Salud sin tiempo que perder

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#La Pausa
Por Jaime Gutiérrez Casas

Durante varios años, el paradigma del combate a la pobreza se centró principalmente en el tema alimentario. Pobreza y hambre estaban vinculados de tal manera que las políticas de gobierno implementadas por el gobierno se dirigían sobre todo a combatir la hambruna, a fortalecer la seguridad alimentaria. Así por ejemplo, En 1965, junto con la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), se creó la Compañía Hidratadora de Leche, que en 1972 se transformaría en Liconsa, con el fin de ayudar a las personas más necesitadas. En 1980, en el sexenio del presidente López Portillo se impulsó el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), el cual tenía dos objetivos principales, el primero el gobierno se comprometía a suministrar los recursos financieros y materiales necesarios para incrementar la producción de alimentos básicos. La idea principal era recuperar la autosuficiencia en la producción de maíz y frijol y la de otros productos básicos. El segundo objetivo era el de mejorar la distribución de alimentos, de tal forma que la población que se encontraba desnutrida pudiera obtener una dieta adecuada.

En los años 80s para focalizar los apoyos se crearon los Tortivales y Tortibonos, cuyo objeto era proporcionar tortilla y leche para las familias más pobres. Es a finales de los años 90s, específicamente en 1997 cuando se crea el Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa) con lo que el paradigma del combate a la pobreza cambia 180 grados ya que ahora la idea fue apoyar tres necesidades básicas: educación, salud y alimentación. El apoyo consistió en darles herramientas a las familias para superar la marginación y aspirar al bienestar. La atención ahora no nada más fue en el tema alimentario sino ahora se vería de manera integral incorporando tanto la educación como la salud.

En cuanto a la salud, las familias recibieron atención gratuita para los problemas más comunes, con un especial énfasis en la educación preventiva, el objetivo era que los niños crecieran sanos, bien alimentados y con las vacunas; en el caso de las mujeres se atendieron, sobre todo, los embarazos y partos, a la vez que se hizo hincapié en la prevención y detección de enfermedades como el cáncer. Progresa permitió ofrecer cursos en materia de salud, nutrición e higiene, dirigidos principalmente a las mujeres. Progresa evoluciona y cambio en 2008 a Oportunidades y a Prospera en el 2014 donde se incorpora además lo relacionado a inclusión social, financiera y laboral.

Durante el sexenio del presidente Vicente Fox, al crearse Comisión Nacional de Protección Social en Salud y su brazo operador que fue el Seguro Popular se buscó mediante del aseguramiento público en salud, brindar protección financiera a la población que carecía de seguridad social, garantizando su acceso a servicios de salud. 

Grandes esfuerzos para fortalecer la atención de las familias con mayores carencias se hicieron durante los últimos años, de acuerdo con el CONEVAL, la carencia por acceso a los servicios de salud fue la que más disminuyó entre el 2008 y el 2018 al pasar de 38.4% a 16.2%. Sin embargo a pesar de los resultados en octubre de 2019 el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció la desaparición del Seguro Popular y la creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI), el cual comenzó a funcionar a partir del 1º de enero de este año.

Los resultados hasta ahora son desalentadores, el INSABI nació en la ocurrencia, su mal funcionamiento, su baja calidad en la atención, la escasez de medicinas es más que evidente. El gobierno del presidente López Obrador prefirió desaparecer el Seguro Popular y Prospera y con ello desechar políticas públicas que estaban funcionando, por una apuesta no nada más arriesgada, como país estamos dando un salto sin red protección.

Ya lo hemos dicho anteriormente en este espacio con la salud no se juega, no hay tiempo que perder, pedir tiempo para que el INSABI empiece a funcionar es tan absurdo como pedirle a la gente que no se enferme y lo peor que no se muera. Las imágenes que hemos visto en los noticieros y en las redes sociales cada vez son más desgarradoras y preocupantes, matar al Seguro Popular y a Prospera un gran error que costará muy caro al país.

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