TERMINAR DEVORADO POR EL TIGRE

TigreFoto: Cuartoscuro
RELATIVISMO POLÍTICO
Por Rafael Lagos Inoriza

El 1 de junio de 2018, el entonces candidato presidencial por Morena, Andrés Manuel López Obrador, acudió a la 81 Convención Bancaria, celebrada en Acapulco, Guerrero, y durante su intervención soltó una frase amenazante: “Si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy a Palenque, y a ver quién va a amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre, yo ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral; así de claro, yo por eso deseo con toda mi alma que las elecciones sean libres y limpias, y que decida el pueblo quién será el presidente”. 

López Obrador usó, paradójicamente, una frase utilizada por el dictador Porfirio Díaz antes de ser exiliado de México cuando le dijo a Victoriano Huerta: “Madero ha soltado al tigre, ahora veremos si puede controlarlo”. Y hablando de tigres, puedo recordar la frase que al respecto utilizó el presidente John F. Kennedy, durante su discurso inaugural del 20 de enero de 1961: “…en el pasado, los que insensatamente se entregaron a buscar el poder cabalgando a lomo de tigre, acabaron invariablemente por ser devorados por su cabalgadura”. Esto es lo que me temo, que el Presidente acabará siendo devorado por el propio pueblo que lo llevó al poder.

Los taxistas de la Ciudad de México decidieron secuestrar la capital del país, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez. ¡Qué cosas! Parece que no recuerdan la frase: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, y amenazan con prolongar su protesta durante dos días más, previa disculpa a la ciudadanía, quienes resultan ser sus usuarios, sus clientes potenciales. 

Se manifiestan “para proteger la soberanía nacional ante el ingreso de las aplicaciones digitales extranjeras a México, ya que atentan contra la tranquilidad social, la economía y la soberanía de los países”, según señaló Ángel Morales, uno de los dirigentes del Movimiento Nacional de Taxistas. Bueno, se ve que se animaron a decir este nivel de estupideces, luego de escuchar los argumentos de que construir Santa Lucía es un tema de seguridad nacional. 

O sea, nada más falta que para los taxistas, quienes prefieren tomar la opción de un transporte que brinda mayor nivel de seguridad, con mejor mantenimiento, en el que puedes ir en silencio sin música a todo volúmen, con mejor olor y aspecto, por un precio similar y con la comodidad de no pagar en efectivo, resulten ser cómplices del ataque a la soberanía nacional, porque es a ellos a quienes están afectando; sin considerar, claro, a los usuarios de ambulancias que seguramente pueden esperar otros dos días para llegar a un hospital. 

Son estos taxistas y muchos de quienes ahora se manifiestan de manera violenta quienes votaron por Morena en 2018, por López Obrador; es ésta la forma, según sus propias palabras, la que les enseñó cuando era oposición. Ahora se sienten empoderados, se sienten con el derecho a tomar lo que piensan que es suyo.

“Un hombre que priva a otro hombre de su libertad es prisionero de su odio, está encerrado detrás de los barrotes de sus prejuicios y de la estrechez de espíritu”, dijo Nelson Mandela, el expresidente Sudafricano que llegó al poder de su país, después dd haber pasado 27 años en la cárcel por defender la libertad y la igualdad, el mismo que al arribar al poder usó el perdón para alcanzar la reconciliación social, para unir a los sudafricanos de cara al futuro.

En México, el Presidente que con frecuencia busca dividir a la sociedad, alentando el odio entre “chairos” y “fifís”, expresa: “Al carajo la delincuencia y la corrupción, fuchi, guácala!”, y sobre los anarquistas advierte que en una de ésas los va a acusar con sus mamás, papás y abuelos. Así defiende el Presidente la libertad, así el nivel discursivo de quien ante falta de recursos pretende imponer su voluntad porque “me canso ganso”, y cree que por sólo desear las cosas sucederán de forma automática.

En enero, más de 90 personas murieron en Tlahuelilpan, Hidalgo, ante la mirada de soldados y policías federales que veían a la población ordeñar un ducto de combustible de Pemex, tenían órdenes de no intervenir y preocupados por el peligro, alcanzaron a advertir el riesgo a los lugareños para luego ser testigos de la tragedia. 

En repetidas ocasiones se han visto videos compartidos, en redes sociales, de grupos criminales o sociales insultando, agrediendo, amenazando y desarmando a miembros de las fuerzas del Estado. En la Ciudad de México, durante las marchas feminista, ocurrida en agosto de este año, y la de conmemoración de los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968, grupos anarquistas hicieron de las suyas para destruir y pintar mobiliario público y propiedades privadas; así como insultar y agredir a ciudadanos y periodistas, y la policía de la Ciudad de México sin novedad. 

En cambio, la Jefa de Gobierno, la morenista Claudia Sheinbaum tuvo la brillante idea de disponer de un “cinturón de paz”, formado por carne de cañón, “funcionarios voluntarios” del gobierno capitalino. Muchos de ellos, fueron trasladados en autobuses y confesaron no ser trabajadores del gobierno. Cuando empezaron los hechos violentos se les vio correr y quitarse la playera blanca que los identificaba, algunos resultaron lastimados, y el saldo fue de 14 heridos y sólo tres detenidos. 

Sheinbaum llamó héroes a quienes participaron y dijo que volverá a usar a estos ciudadanos para hacer la labor que tendrían que hacer las fuerzas de seguridad, luego de haber recibido el aliento presidencial que, como el César, apunta el dedo hacia arriba o hacia abajo de acuerdo a su gracia y conveniencia. 

Debería el Presidente recordar lo que Roberto Rock señala en su libro “La historia detrás del desastre, crónica de una herencia envenenada”, que la madre del ahora Presidente, Doña Manuelita, primero, y después su esposa Rocío lo alertaron sobre el riesgo de una violencia desbordada en Tabasco en 1991: “Andrés Manuel, no expongas a la gente… sácala, llevatela”.

Es una falta de responsabilidad y una omisión lo que hacen los gobernantes cuando deciden no hacer uso de las facultades y atribuciones propias de su encargo y más aún, utilizar a la población para realizar funciones de seguridad. El uso de la fuerza es un monopolio del Estado y tienen que usarlo en ocasiones para mantener la gobernabilidad, el orden y el respeto a las instituciones; de lo contrario, se corre el riesgo de perder ante la anarquía. 

La imposición de la fuerza pública, de las medidas que el gobernante estime necesarias para garantizar la paz pública y el orden social, inevitablemente conllevan limitaciones a la libertad, porque no se puede usar la libertad para quitársela a otros, de acuerdo a la máxima juarista, y eso es justo lo que pretenden los anarquistas, la “libertad” a través de la ausencia de Estado por medio de una sociedad políticamente auto organizada, ¿se lo puede usted imaginar?

Se ve que el Presidente de México no trae amarrado al tigre como decía, con tantas promesas y con tan poca eficacia, con tanta división que alienta, con tanto vacío de poder en donde en realidad se requiere, y con tanto abuso del mismo en donde no hace falta. 

Se equivoca al pensar que el enemigo está en los empresarios e inversionistas, en la prensa o en las calificadoras, se equivoca cuando cree que el pueblo es bueno y sabio; se equivoca cada vez que piensa que estará en el poder eternamente y no habrá mañana un juicio a sus actos. 

Debería darle una leída al libro “Las 48 leyes del poder”, de Robert Green, particularmente la número 2: “nunca confíe demasiado en sus amigos, aprenda a utilizar a sus enemigos”, no vaya a ser que termine devorado por el tigre.

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