UN DÍA EN EL MUNDO DE UN HOMBRE RAZONABLEMENTE CHAIRO

Andres ManuelAndrés Manuel López Obrador durante una gira de trabajo // Foto: lopezobrador.org.mx
Andrés Manuel

Entre Visiones del Poder

Miguel Ángel Solís

El Reforma, como otros medios, no solo publica notas negativas. Hoy publicó varias positivas. Enhorabuena. Por fin nos entendemos. En la pluralidad debe prevalecer la diversidad. Muy bien. En política, y con mayor razón en el ejercicio del poder público, no pueden ni deben develarse todas y cada una de las decisiones e información clave para dar los resultados que todos esperan del presidente. Todos los gobiernos del mundo lo hacen.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está calculando cómo allegarse de recursos para atender no solo los programas prioritarios trazados por él, sino administrarlos de la mejor manera para hacer frente a lo que resta de la pandemia y posterior a ésta. Las buenas noticias son, por un lado, el incremento en la recaudación fiscal que registró un aumento del 162% en el primer trimestre del año que equivale a 3 mil 358 millones de pesos, y por otro, el incremento del 18.36% en el envío de remesas durante el primer trimestre del año con respecto al primer trimestre de 2019, porcentaje que equivale a 9 mil 293 millones de dólares.

Muchos creen que Andrés Manuel no tiene idea de dónde y cómo obtener recursos para que nos vaya bien a todos. Gobernar no es tarea sencilla. Él lo sabe como presidente, quien por cierto, tiene todo el derecho – como lo han tenido otros gobiernos – de emprender las políticas públicas que considere convenientes para el país. En México ha quedado claro que han sido erráticas y lamentables. No es para menos. El despilfarro y saqueo del erario público por parte de los gobiernos neoliberales así lo demuestra.

Antes de tomar las riendas del gobierno, el hoy presidente convocó a realizar consultas públicas, mesas de análisis y debate, cuyos resultados se plasmaron en el Plan Nacional de Desarrollo. Esto se materializó en el PEF (Presupuesto de Egresos de la Federación). Además, Andrés Manuel ha publicado durante años, múltiples libros en los que ha dejado constancia de su forma de ver y concebir los diversos temas por los que ha luchado toda su vida que involucran aspectos sustanciales de la agenda nacional. No nos llamemos, pues, sorprendidos. Todos, por años, lo hemos tenido a la vista. Durante su lucha por más de 3 décadas, ha enarbolado la bandera del combate a la corrupción. Sus postulados gravitan en torno a la erradicación de este mal. ¿Quién puede estar en contra de eso? Nadie. Es un convencido de que la moral pública está por encima de todo.

Mitos

Cada municipio del país que ha recorrido durante esas tres décadas (no una, sino 3 veces) le permiten contar con una clara radiografía de las necesidades y carencias de los mexicanos. Desde que participa en política sabe muy bien que ésta no es cosa únicamente de buenas intenciones, de ser buenas personas. Entiende con claridad que en política también hay perversidades y pasajes obscuros. Como reza el dicho popular: “no se chupa el dedo”.

Así pues, el combate a la corrupción y lograr consolidar una república moral, son los pilares en los que descansa su proyecto de nación. En eso cree fervientemente. Ha sabido leer como nadie eso que se ha dado en llamar el “mal humor social”. En su andar por años, a raíz de piso, ha sabido comprender muy bien cómo hablarle a la gente, como comunicarse con el pueblo, qué ofrecerle y que no. Eso lo hacen todos los políticos en campaña. ¿Díganme ustedes qué político cumple al cien por ciento sus compromisos cuando busca el voto de la gente? Y no se cumplen por muchas razones. Una de ellas es el costo económico de prometer, que conlleva, de no cumplirlos, a elevados costos políticos. Los partidos conservadores son claro ejemplo de ello. Por eso Andrés Manuel los sacó de ese monumento al poder inconmensurable: Los Pinos, hoy – para fortuna de todos – convertido en espacio para el pueblo.

En efecto, Andrés Manuel prometió demasiado, como demasiados son los retos que enfrenta México y no hay dinero que alcance; sin embargo, las buenas noticias, como el descubrimiento de nuevos yacimientos petroleros, están generando y generarán recursos suficientes para evitar el “catastrofismo” económico a los que muchos de sus críticos y detractores apuestan.

