Posibles escenarios y el Brexit que no llega (Brexit parte 3)

UELa Primera Ministra, Theresa May debatiendo con el Parlamente sobre el Brexit // Foto: Reuters
Rodrigo Hernández

Las líneas rojas de negociación del gobierno de Theresa May representan una interpretación dura del resultado del referéndum y no cuentan con el apoyo ni del electorado ni del parlamento. Por lo tanto, vale la pena explorar una serie de opciones sobre el futuro de la relación RU-UE, aunque en algunos escenarios se rompan las líneas rojas de la primera ministra.

Brexit duro

En este escenario el RU deja ser parte de la UE de golpe. Esto significa que el RU ya no forma parte de las instituciones políticas y económicas de la UE, sin ningún acuerdo para remplazar esta relación institucional. Hay un consenso tanto en el parlamento británico, a excepción del ala radical del partido conservador, como en los países miembros de la UE que este escenario se debe de evitar a toda costa. 

Retos 

Al salir del mercado común y la unión aduanera los bienes y servicios que provienen del RU pierden acceso preferencial a su mercado más importante. La disrupción económica para la EU es significativa ya que se rompen cadenas de valor y producción continentales. La inestabilidad financiera es creciente. Los países más afectados fuera del RU son la República de Irlanda, Alemania, Los Países Bajos y Francia. Se pronostica que este escenario le cuesta al RU 10 puntos porcentuales del PIB en el mediano plazo. 

Se impone una frontera dura entre Irlanda del Norte, uno de los países que componen el RU, y la República de Irlanda, miembro de la UE. Esta frontera va en contra del acuerdo del Viernes Santo el cual marca la culminación del conflicto de Irlanda del Norte. Tanto la EU como el RU buscarán evitar esto a toda costa 

El modelo noruego

Otra opción que ha sido contemplada es que RU deje de ser miembro de la UE, pero que se haga parte de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC). Hay países como Suiza y Noruega que no son miembros del bloque, pero tienen acceso al mercado común mediante su membresía de esta asociación. El AELC tiene una finalidad más comercial que política, algo que lo hace popular a los ojos de muchos de los que apoyaron el Brexit. 

Retos 

Esta opción es poco viable en términos políticos para el RU. Noruega, por ejemplo, ha adoptado un tercio de la legislación europea sin haber participado formalmente en el proceso legislativo. Es decir, si RU formara parte del AELC, tendría que seguir cumpliendo con una parte significativa de la regulación europea sin poder participar activamente en su creación, lo cual iría contrario al espíritu del Brexit. A su vez, RU tendría que aceptar el libre flujo de personas. 

Esta opción es menos atractiva que el estatus quo ya que actualmente RU no solo participa en el proceso legislativo de la UE, sino que cuenta con varias prerrogativas que lo exentan de algunas de ellas. A su vez, la inclusión del RU en el AELC tendría que ser aprobada por los miembros de la asociación. Noruega, por ejemplo, ha expresado su rechazo a que el RU forme parte. La política comercial del RU no es totalmente independiente y se lleva acabo de manera coordinada con la UE.

Canadá plus 

Otra opción para la relación RU-UE es que ésta se rija por un tratado de libre comercio similar al que la UE negoció con Canadá. Este acuerdo comercial es uno de los más ambiciosos que ha negociado la UE. El argumento es que como el RU y la UE tienen convergencia regulatoria sería muy sencillo negociar un tratado que incluya bienes y servicios. 

Retos

En el caso de replicar un tratado de este tipo, RU tendría que invertir miles de millones de libras en sistemas tecnológicos para asegurar que sus exportaciones al bloque tengan el mismo nivel de acceso que disfrutan ahora. Será difícil que la UE acepte un acuerdo que le de acceso a las industrias más importantes del RU, como lo son servicios, sin aceptar el libre movimiento de personas. 

Aunado a la complejidad de cada uno de estos escenarios debemos agregar la asimetría de poder entre el RU y la UE, lo que dificulta aún más la posición británica. 

El inicio de las negociaciones 

El 19 de junio del 2017 comenzó la primera ronda de negociación entre la UE y el RU. Antes de hablar de la relación a futuro, se tenía que acordar un acuerdo de salida. El 14 de noviembre del 2018, tras meses de negociación, se publicó un acuerdo que cubre cuatro áreas principales: 

1.- La cantidad de dinero que el RU deberá aportar a la EU, la cual oscila entre 35 y 40 mil millones de libras.

2.- Los derechos de los ciudadanos del RU en la UE.

3.- Acuerdos aduanales y fronterizos, en particular el futuro de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda

4.- Acuerdos legales de resolución de disputas bajo la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea

A su vez, el acuerdo contempla un periodo de transición de dos años en el cual el RU seguiría teniendo los derechos y obligaciones de un estado miembro. También, se negoció una declaración política sobre el futuro de la relación. El punto más controversial del acuerdo es un mecanismo de emergencia para evitar una frontera física entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Este mecanismo prevé que, en caso de que al final del periodo de transición no se llegue a un acuerdo fronterizo entre las dos partes, el RU permanecerá en la unión aduanera y ninguna de las partes tendrá la posibilidad de salir unilateralmente. 

La primera ministra presentó el acuerdo al parlamento el 11 de diciembre 2018 tras cinco días de debate parlamentario. El día del meaningfull voteel gobierno de May sufrió otra gran derrota ya que su moción fue rechazada por uno de los márgenes más grandes en la historia moderna del RU. Su acuerdo ha sido votado tres veces sin éxito y la primera ministra se vio forzada a pedir dos extensiones del Brexit a la UE, la última hasta octubre 2019, un movimiento que va en contra de su postura inicial y parte de su partido. Esta inestabilidad parlamentaria ha abierto otras posibilidades, como la de un segundo referéndum o no salir de la unión aduanera, pero ninguna tiene una mayoría clara. El gobierno de May ha perdido credibilidad hacia dentro y hacia afuera mientras que su futuro como primera ministra es incierto. A casi tres años del referéndum, la sociedad británica, su parlamento y la Unión Europea no tienen idea de cuál será el futuro del Brexit.   

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