Última llamada.

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#LaPausa

Por Jaime Gutiérrez Casas

México vive uno de los momentos más complicados de las últimas décadas, por un lado una crisis económica derivada del mal manejo de las políticas públicas del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y por otro, la pandemia del coronavirus que a mal momento vino a sumarse a la debilidad económica en la que se encuentra el país, lo que hace que la situación se vea todavía más complicada y peligrosa, lo que algunos analistas ya han llegado a denominarla como “la tormenta perfecta”.

Sí ya de por sí, antes de la llegada del coronavirus al país, las cosas se veían complejas ahora empiezan a verse bastante dramáticas.  El desgaste económico en menos de un año de gobierno del presidente López Obrador ha sido severo, el país no crece, el turismo, y las inversiones han venido cayendo, el precio del barril de petróleo ha descendido en los últimos doce meses, casi un 40 por ciento, el costo de barril de petróleo en México llegó a cotizarse en la semana en un mínimo de 14.54 dólares, cuando en el presupuesto de egresos de la federación se había presupuestado que estaría en 55 dólares en 2020. El dólar por su parte ronda los 25 pesos, cuando hace un año estaba en 18, lo que representa ya una devaluación de 40 por ciento.

Por si no fuera suficiente lo anterior, el gobierno actual ya utilizó más de la mitad del Fondo de estabilización que le heredó el gobierno anterior y que se fue fondeando por 20 años, desde la época del presidente Fox y que se había creado para que se utilizará en caso de una contingencia. Pues antes de que la emergencia se presentará el gobierno ya se ha gastado más de 141 mil millones de pesos, por lo que ya sólo se cuenta con un remanente de 158 mil 543 mdp.

La economía mexicana prácticamente ya se detuvo, el cierre obligado de restaurantes, bares, cines, teatros, la cancelación de vuelos así como de hoteles están generando una situación inédita y muy complicada. Al quebrarse la cadena de suministro está empezando a generar falta de liquidez en la economía, con efectos negativos inimaginables para la población. Más de 57 por ciento de la población vive de la economía informal, por lo que para ellos que viven al día parar por las medidas de contención de la economía será muy duro.

Las principales calificadoras consideran que la economía mexicana se contraerá un 7 por ciento en el año, lo que pudiera traducirse en un desbordamiento del desempleo.

Por lo anterior literal se está en un entorno de emergencia nacional, prácticamente en un escenario de una economía de guerra por la gravedad de los hechos.

El gobierno se ha visto errático en la conducción de la crisis de salud, por ejemplo un día el presidente sale diciendo que no hay porque resguardarse y días después el subsecretario de salud sale señalando que si no se hace el confinamiento se corre el riesgo de que la crisis se pueda desbordar. No se ven planes ni acciones concretas para contener la situación ni para reactivar la economía. Proyectos como el de la Refinería en Dos Bocas, Tabasco o la construcción del tren maya lucen ya imposibles de hacer y de fondear ante la magnitud de la situación, por ello llama la atención que los remanentes de los recursos no se estén ya canalizando hacia estas nuevas necesidades.

Lo mismo ocurre con tal llevado y traído nuevo aeropuerto de la Ciudad de México en Santa Lucía. Ante la falta de medicamentos y de ventiladores para enfrentar la contingencia lo razonable sería posponer la obra para destinar ese dinero para garantizar la salud de la población. En épocas de guerra el gobierno debe de garantizar tres puntos importantes, la salud de la población, la alimentación y la seguridad al tiempo que se busca la manera de volver a activar la economía.

En el tema de los programas sociales que fueron concebidos por la administración del mandatario tabasqueño, hoy ya están rebasados, por lo que el nuevo escenario implica hacer una reingeniería. Llama la atención que después de la crisis de 1994-1995 el gobierno del presidente Zedillo creó el programa Progresa que después sería Oportunidades para consolidarse como Prospera para paliar los efectos de la crisis en la población que había quedado más vulnerable y desprotegida. Una de las más grandes equivocaciones en materia social, fue haber desaparecido Prospera. Ante el escenario actual tendría que replantearse su activación ya que todo indica que volveremos a situaciones muy complicadas de pobreza y de extrema pobreza.

Las decisiones ya debieron haberse planeado y presentado, y como se dijo anteriormente, ya deberían estarse ejecutando, sin embargo, el gobierno se encuentra pasmado y paralizado, al presidente se le ve errático en sus giras, bajándose por ejemplo en la zona de la rumorosa en Baja California a contemplar el paisaje o en los camellones de Badiraguato, Sinaloa, a contemplar sus flores y plantas, eso sin señalar el desafortunado encuentro con la madre del Chapo Guzmán. El tiempo se agotó, el margen de maniobra ya es muy reducido, los daños de la inacción serán incalculables tanto en vidas como en los bolsillos de la población. Si algo se quiere rescatar, es la última llamada para el gobierno de López Obrador, la negligencia ya de por sí le pasará más temprano que tarde la factura, un sexenio que a menos de dos años pareciera ya está agonizando.

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