Un hombre de intrínsecas emociones como él y su amor al prójimo, desbordaron su ferviente deseo de cambio, a sabiendas de lo complejo que resultaría hacerlo desde el gobierno por los vicios arraigados del pasado. Quería ser presidente y lo logró con el voto mayoritario de 30 millones de mexicanos que  sufragaron por su proyecto, por él. Su arrastre e incontrovertible triunfo, le aportaron desde el principio, legitimidad basta y suficiente a su gobierno. Sus adversarios y también sus enemigos, se derrumbaron. Nadie le regaló nada. No se recurrió al fraude como método y consigna como lo hacían los gobernantes de la “dictadura perfecta”, de los neoliberales del pasado.

Ha luchado contra todo y contra corriente. Es ahí donde se fraguan batallas en las que hay de momento, vencedores y vencidos. Aún no se gana la guerra. Es natural que los que siempre vencían, vean frustrados sus proyectos, anhelos y desde luego su enorme apetito por robar, por despojarnos sin pudor de lo que nos pertenece a todos los mexicanos. ¿Cómo no indignarse frente a eso, frente al atraco, frente a la pillería, frente a la devastación del erario público? ¿A quién le gusta que le roben y lo hagan en su cara y no pase nada?

La impunidad rampante que tanto ha lacerado a nuestro país, es también otra de las expresiones de lucha que Andrés Manuel enarbola y enarbolará toda la vida. No gustan sus formas y tampoco sus dichos. Entendamos que él es pueblo, lo comprende, viene de ahí, de los de abajo, por eso lo hace suyo. Tampoco nos sorprendamos de esto.

AMLO Jalisco

Conocer las entrañas del pueblo decanta en una conexión natural. Que si es naco, que si come tamales de chipilín y siembra framboyanes, es infinitamente mejor que robar. No es un descarado rufián que amasa fortunas ¿Acaso alguien le han comprobado eso en su paso por la Jefatura de Gobierno en la capital de la República, como lo señalan muchos? Hubo tentación y no sucumbió. Nadie le ha señalado con claridad, con evidencias claras, firmes, concretas, que se enriqueció. No bastan las críticas estridentes y desproporcionadas, cuyo objetivo es confundir a la opinión pública. Si se corrompió, que lo desnuden y le finquen responsabilidades. No hay nada, porque es honesto. No hay nada porque él, sí respeta la ley.

Cuando fue Jefe de Gobierno, mantuvo relaciones cordiales y respetuosas con todos los grupos sociales, incluyendo a los empresarios. Cuando no hay pugna, él no las inventa, menos las promueve. Pero cuando hay calumnia, se defiende como cualquiera. Que se ofusca, enoja y molesta, claro, es ser humano. Que divide y lo que se requiere es unir, no se entiende, pues ha sido factor de unidad de innumerables movimientos, manifestaciones y expresiones de repudio contra quienes han traicionado al país; pero cuando las fuerzas obscuras, de la cofradía de los gobiernos del pasado se niegan a desaparecer, resurge el hostigamiento de ese neoliberalismo que oprime al que no tiene.

Su formación social y su apego a las costumbres del pueblo siempre han estado presentes en él, bien arraigadas y cimentadas, por más alto cargo que haya ostentado. En el camino se comenten errores, pero también aciertos. Cuando gobernó la Ciudad de México, se emprendió, como nunca, un programa de apoyo a los campesinos (el 64% del territorio de la CDMX es campo), y se echó a andar el programa de adultos mayores, hoy replicado por varios gobernadores de diverso signo político y por muchos mandatarios del mundo. Se podrá señalar que su gobierno no fue eficiente rubro por rubro, pero nunca se le ha comprobado un acto de corrupción, de enriquecimiento, de un ilícito, y menos que ha aprovechado sus cargos para hacer fortunas.

En los gobiernos – donde se hace equipo – hay corresponsables. No todo es culpa de la cabeza y tampoco todo es promovido por ésta. ¿Acaso los empresarios responsables y honestos no comenten errores involuntarios cuando sin enterarse, bajan los ingresos y las utilidades de sus negocios a costa de esconderle información, o bien que alguien de su equipo se corrompa o traicione la misión, visón y valores de la empresa? Debe haber culpables y deben pagar por sus traiciones y errores.

Andrés Manuel convivió y se opuso a gobiernos opuestos a él y jamás se interpuso denuncia alguna en su contra, salvo el desafuero que fue más un instrumento legaloide y pueril que un acto de auténtico derecho. Lo hicieron por el temor a que creciera su popularidad y arrebatarles un día el poder a la mafia que lo había ostentado por más de 70 años y que en ese momento estaba en manos del conservadurismo más recalcitrante.

