LA DAMA DE LAS CANASTAS

Tomasita
Tomasita

El Callejón de las Letras Rotas

Laura Sánchez Flores

Cada mañana, la joven mujer toma el mismo camino para llegar a su trabajo y cada mañana, sin falta, observa a Tomasita trabajar muy animosa en el importante crucero vial, bajo el enorme puente.

En cada semáforo en rojo, Tomasita se acerca con mucho esfuerzo a los autos a ofrecer sus canastas de carrizo, elaboradas a mano por ella misma. Cuando tiene suerte, logra vender una canasta antes de que cambie la luz a color verde, pero la mayoría de las veces no vende nada. Otras veces, algunas personas no le compran pero le dan una moneda para ayudarla, conmovidas por el enorme esfuerzo que la anciana realiza. Para ella no es fácil subir y bajar la acera porque, a sus ochenta y tantos años, la ancianita sufre de varios achaques dolorosos y lleva muchas penas en su alma. Es una mujer cansada y para ella es difícil aguantar el paso.

Una ocasión, la joven mujer sale temprano de su trabajo y se dirige a su casa para comer y le toca detener su auto pasado de moda en el crucero porque el semáforo se pone en rojo. Como siempre, Tomasita se aproxima al auto para ofrecer sus  canastas. La joven mujer está segura que la vendedora está cansada y tiene dificultad para andar, pero siempre se aproxima al auto más cercano con una luz especial en sus ojos negros, esa luz que da la esperanza de lograr una moneda. La joven mujer aprovecha la ocasión y le saca plática a la amable ancianita. Tomasita le cuenta que viene de lejos, desde San Miguel, para vender sus canastas porque en su pueblo todo mundo hace canastas y otras cosas similares, por lo que es difícil lograr la vendimia. Así que un día, presa de los apuros económicos, se decidió, tomó todas las canastas que sus arrugadas manos podían y que su cansada espalda aguantaba y llegó a la ciudad a vender. Para la joven mujer es difícil entender como los familiares la dejan venir al crucero a trabajar desde tan lejos y cargando tanto peso. El semáforo cambia nuevamente de color y la mujer tiene que continuar su camino, no sin antes comprarle  una canasta (una más para la colección de las tantas que le ha comprado), solo que esta vez se la paga pero no se la lleva, prefiere  dejársela para que, si tiene suerte, Tomasita la vuelva a vender.

Tomasita

Los días pasan y pareciera que nada cambia bajo el puente del crucero. La amable ancianita forma parte del lugar, pero cada vez es más frecuente verla sentada en los semáforos en rojo. Su cansancio es visible y le cuesta mucho trabajo pararse para vender cuando los automóviles se detienen. Qué difícil debe ser para ella.

Por esos días, la joven mujer es llamada por su jefe. Su jefe le hace una propuesta de trabajo que requiere que se ausente de la ciudad por varias semanas. Ella acepta porque su nuevo puesto será mejor remunerado y podrá viajar a diferentes ciudades, a las más importantes del país. La chica está contenta con su ascenso y se dedica en cuerpo y alma a trabajar. Las semanas pasan rápidamente y la ausencia se prolonga más de lo que pensaba, y por fin puede volver a casa. Al día siguiente de su regreso, toma su auto para dirigirse a su trabajo. Al pasar por el crucero, nota algo diferente pero no presta atención porque lleva prisa. Se quedó dormida y tiene que informar a su jefe sobre lo realizado durante los dos últimos meses. Al final de la jornada, regresa por el camino de costumbre y no encuentra a Tomasita. Cae en cuenta que eso era lo que le resultó extraño por la mañana: la ausencia de la amable ancianita.

El trabajo es abrumador y se aproxima su nueva partida. Tomasita no ha regresado a su lugar habitual y la joven se reprocha que nunca le preguntó dónde encontrarla. Solo espera que la ancianita se encuentre bien, pero eso es poco probable. Al acercarse al crucero, se detiene en la luz roja. Dedica unos segundos a pensar en Tomasita y suelta una lágrima porque le duele la ausencia .de la valerosa mujer, y lamenta no saber más de ella. Quizá solo le queda hacer una oración por ella, y recordar con cariño y admiración a la valerosa y ejemplar mujer. Sin saberlo, Tomasita se convirtió en su ejemplo de tenacidad y fortaleza; y sin lugar a dudas, la inspiró para llegar al lugar donde actualmente se encuentra. El semáforo casi cambia de color.  Por un instante cierra los ojos antes de que la luz cambie a verde. Es justo agradecer a la vida por haberle dado la oportunidad de haber conocido a la Dama de las Canastas.  

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1 Comment on "LA DAMA DE LAS CANASTAS"

  1. Felicidades.

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