Romo: entre el fracaso y el cinismo

Romo

Michel Chaín Carrillo

Si Alfonso Romo como empresario fue una figura de clarobscuros, en su nuevo rol como Jefe de la Oficina del Presidente López Obrador su figura se vuelve casi mítica.  Señalado directamente por el ex titular de la SHCP en la Administración del propio López Obrador, Carlos Urzúa, por tráfico de influencias, Romo se mueve en Palacio rodeado de un halo de misterio, intereses de todo tipo y polémica.  Ahora acude a uno de los periodistas más satanizados por la cuatroté, Joaquín López Dóriga, a dar una entrevista que abona su polémica y leyenda, al grado que no se puede estar seguro de que esté abriendo su pecho o nos esté viendo la cara una vez más. 

Pese a su vinculación con los capitales regiomontanos, Alfonso Romo nació en la Ciudad de México en 1950 y fue hasta su entrada al Tecnológico de Monterrey, para estudiar ingeniería agrícola, que se asentó en tierras nuevoleonesas.  A partir de ahí su vida y polémica detona: acercamiento al Opus Dei y los Legionarios de Cristo, oficialización de su entrada a la oligarquía regia gracias a su matrimonio con Maca Garza Lagüera, la compra de Cigarrera La Moderna y fundación de Pulsar, cercanía con Pedro Aspe Armella y Carlos Salinas de Gortari, participación como jinete en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y Atenas 2000, escándalo por su vinculación con Augusto Pinochet, participación activa en la campaña presidencial del panista Vicente Fox, defensor del fallido Plan Puebla-Panamá, expulsión y recuperación de Grupo Savia, vinculación con Andrés Manuel López Obrador y, ahora, Jefe de la Oficina del Presidente de la República.

Si su trayectoria resulta sui géneris, por decir lo menos, su desempeño como servidor público en apenas 2 años no se queda atrás.  Al momento de presentar su renuncia a la SHCP y a la cuatroté, después de que el Presidente López Obrador rechazara el Plan Nacional de Desarrollo elaborado por la SHCP y, en su lugar, presentara un mamotreto ideológico como el PND de su Administración, pese a carecer de los elementos más básicos de la planeación gubernamental moderna (de estar enfocado a los presupuestos basados en resultados -PbR- o a vincularse con las actividades de programación y presupuestación, mejor ni hablar), Carlos Urzúa señaló directamente a Romo no sólo por entrometerse en los nombramiento de funcionarios dentro del ámbito de competencia de Hacienda, sino de ser por quien pasa el tráfico de influencias en el Gobierno Federal.

Lo anterior dentro de una Administración Federal que, en aquel entonces, todavía presumía que “no era igual”  a los gobiernos que la antecedieron y que uno de sus pilares era el combate frontal a la corrupción, sin que se dieran miradas cómplices, otras reprobatorias y una que otra risa, no fue cosa menor.

A raíz de la salida de Urzúa, la figura de Romo tomó un estratégico bajo perfil mediático que terminó la semana pasada.  

Ave de tempestades, Alfonso Romo fue entrevistado por uno de los comunicadores más satanizados por la cuatroté, Joaquín López Dóriga, y lo dicho no tiene desperdicio.  Así haya sido por descuido u obedeciendo a alguna agenda ulterior, pero las palabras de Romo ilustran las inconsistencias, las falsedades y hasta la falta de foco estratégico que hacen que la cuatroté y el desempeño económico nada más no logren ser compatibles.

Al inicio de la entrevista, Romo apunta que “la responsabilidad del gobierno es dar certidumbre jurídica, normativa y de seguridad física, para entusiasmar al inversionista nacional y hacer que el país se fortalezca económicamente”.  Ya encarrerado, refuerza señalando “si no hay inversión, no hay crecimiento, no hay economía moral que sostenga al país. La certidumbre jurídica, la normativa, la seguridad física son fundamentales, sobre todo la jurídica y normativa, hoy estamos en emergencia y hay que atacar invirtiendo”.

¿Qué tiene de malo lo dicho por Romo? En realidad, nada… y ese es precisamente el problema.

Alfonso Romo está reconociendo que la gente en el Gobierno Federal sabe perfectamente lo que se requiere para que el país vuelva a ser receptor de inversiones productivas y, de esta manera genere nuevos empleos, haya dinero en más hogares, se reactive el consumo y, vía el impulso a la Demanda Agregada, la economía mexicana vuelva a crecer.  ¿entonces por que llevan dos años haciendo justo lo contrario?

Como si se tratara de humor negro o un pasaje de”1984”, en contrasentido de lo dicho por Romo, la realidad económica de México es una de variables relevantes, como la Inversión Fija Bruta (IFB) que permite conocer la inversión productiva en el país, que al mes de junio de 2020 está -25. 2% por debajo de lo que registrara apenas hace 12 meses.  Un chiste muy cruel si partimos de que en 2019, previo al impacto de la crisis asociada al COVID-19, el PIB de la economía mexicana decreció un -0.1% y generó la mitad de los empleos netos registrados en 2018 ante el IMSS.

En 2020, que el PIB mexicano cayó, tan sólo en el 2do. Trimestre del año, casi el 20% y alrededor de 14 millones de mexicanos se quedaron sin su fuente de ingresos, Romo señala que “si tú quitas el sector energético, en el resto de los sectores no hay problema. Hemos tenido discusiones con el sector privado, pero nos hemos puesto de acuerdo”.  

Paradojas de la vida, Romo parece olvidar que el origen de la crisis de confianza que lastra a México y aleja las inversiones que tanto requiere el país, no se originó en el sector energético (aunque ciertamente se ha reforzado por la absurda campaña contra los privados que generan electricidad por medios eólicos y fotovoltaicos) sino antes de que el Presidente tomara protesta como titular del Ejecutivo Federal cuando, en su calidad de Presidente electo, avaló la realización de una consulta a todas luces irregular e insuficiente,  pero que sirvió para justificar la cancelación del que fuera llamado Nuevo Aeropuerto Internacional de México” o NAIM en Texcoco.

El mismo proyecto que el propio Romo aseguró, tanto en privado como en medios de comunicación y hasta el último momento, que no se iba a cancelar.  Un chiste muy cruel o ya llevan mucho tiempo viéndonos la cara.

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