Luchar contra todo y a pesar de muchos ha sido el pan de cada día del presidente. Han intentado aplastarlo con campañas de desprestigio y no han podido. Lo calumnian y sigue firme, lo asedian y ahí está. A pesar de las encuestas, se mantiene en un rango bastante aceptable de credibilidad, a pesar de los millones de pesos que sus adversarios y enemigos pagan todos los días para desprestigiarlo, para calumniarlo.

Es claro que el poder desgasta y las calamidades, como la aparición del Covid 19, devastan; pero sigue ahí todos los días sin quebrarse, con ánimo y trabajando en la consolidación del país que siempre y en voz alta dijo que construiría de llegar a la presidencia. Una vez más no nos llamemos sorprendidos.

Darles gusto a todos no es posible. Ningún gobierno es capaz de hacerlo. Andrés Manuel ha derrumbado mitos y ha prácticamente desaparecido – con el apoyo decidido de muchos mexicanos – a los partidos políticos que tanto daño han causado al país. Hoy no existe la oposición partidista a su gobierno. Se lo ganaron con creces y él contribuyó notablemente a ello. Lo ha dicho y sostenido: Si MORENA se corrompe, se va de ese partido.

No gustan sus moditos porque dice las verdades a quienes nunca se las han dicho con esa puntualidad y claridad. Se asustan porque emplea frases no aptas para los acomodados, para los ricos, “impropias de la investidura presidencial”. Cualquier pretexto es aprovechado para denostarlo, descalificarlo y atacarlo. Hasta por que no habla inglés. Le  echan en cara no saber gobernar, ser ocurrente, como si los gobiernos del pasado lo hubieran hecho con prestancia, excelencia, eficacia, eficiencia, transparencia, justicia y resultados. Lo contario tendría a nuestro país en los primeros planos en combate a la corrupción, aprovechamiento académico, infraestructura hospitalaria, de salud, y seríamos una auténtica potencia petrolera. El presidente sabe muy bien a qué se enfrenta, qué intereses está trastocando y hasta donde dan los márgenes de gobernabilidad. Lo digo y sostengo con este sabio dicho popular: Andrés Manuel “no come lumbre”.

Aquí no hay dictadura. Nada de venezuelas, ni comunismos. Está a favor del libre mercado. Ejemplo de ello es la firma del T-Mec, de tratados comerciales que su gobierno ha signado con la Unión Europea y otros países. La relación de amistad que ha sostenido con el gobierno del Donald Trump es cordial, respetuosa y de mutuo entendimiento.

Claro que es posible apostar por una economía donde el Estado intervenga, regule y promueva proyectos que generen empleos, al tiempo que auspicie la competencia y el libre mercado. Ahí están las licitaciones en las que participan empresas de todo tipo, incluso, ligadas al pasado. En su gobierno hay apertura. No se cierra las puertas a nadie. Si hay corrupción, quien la hace, habrá de pagarla, así sea el hijo de Manuel Bartlett o de cualquier otro servidor público.

Los temas que por años han lacerado al país no pueden resolverse de la noche a la mañana. Sí, ha habido exceso al decir que se acabaría la inseguridad en el primer año de gobierno. Ahí hay una deuda con el pueblo de México. No obstante la asignación de recursos y equipo para la creación de la Guardia Nacional, el esfuerzo aún es insuficiente. Se deben establecer canales más claros, decisivos y firmes de coordinación con estados y municipios, apoyar con más programas sociales a jóvenes para alejarlos de la delincuencia, insistir en la educación cívica desde pre-escolar y alentar con más fuerza la inversión pública y privada para crear más empleos. Pido un poco de tiempo y le otorguemos al presidente el beneficio de la duda. Confío en que el presidente lo hará y pronto, una vez que salgamos de esta crisis de salud pública y económica.

Combatiendo la corrupción para desterrar la impunidad, generando más ingresos al Estado, continuar con la aplicación de medidas como la austeridad republicana y alentando la inversión en programas estratégicos que generen empleos y recursos a las arcas públicas, iremos dando pasos adelante en la transformación que requiere el país. Esa es la ruta de la Cuarta Transformación.

Acabar con tantos vicios y problemas heredados del pasado no es tarea fácil. Espero que el presidente convoque a todos los actores políticos, económicos y sociales para sumarlos e integrarlos a un acuerdo nacional que nos hermane en beneficio de todos, de todos y cada uno de los mexicanos. Tengamos fe. Tengamos esperanza en México. Inventar verdades, no le hace mal a nadie.

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Miguel Ángel Solís
Politólogo. Consultor político. Experto en estrategia y comunicación política para campañas electorales, de gobierno y comunicación organizacional. Ex servidor público e investigador universitario. Apasionado del orden, la disciplina y la organización.

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