¿POR QUÉ TIENE ÉXITO EL POPULISMO DE LA 4T?

RELATIVISMO POLÍTICO
Por Rafael Lagos Inoriza

¿Por qué tiene éxito el discurso populista de Andrés Manuel López Obrador? Sí, nuestro Presidente es un populista y no lo expreso como descalificación, sino como definición para entenderlo y continuar en mi búsqueda para tratar de entender hacia dónde nos lleva.

El populismo se ha estudiado desde el punto de vista económico, y es muy interesante porque puede comprenderse qué sectores sociales y por qué dan paso a este tipo de líderes. Así, economistas como Dani Rodrik -a quien retomo por ser uno de los guías económicos de esta administración-, lo han analizado para comprender por qué el populismo ha tenido éxito en los últimos años en países tan diferentes como Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Brasil y México, y encuentra que en términos generales puede explicarse por qué los populistas en estos países han generado con su discurso sembrar la percepción de que el comercio es uno de los grandes culpables de su situación económica y falta de esperanza (es difícil echarle la culpa a los avances tecnológicos o a los cambios de conducta del consumidor, o a factores relacionados con el comercio internacional porque son políticamente poco redituables).

Si bien reconoce que los efectos de la apertura comercial han sido positivos para diversos sectores sociales en mayor o menor medida, también fueron adversos para un sector muy numeroso de la población de estos países, en particular la clase media. Se trata sobre todo de las personas con menor especialización profesional y técnica, los trabajadores empleados de empresas y del gobierno, los dueños de pequeños comercios y sus pequeños proveedores de bienes y servicios. Aquellos que invierten la mayoría de sus recursos para progresar y tener esperanza.

Lo anterior es reforzado por Christoph Lakner y Barnko Milanovic, economistas del Banco Mundial, expertos en temas de pobreza y desigualdad, quienes elaboraron un estudio sobre la distribución del crecimiento de los ingresos durante 20 años de políticas de apertura económica que obtuvo como resultado que sólo el 1 por ciento de la población mundial había visto un gran crecimiento en sus ingresos, mientras que, sobre todo, las clases medias son las fuertes perdedoras; es decir, la distribución de la riqueza ha sido no sólo inequitativa, sino injusta, lo que ayuda al discurso populista de que el enemigo se encuentra en las clases altas, en los “fifís”.

Los gobiernos anteriores y también el actual, debieron haber previsto este efecto en las clases medias y generar mecanismos de compensación, a través de programas sociales y de apoyos para su evolución en materia de negocios. Sin embargo, en México los programas sociales en general han sido, y más aún en esta 4T, para los más pobres, por lo que esa clase media no ha tenido los medios necesarios para competir en un entorno de grandes corporaciones. Se han utilizado los recursos públicos para la captación de simpatizantes, pero sin eficiencia económica, y las programas asistencialistas de esta administración van en la misma dirección, por lo que estará tirando los recursos a un barril sin fondo.

Los populistas son, primero que nada, líderes sociales reconocidos por una buena parte del electorado, por lo que, incluso, arriban al poder por la vía democrática; son personas carismáticas con una gran facilidad para comunicarse con el pueblo porque usan un lenguaje sencillo y simplista, pero retórico que raya en la fobia. Lo hacen a manera de espejo en su discurso, utilizando los argumentos de irritación popular y los hacen suyos. Por ejemplo, toman alguna o una combinación de banderas como los inmigrantes que le quitan las oportunidades de trabajo a los nacionales, en otros echan la culpa a las políticas públicas de apertura económica y comercial, señalan como corruptos a grupos sociales como los ricos, empresarios y corporaciones, banqueros y financieros, a la prensa y a los políticos del sistema establecido. ¿Suena familiar? El discurso se redondea cuando el populista promete sin límite que sí va a hacer todo lo que la gente desea y claro, como sucedió en México, como si el presupuesto fuera infinito o como si suponiendo que se acabara la corrupción por ese sólo hecho fuera a alcanzar.

El líder populista se asume como la encarnación de la honestidad y el único vehículo para frenar al enemigo que ha elegido, desdeñan a todos aquellos que no coinciden plenamente con su pensamiento y actuación, eso incluye a otros poderes como el Judicial y el Legislativo de ser necesario; obviamente a la prensa libre, más aún, violará la Ley si considera que no es “justa” y pedirá al pueblo su confianza basada en su autoridad moral. Cualquier coincidencia con la realidad es mera coincidencia. En México, la bandera de la corrupción ha sido el elemento clave, porque si bien es cierto que tiene razón el Presidente y es imperativo resolver ese problema, tampoco es que se trate del único mal que nos aqueja. En la “Mafia del Poder” encontró al principal enemigo que requería para que, como en todo cuento, hubiera un malo a quien responsabilizar de todas las penurias sociales y después de eso, ha ido sumando a todos aquellos que se han atrevido a no comulgar con él, como la que denomina “prensa fifí” y de la cual, incluso, filtraron nombres de periodistas que supuestamente cobraban por su favores al gobierno. Por supuesto, el populista no tiene que comprobar nada de lo que dice, basta con que acuse para que el pueblo lo tome como verdad

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