SOBREVIVIENTES

Transformados
Transformados
El Callejón de las Letras Rotas
Laura Sánchez Flores

¿En qué día vamos? No sé. No me preguntes porque ya perdí la cuenta. Ese hombrecillo en la  radio, sí, ese que dicen que es  un erudito (pero que en realidad  es un títere entrenado), no deja de decir lo mismo una y otra vez, que pronto esto se va acabar, que nos cuidemos, que no salgamos durante la noche y que no toquemos nada con rastros de algo pegajoso…  Las cifras dicen que son 150,000 “transformados” en un lugar donde eran 100,000 habitantes, ¡ilógico! Las pendejadas van en aumento, así que apago la radio. No me interesa perder mi tiempo con las cifras maquilladas de hoy y además, la recepción de la señal es muy mala. Tengo problemas más grandes que los números inventados por la gran élite, esos que viven en las enormes y lujosas torres protegidas tras los muros de granito, que prácticamente aparecieron de un día para otro.

Me voy a la cocina. Pongo la cafetera bajo el grifo y nada. ¡Chispas! Tendré que salir para ajustar el sistema si quiero tener agua porque hoy, no me quedo sin mi café. Si mi madre me viera, me diría que estoy loca por arriesgarme por algo tan insignificante. Tomo la escopeta que siempre  tengo cerca de mí; es vieja pero es mi compañera. La encontré cerca de un cuerpo que aún se convulsionaba por el ataque que había sufrido. Justo se estaba transformando, así que le metí un buen tiro antes de que se volviera un peligro. “Perdóname wey”, le dije, y acabé con él, con la que supongo era su escopeta, de esta manera evité su transformación.  

Quito los cerrojos, uno por uno, con cuidado, poniendo atención al ruido del exterior. Apenas comienza a meterse el sol, así que aún tengo unos minutos para cumplir con mi objetivo. Al poco tiempo de que esto inició, modificamos nuestras casas con lo que teníamos al alcance. Las tapizamos por dentro con cobijas, alfombras, madera, plástico, y todo aquello que ayude a amortiguar el ruido. Las ventanas tienen enrejados al igual que las entradas. Éstas últimas se aseguran con pasadores que colocamos para evitar la entrada de los indeseables. Tal vez exageramos porque los transformados no son muy inteligentes, pero prefiero estar segura y tranquila, a llevarme una mala sorpresa en medio de la noche.

Recorro el último seguro y salgo despacio. Por un momento alcanzo a sentir el calorcito del sol antes de que se oculte. Me dirijo a los contenedores elevados y abro y cierro llaves. Muchas cosas se tuvieron que cambiar después de lo ocurrido, todo por  nuestra supervivencia. Lo más cotidiano se volvió una proeza pero, conforme fuimos aprendiendo de ellos, encontramos la manera de defendernos y cuidarnos.

Nadie sabe con seguridad cómo pasó, o eso es lo que nos dicen. Todo inició cerca de las grandes torres, en el edificio Manlo de investigación de la farmacéutica. Una noche se desplegaron las Fuerzas Especiales y el caos comenzó. Nos ordenaron quedarnos en casa hasta nuevo aviso pero la orden nunca llegó.  Al salir el sol,  comenzamos a salir a pesar de que no se nos autorizó. Los rastros del enfrentamiento nos dejaron perplejos. Parecía que ahí había tenido lugar una guerra. Sangre por todos lados revelaba lo sangrienta que fue la batalla, y también había muchos restos de una sustancia extraña pegajosa, desconocida hasta entonces por nosotros. Con el tiempo, aprendimos que el contagio no solo proviene de la mordedura de los transformados, sino también podemos contagiarnos al contacto de sus secreciones sobre la piel humana que tenga la mínima herida.

El gobierno nunca nos habló con claridad. Se decía que debíamos permanecer en casa hasta que el peligroso virus desapareciera, pero los ataques a gente que no respetaba el encierro, nos mostraron la realidad. Gracias a testigos de esos ataques  fue como nos enteramos de lo que sucedía. De alguna manera,  los del laboratorio perdieron el control sobre los transformados, producto de sus poco éticas investigaciones, atacando a la población inocente. Los transformados se convirtieron en una nueva especie. Son hombres que se volvieron bestias, sin razonamiento, sensibles al sol. Cazadores natos que se alimentan de seres vivos,  que de noche salen a cazar y durante el día se esconden en lugres abandonados. En una ocasión, al verse descubiertos, los representantes dijeron que podríamos vivir en armonía con esos seres pero, ¿quién en su sano juicio haría eso? Así que la vida cambió. También nosotros cambiamos. Hombres, mujeres y hasta los niños, nos volvimos cazadores de los transformados. De ninguna manera se puede vivir en armonía con el peligro y el horror, así que luchamos a diario porque no podemos dar espacio a aquello que pudiera acabar con la raza humana.

Hoy somos sobrevivientes.

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7 Comments on "SOBREVIVIENTES"

  1. Salvador Franco. | 5 julio, 2020 at 12:14 | Responder

    En mi opinión, la pandemia es provocada intencionalmente con fines de sujeción y control de las masas, para llevar a cabo los planes de crear su ya famoso nuevo orden mundial.
    Buen artículo, refleja la ya desesperada situación anímica en la que vive todo el mundo.

    • Laura Sánchez Flores | 10 julio, 2020 at 17:52 | Responder

      La actualidad está llena de situaciones extrañas, incomprensibles e increíbles que muchas veces rayan en lo irreal, tanto que parecieran sacadas de un cuento escrito una tarde de sabado…
      saludos!

  2. Excelente artículo!
    Parecido a lo que ahora vivimos con la pandemia.

    • Laura Sánchez Flores | 10 julio, 2020 at 17:50 | Responder

      Sin duda inspirado en lo incierto de nuestra situación actual mezclado con un poco de imaginación. Gracias por tu acertado comentario.

  3. En su estilo muy personal de narradora amena, elegante y creativa, la autora nos regala un escrito que capta el sentir viral que ha transformado la manera de relacionarnos.
    ¡Felicitaciones!

  4. Laura Sánchez Flores | 10 julio, 2020 at 17:46 | Responder

    Mis letras agradecen infinitamente el comentario de un gran maestro como Usted y agradecen su presewncia en este espacio.

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