena reflexionar si las mujeres toman decisiones de Estado sustantivamente diferentes y/o mejores que sus contrapartes. El cambio de paradigma tal vez no dependa sólo de una cuota. La participación de las mujeres en la vida pública es histórica, pero no necesariamente reconocida o suficiente, impensable una Revolución Mexicana sin Adelitas, la Independencia sin Josefa Ortiz de Domínguez, el voto de las mujeres sin esa primera iniciativa de Hermila Galindo, la diplomacia sin Olga Pellicer y Rosario Castellanos, la primera gobernadora Griselda Álvarez, entre muchas otras mujeres que han abonado a la construcción de este México tan imperfecto. No ha sido menor la lucha por abrir lugares para su participación, de ahí que surgieran las cuotas de género, una herramienta de acción afirmativa que reserva un porcentaje determinado a puestos de toma de decisión y candidaturas políticas para las mujeres.

Por eso me parece un despropósito que se decrete, al estilo del presidente López Obrador ordenando parar para siempre las inundaciones de Tabasco, que en las elecciones del 2021 al menos siete de las 15 candidaturas a gobernador en los partidos políticos, sean para ellas. Sin lugar a dudas, conozco a decenas, a cientos de mujeres que tienen los merecimientos para dirigir y para administrar a un municipio, a un estado y al país. Lo han hecho y con éxito mujeres como Dulce María Sauri, como Beatriz Paredes, Rosario Green, por ejemplo; me parece que tienen méritos para seguir creciendo en el servicio público, Patricia Mercado, Xóchitl Gálvez, Lilly Téllez, Cecilia Soto, Adriana Dávila, Lorena Beauregard, Martha Tagle, y qué en la sociedad civil, en el IMCO, en Mx contra la Corrupción y en Sí por México hay figuras que seguramente tendrán y merecen espacios de participación. Pero tenemos que empezar por desechar lo políticamente correcto. Antes, era cerrarles oportunidades. Ahora se corrió la visión al extremo y lo que ellas quieren, se impone por decisión de la autoridad. Ni uno ni otro son aceptables. Como me dijo hace poco una amiga y coincido, las mujeres necesitan romper los privilegios de los hombres pero no para establecer privilegios para ellas sólo por ser mujeres. Si el INE quiere poner cuotas, que haga obligatoria una cuota de inteligencia y otra de honestidad; que para ser candidatos se elija a quienes garanticen ambos requisitos independientemente de su género. Así tendríamos más candidaturas que las que quieren regalarles y que si la Suprema Corte de Justicia de la Nación no interviene, los partidos usarán, como siempre, para postular a las hijas de Manlio Fabio, a las novias del Niño Verde, la hija de Salinas Pliego,  de Morena, del PAN, del PRD, MC, o a la que más aplauda en la mesa que más aplaude.

La paridad de género así concebida, equivale a un éxito de lo políticamente correcto, pero no ayuda a la lucha por la igualdad.

Visits: 316 Visits: 4

About the Author

David Martinez Staines
Analista político, colaborador de Zona Publica en Efekto Tv noticias.

Be the first to comment on "“Paridad de género a la mexicana”"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*