REFINERÍA ME CANSO GANSO, NO PATITO

Pemex
RELATIVISMO POLÍTICO
Por Rafael Lagos Inoriza

La construcción de la refinería de Dos Bocas es un error tan grave o mayor que la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco. 

Como cada semana, procuro entender el pensamiento del presidente López Obrador, para escribir con la mayor objetividad de la que pueda ser capaz. Intento comprenderlo para escribir en esta columna puntos favorables acerca de sus acciones y decisiones durante la semana. 

Busco alcanzar esa comprensión porque entiendo que los jefes de Estado y de gobierno pueden ser muchas veces injustamente incomprendidos, porque aunque gobiernen buscando el bien común, las formas y las decisiones que toman no siempre son bien recibidas porque a veces al beneficiar a unos, afectan a otros; porque no hay recursos humanos, financieros ni materiales que alcancen para resolver los problemas de todas las personas del país y tampoco puede hacerlo al mismo tiempo.

Confieso que lo intento, pero acepto que me es muy difícil lograrlo porque el Jefe del Ejecutivo no ayuda.

El anuncio de que Pemex y la Secretaría de Energía construirán la refinería en Dos Bocas, en el estado de Tabasco porque ¨las empresas licitantes incumplieron” me causó conmoción. Al igual que me ocurrió con el anuncio de la cancelación del aeropuerto en Texcoco, tuve que detenerme para digerir lo que estaba escuchando de su propia voz durante su conferencia mañanera del pasado 9 de mayo. 

En el texto del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 se dedican unos cuantos párrafos a lo que establece como “un propósito de importancia estratégica para la presente administración”, el rescate de Pemex y CFE “para que vuelvan a operar como palancas del desarrollo nacional”, y se señala la construcción de una nueva refinería, sin mayor detalle. O sea que, simplemente, tienen previsto construir una refinería, no importa cómo.

El presidente López Obrador tiene el plan de fortalecer el mercado interno, eso suena bien, el problema es cómo lo está haciendo. Al respecto, dice que no va a construir una “refinería patito”,  ya que con ésta alcanzaremos en 2022 la autosuficiencia en producción de gasolinas, pero habría que preguntarse a qué costo porque nos resultaba más caro refinar que comprar gasolina en Texas e importarla. Yo creo que con la Reforma Energética vigente se puede alcanzar ese objetivo, invirtiendo los recursos en reconfigurar las refinerías existentes, y fortalecer la exploración y producción para fortalecer la soberanía energética y, por otra parte, permitir que las inversiones del sector privado en plantas de almacenamiento y distribución de combustibles líquidos comiencen a funcionar, con lo que se espera que se quintuplique la oferta nacional de gasolina.

Por lo menos, desde el 18 de marzo de 2008, cuando Felipe Calderón anunció la construcción de la Refinería Bicentenario en Tula, Hidalgo, no me parecía mala idea que México contara con una nueva refinería. Los estudios técnicos que se realizaron en aquel entonces indicaban que esa era la mejor ubicación para construir el proyecto porque es en el centro del país donde se demanda mayor cantidad de refinados, especialmente combustibles (gasolina, diésel y turbosina), y como el costo logístico de llevar el combustible desde la refinería hasta el consumidor final representa un problema serio por el huachicoleo y las distancias para suministrarlo que impactan en el precio final como costo logístico, entonces me parecía una buena decisión.

Por eso no entiendo por qué ubicarla en Tabasco, donde, por ejemplo, el desbalance de gasolina es de menos 34 mil barriles diarios y tan lejos de lo que debería ser el mercado objetivo principal que es el centro del país, donde el desbalance alcanza los 188 mil barriles diarios.

La única razón que encuentro es que se quiere llevar agua a su molino. Al estilo de los viejos caciques, el Presidente quiere llevar a su tierra, los 160 mil millones de pesos que se supone costará la construcción en los próximos tres años (tan sólo 50 mil millones están presupuestados para el presente ejercicio); además de beneficiar a los tabasqueños con 100 mil empleos que dice que se van a crear durante la construcción que iniciará el 2 de junio próximo (supongo que para ese día ya habrán resuelto los temas pendientes en materia de impacto ambiental) y culminará en mayo de 2022. No tengo nada en contra de la gente de Tabasco, sólo lo menciono para explicar las razones que intuyo forman parte de la decisión de llevar a cabo este proyecto en ese lugar.

Dice el Presidente que “se oponen porque no les gusta que cambie la política económica como está sucediendo, y vamos a hacer la refinería en tiempo y forma de acuerdo al presupuesto”, y agrega que la va a construir Rocío Nahle, “ingeniera petrolera; va a ser la directora de la obra, tenemos técnicos e ingenieros mexicanos capacitados”. ¿Es en serio? No dudo de la capacidad de Nahle ni de los técnicos mexicanos para llevar a buen puerto ciertas actividades de la industria petrolera, pero ¿para construir una refinería? Pues que nos platiquen cuántas han construido y en donde para no desconfiar de ellos. 

Con el anuncio, los mercados cambiarios mostraron su sorpresa al aumentar la cotización del dólar unos centavos, pero creo que todavía no se siente el impacto que tendrá esta decisión cuando las calificadoras vuelvan a emitir sus opiniones sobre el riesgo de la deuda de Pemex y su impacto en la soberana mexicana. De hecho, Moody´s reprobó que el gobierno construya la refinería de Dos Bocas porque considera que la inversión generará más presión financiera a Pemex. Concanaco-Servytur afirma que al proyecto le vendría bien la inversión del sector privado y Banco Base que, afirma, no será rentable y pone en riesgo las finanzas públicas.

Ojalá me equivoque y en 2022 me trague mis palabras, y sea un admirador de la Cuarta Transformación.

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