TERROR A BORDO

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Departamento

El Callejón de las Letras Rotas

Laura Sánchez Flores

Aquí estamos, sentados los tres a punto de decidir nuestro futuro. La decisión no es nada fácil. Después de exponer nuestras dudas, llegamos a la conclusión de que tenemos dos opciones: dormir en la cámara criogénica por tiempo aún  no determinado, o permanecer despiertos para enfrentar las consecuencias, y esto último no es nada alentador. Es una decisión importante y no logramos ponernos de acuerdo, así que decidimos hacerlo de una manera poco ortodoxa, considerando lo importante de la cuestión, y más viniendo de personas con el alto grado de entrenamiento que hemos recibido para esta misión. 

Nuestra suerte se decidirá lanzando una moneda.

Busqué en  mi bolsillo la moneda que siempre llevo porque es mi moneda de la suerte. Lotto, el cocinero, grita ¡cara! Y al mismo tiempo Belsario, el tercero de nosotros, lanza la moneda al aire, que pareciera caer muy lentamente…

En un  inicio éramos una tripulación de ciento veinticinco personas, cada uno especialista en su rama. Nuestra misión era llegar al planeta Landoro, el planeta elegido para iniciar el éxodo desde la Tierra. Landoro fue estudiado durante décadas desde su descubrimiento, en el año 2220 y los científicos encontraron, con ayuda de sondas espaciales, que era un lugar con condiciones de vida semejantes a la Tierra. Esta fue una de las razones por lo que se decidió mandar una primera expedición tripulada. La misión marchaba bien, según lo programado, hasta que nos encontramos con una lluvia de meteoritos. Helga, ingeniero en mantenimiento, salió a una caminata de exploración por la superficie de la nave. Al regresar, reportó que en el  enorme módulo se habían pegado pedazos de piedra, como si fueran plastas de lodo petrificadas. Esto nos resultó raro, ya que nadie escuchó golpes de rocas en la nave. 

Y ahí empezó todo. Helga regresó con pedazos de ese material extrañamente pegados en su traje. Por más que intentamos, no los pudimos retirar, así que lo dejamos en el depósito de desechos. Días después, la paranoia comenzó. Uno a uno empezamos a sentirnos vigilados. Atribuimos la histeria como una consecuencia del prolongado encierro, pero estábamos terriblemente equivocados.  

Los primeros en ser atacados fueron Helga y el médico de abordo. Ella se quejaba de escuchar ruidos dentro de su cabeza, así que acudió a una revisión médica. Lo sucedido después quedó grabado en los videos que captaron las cámaras del consultorio. En las cintas se puede observar a Helga recostada en la camilla para revisión y, de pronto, comienza a convulsionarse fuertemente, acompañada de una inesperada hemorragia por su boca. El médico se aproxima intentando ayudarla y es salpicado con la sangre de Helga. Al contacto, él comienza a gritar desesperadamente. Pareciera que la sangre le quema la piel y termina muerto tirado en el piso. Del cuerpo de Helga, ya sin vida, emerge lo que parece una larva que se arrastra con dificultad por el piso acerado y si pierde por una rendija de entrada de aire. Todo es un caos, pero recobran la cordura. Su entrenamiento los saca del shock, y una cuadrilla es asignada para entrar al consultorio e investigar lo sucedido. El cuerpo del  galeno está saturado de pequeñas perforaciones, como las entradas que deja un clavo en la madera al ser retirado. De Helga, no hay nada que agregar.  

Al correrse la noticia de lo sucedido, el miedo se apodera de la tripulación. Estábamos indefensos ante lo desconocido y no teníamos idea de cómo actuar. Algo desconocido se estaba apoderando de nuestra nave y en ningún manual, ni en el entrenamiento se nos enseñó cómo deberíamos actuar. Lo peor estaba por venir.

CONTINUARÁ . . .

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