4T: FRENTES ABIERTOS Y LA PLUMA DEL GANSO

presidente
“Entre Visiones del Poder”
Por: Miguel Ángel Solís

Andrés Manuel López Obrador buscó ser Presidente de México a costa de lo que sea. Se enfrascó en ese viaje, gestando batallas y luchas por más de 30 años. Antes, hace 43, inició su carrera en el PRI apoyando la candidatura al Senado de su paisano Carlos Pellicer. El recorrido ha sido largo, dejando en el camino amigos, enemigos, damnificados, leales, aciertos y desaciertos. 

Hay quienes comparten sus formas y métodos, otros no. Algunos critican su pasado priísta, otros lo han olvidado y muchos más ni siquiera lo registran. 

Su afanosa idea de acabar con la corrupción fue y es su causa, misma que es abrazada por la mayoría de los mexicanos. La abanderó y entendió muy bien. Fue parte sustancial de su éxito para convertirse en jefe del Ejecutivo.  

Hoy es Presidente y ejerce ese poder. El periodo de ofertas y consignas terminó; sin embargo, sigue en campaña. Ahora no sabe bien a bien qué hacer ni cómo para cumplir con lo que él y nadie más que él prometió durante décadas. No es igual estar al frente del Estado, a ser candidato. A prometer y luego cumplir. Ahí estriba gran parte del reto que tiene como gobernante y eso tiene costos: abrir frentes. 

Parece que no entiende, no quiere entender o lo entiende tan bien que pretende gobernar con dichos y con conferencias de prensa diarias, que hoy llegarán a 112. 

El suyo, es un gobierno que trae prisa. Decide emprender acciones y programas que en la mayoría de los casos, se ejecutan sin planeación y aparecen frente a nuestros ojos como ocurrencias. 

Los virajes en la implementación de “sus” políticas públicas, ahora resultan más onerosas. Muestra de ello es el incremento en los costos del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y el enorme pago por la cancelación del NAICM. Esto nos pega a todos porque lo erogaremos los mexicanos y el Estado se endeudará crecientemente. 

Puede más su obstinada idea de que “todo lo del pasado no sirve”. A esto sumémosle su empecinada forma unipersonal y soberbia de gobernar. Todo esto junto, nos puede salir aún más caro. 

Su equipo de trabajo está literalmente borrado del mapa. Todo gira en torno a él. Emite instrucciones a sus colaboradores a quienes, incluso toma por sorpresa. Los reprende públicamente y en ocasiones los contradice. El subsecretario Arturo Herrera o su jefe de Oficina Alfonso Romo, lo han padecido en carne propia. En vez de cohesionar a su equipo, lo separa. Sus fieles hacen como que no pasa nada, profesándole “lealtad desmedida”. Los moderados, aguantan con prudencia. 

Tiene a una parte importante la sociedad en su contra. Él también lo ha propiciado. Es experto en alimentar la división entre los mexicanos. De “fifís” y “conservadores”, ni hablemos. La prensa que no está con él, es señalada  y estigmatizada por obedecer intereses aviesos de lo que llama “la mafia del poder”. Eso no gusta y los medios se defienden. Es natural.

Los sindicatos que no están alineados a la denominada “Cuarta Transformación”, son acallados y desplazados; incluso, los afines a su “proyecto de nación”, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Empiezan a surgir movilizaciones encabezadas por las responsables de las canceladas guarderías infantiles, por los propios maestros de la CNTE, por los burócratas despedidos, y por los médicos que no reciben sus sueldos o se inconforman debido a la escases de medicamentos y pruebas neonatales. No digamos los llamados “fifís” que marcharon en contra de las decisiones e imposiciones presidenciales.

Los empresarios nacionales y extranjeros, así como las calificadoras internacionales que ponen en tela de juicio la viabilidad en inversiones por la perspectiva negativa de nuestra economía, son tratados por el Presidente con menosprecio y críticas devastadoras. 

La confianza en México se desvanece, producto, en buena medida, de su obsesiva idea de invertir los pocos recursos del Estado en la construcción de la refinería de Dos Bocas, que a la luz del análisis de expertos, es inviable desde el punto de vista técnico, financiero y productivo. No en balde las licitaciones se declararon desiertas. Ninguna empresa privada quiere participar en algo que no será negocio. 

Esto pegará más temprano que tarde en nuestra economía, como ya se empieza a ver. Crecimos apenas 0.2 por ciento, que no se veía desde el gobierno de Ernesto Zedillo. 

Eso sí, ni una palabra en materia de energías alternativas, renovables. Éste, es otro sector que se echó encima y no es menor por la inversión realizada y los proyectos en puerta para disminuir la huella de carbono a la que nuestro país se comprometió en reducir en un 25 por ciento hacia 2025. Esto no le importa al Presidente. 

AMLO ha abierto muchos frentes y como se ven las cosas, se abrirán más. No hay manera de cómo cerrarlos. Más bien parecen ahondarse. Pero esos frentes abiertos, le hacen “lo que el viento a Juárez”, su prócer predilecto.  

Es entendible que se afecten intereses, cuando lo que busca es un cambio radical en la forma de ejercer el poder; sin embargo, una cosa es desenvainar la espada por capricho, enojo y resentimiento, y otra, hacerlo con inteligencia, planeación, olfato y prudencia, como demanda la investidura de un buen jefe de Estado.    

Una cosa es gobernar para quienes le dieron su voto y otra para todos los mexicanos. Una cosa es decir que su intención es ésa, pero otra muy diferente, es demostrar que hace todo lo contrario. Su perorata diaria contra quienes no comparten su proyecto así lo demuestra. 

Se ofusca, arremete; oye, pero no escucha. Eso abre heridas, genera voces discordantes y agranda la franja de enemigos, muchos de ellos poderosos.

Qué bueno que caminemos hacia un país donde la corrupción y la impunidad sean cosa del pasado. Todos queremos que se acabe y que exista un país donde se aplique la ley a secas.  

Qué mal que se haga a capricho de un solo hombre y que su ejemplo no permee todas y cada una de las decisiones que toma. Ahí están las licitaciones a modo, los cargos públicos y sindicales para amigos y compadres, los vaivenes presupuestales que nos costarán más, y un Plan Nacional de Desarrollo que carece de indicadores serios en cuanto a objetivos y metas.   

Mientras, sus fieles festejan al Señor Presidente todo lo que dice y hace. 

Los otros, los marginados por AMLO, los que no están con él, los del resto, esos que no entran en la canasta de los 30 millones de votos, que aguanten sus designios y ocurrencias. 

Al cabo, son muchos frentes abiertos y uno más no hace daño. Qué más da: aunque marchen y se expresen, no habrá manera -por ahora- de quitarle una pluma al ganso.   

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About the Author

Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

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