Vencer la pobreza, utilizando la ciencia

#LaPausa
Por Jaime Gutiérrez Casas

Una de las preocupaciones más importantes para los gobiernos y los estudiosos de las ciencias sociales en la actualidad, es qué hacer para reducir las desigualdades sociales, así como la pobreza en el mundo. 

Hace un par de meses se anunció que el Premio Nobel de Economía de 2019, se otorgaba a los economistas Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer por haber realizado contribuciones relevantes en el campo de la economía del desarrollo; mediante la evaluación de políticas públicas e intervenciones sociales contra la pobreza, enfocada en aspectos concretos como salud, educación o acceso al agua potable. 

El trabajo práctico, realizado por ellos, consistió en partir el problema genérico de la pobreza y revisarlo en temas más concretos a los que poder aplicar soluciones, cuya efectividad pudiera ser más fácilmente medible, lo que les ha permitido alcanzar logros tan importantes como, por ejemplo, mejorar el nivel educativo o las tasas de vacunación en los lugares donde han desarrollado sus estudios, principalmente en Kenia o la India.

Para ellos, los resultados que el monitoreo y la evaluación de las políticas públicas iban arrojando eran muy importantes para la planeación hacer los ajustes necesarios para que las políticas fueran exitosas.

Los galardonados han hablado y puesto de ejemplo los programas de transferencias condicionadas, entre ellos a México, que fue pionero en el tema, en 1997, como modelo de implementación de políticas públicas exitosas que han contribuido a mejorar las condiciones de la población más necesitada.

Llama la atención que mientras la Real Academia de las Ciencias de Suecia reconoce las teorías de estos economistas de Harvard y MIT, las políticas que el gobierno del presidente López Obrador van en sentido contrario.

La desaparición del Seguro Popular y del programa Prospera es una gran equivocación. Prospera se convirtió en el programa emblemático contra el combate a la pobreza, más de 70 países han seguido el ejemplo de los programas de transferencias condicionadas, iniciado en México, y lo han adecuado a sus necesidades.

Desde 1997 hasta 2018, el programa Progresa, Oportunidades Prospera (POP) fue un ejemplo sobre cómo podemos generar evidencia a partir de un cúmulo de ejercicios de evaluación y con ello, tomar mejores decisiones. Si bien el programa tuvo efectos diferenciados en educación, salud y nutrición, se identificaron efectos positivos que podrían ayudar en el diseño de nuevas intervenciones, con mejoras, y que podrían resolver las problemáticas que persisten y que dieron origen al POP.  

Desmantelar totalmente el programa afectará en el mediano y largo plazo a millones de familias, además de perderse la generación de evidencia y aprendizajes de más de dos décadas. 

En 2019, mediante decreto se creó la Coordinación Nacional de Becas para el Bienestar Benito Juárez, como órgano desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública, que tiene por objeto coordinar la entrega de las Becas por el Bienestar Benito Juárez y que sustituyó en todos los niveles educativos a Prospera. 

Esther Duflo, una de las galardonadas con el Nobel de Economía, ha señalado que la pobreza se combate con la ciencia, cuestión que a este gobierno parece no importarle e incluso, ha dejado de lado.

El gobierno ha optado por cambiar la entrega de transferencias monetarias condicionadas por otra sin compromisos y sin ataduras. Lo fácil no necesariamente es lo mejor, las políticas clientelares de los años 70 están de vuelta y se podrá con ello ganar elecciones, pero a la larga se condena a las familias a seguir viviendo en la pobreza. A mediados de 2020, deberemos empezar a ver los resultados de las nuevas políticas sociales implementadas, pero no hay que esperar para darnos cuenta de que el camino decidido no es el adecuado.

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