Pecado y pecador: “yo tengo otros datos”

DatosLópez Obrador durante una de sus conferencias matutinas. Foto: EFE

“ENTRE VISIONES DEL PODER”

Miguel Ángel Solís

Cuando una persona quiere defender algún cuestionamiento a como dé lugar porque no tiene otra salida, lo más fácil es decir: está bien (evitando aceptar, a manera de hartazgo), no estoy de acuerdo (posición de fuerza, poder y amenaza); o bien, dame tiempo para pensarlo (duda para volver más tarde por la revancha). En el caso del AMLO, la salida es todas esas juntas, sintetizadas en la ya célebre frase: “Yo tengo otros datos”.

La frase la construye un hombre que tiene el poder para afirmarlo, aunque no aporte los otros datos a los que alude. Es el Presidente y tiene otra información. El mensaje es que sólo él cuenta con todos los elementos sobre ciertos temas, nadie más. 

Lo que todos esperamos, es que el Ejecutivo Federal nos informe acerca de los datos que él posee; sin embargo, no hay manera de que lo haga porque es cómodo para él decirlo así, es una salida fácil, pero estratégicamente planeada.

La idea es comunicar que mantiene una posición “firme” de cierto tema o asunto. De lo que se trata es de “vendernos” su posición, “su verdad incontrovertible”, sea por igual a sus seguidores o detractores. A unos les envía el mensaje de que su líder es seguro, que no se equivoca, que tiene la solución a determinado asunto. A otros, les envía la señal de  que mienten, que lo calumnian porque él “tiene otros datos” a pesar de que nunca los devela, que nunca los muestra.

Se aferra a la idea de que es una campaña en su contra orquestada por “la mafia del poder”; sin embargo y paradójicamente, la frase encierra en el fondo una reiterada forma de mentir. Les dice mentirosos a sus críticos, empleando por delante y contradictoriamente, la mentira.     

De acuerdo a una nota publicada por El Universal el pasado 24 de julio, Diana Patricia Guizar Sánchez, coordinadora del Departamento de Investigación Educativa en la Unidad de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM, afirma que mentir se refiere a decir algo que va en contra de la realidad y se puede expresar en distintas circunstancias.

Mentir -dice la investigadora- requiere de ciertas habilidades cognitivas y de planeación, ya que debe anticiparse a los cuestionamientos que se le harán y la forma en que deberá actuar para poder controlar la situación. Las personas que mienten, activan impulsos de defensa y dejan de lado la conciencia moral; es decir, les gana la improvisación sin importar lo que dicen.

Concluye que recurrir a la mentira constantemente, puede traer consecuencias de depresión, ansiedad y aislamiento y es -afirma quien escribe- lo que menos necesitamos de quien lleva las riendas del país.       

Quien miente tiene y genera dudas. Ante la duda e inseguridad que impone la frase, el Presidente envía  un mensaje contario perfectamente orquestado: apelar a la seguridad de quién es el emisor por el hecho de detentar el poder presidencial ¿Qué nos intenta decir? A sus fieles, que puede con el encargo, que quienes votaron por él pueden estar tranquilos, y a quienes no lo de dieron su voto, hagan lo que hagan, el mensaje es que con él no pueden.

La frase “yo tengo otros datos” está impregnada de arrogancia y soberbia, al tiempo que funciona como un arma psicológica. Por un lado, el Presidente la dice como mecanismo de “ablandamiento” para evitar crear malestar y desesperanza social, principalmente en sus seguidores. Por otro, intenta evitar la  deslegitimación que derivaría en mofas y fake news, que sirve, a su vez, como amortiguador de rumores ante “falsas debilidades”; por ejemplo, que se crea que su gobierno es incompetente.

Decir “yo tengo otros datos” y no presentarlos, también vulnera a las instituciones del Estado. Pone en tela de juicio al gobierno mismo porque no le allega información pronta, veraz y profesional. Además, alimenta la duda que el propio AMLO tiene en la capacidad de su equipo de trabajo y en el aparato público, ahora morenista.   

Las consecuencias de seguir empleando la frase, es que atiza a la descalificación, confronta y pone en duda a partir de su impulso, lo que otros dicen o afirman de su gobierno. Hacerlo sin aportar datos, además genera confusión, zozobra y especulación. No ayuda al país y menos genera confianza en inversionistas y en las propias instituciones. Vulnera también la investidura presidencial.   

A pesar de que la frase intenta infundir duda, también se activa el mecanismo del miedo; es decir, manifiesta un latente reto frente a quienes critican sus dichos y posturas. Amenaza con la provocación de sacar otros datos, mismos que nunca llegan, lo hacen a cuenta gotas o son presentados a modo, apelando a su realidad, a su mundo. El mensaje es: háganle como quieran.  

Decir: “Yo tengo otros datos”, también es una forma de mantener encendida su popularidad y carisma que no puede ni debe perder, es su imagen. 

Es un recurso que emplean gobernantes populistas hinchados de fe en sí mismos que desoyen cualquier advertencia, que desprecian cualquier discrepancia y que viven para el conflicto, pues uno de sus enormes rasgos distintivos es que no se equivocan, que no son ignorantes. Esa es una característica del autoritarismo. Ahí están Hugo Chávez, Nicolás Maduro y el propio Donald Trump.

La frase constituye un exceso retórico que poco contribuye al ambiente de confianza y certeza que requiere el país. Como dijo Robert Browning: “La ignorancia no es inocencia, es pecado”, y parece que el Presidente es pecador a pesar de su cartilla moral.

Liébano Sáenz, en su columna de Milenio Diario el pasado 27 de julio, sintetiza muy bien el asunto de la confianza: ésta -dice- “es difícil de ganarla y fácil comprometerla”. “Yo tengo otros datos” la alimenta, la multiplica, la potencia.

Mientras, sus seguidores aplauden el pecado y festejan al pecador. Al cabo, aunque el inquilino de Palacio Nacional no aporte datos, simplemente es palabra del señor Presidente.  

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Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

2 Comments on "Pecado y pecador: “yo tengo otros datos”"

  1. Decir “yo tengo otros datos” es una respuesta tonta porque nunca da esos datos, o sea todo queda en la imaginación y hace quedar al que da la repuesta como que se siente Dios y que él es el duelo de la verdad absoluta y que el que dio los datos es un mentiroso, pero NO lo comprueba. Ejemplo, SI a un terraplanista le dicen: “Hay pruebas muy claras de que la Tierra es esférica, como el dia y la noche, la desaparición de barcos en el horizonte, la transmisión de eventos en directo via satélite en que se ve que en el mismo momento en Europa es dia y en America es noche, etc. Y el terraplanista responde “yo tengo otras datos” tratando de convencer de que su verdad es la realidad, es una respuesta tonta que le da la razón al otro, NO al que se defiende con su: “tengo otros datos” (a menos que los presente en ese momento y los compruebe). Como AMLO nunca los presenta, siempre queda como el derrotado, el que no se le ocurre otra cosa que su respuesta simple y tonta. AMLO se hace un hara kiri con esa respuesta
    y da pie a que se burlen de él.

    • Miguel Ángel Solís | 16 julio, 2020 at 17:50 | Responder

      Coincido Karlos. En este caso y tratándose de AMLO, es un artilugio que responde, por un lado, a su enorme inseguridad, y por otro, a desviar la atención para hacer creer falsamente que su verdad debe imperar. Agradezco te tomes un tiempo para leerme. Saludos cordiales. Buena tarde.

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