Narconóminas del CJNG: el lujo de El Mencho y la pregunta incómoda para el Estado

Narconóminas El Mencho

El lujo no es el dato central. La bomba está en las “narconóminas”: listas de pagos que muestran al CJNG como una empresa con sueldos y presunta compra de autoridades.

Editorial | Seguridad

Análisis

Política Gurú

Durante años se repitió la misma postal: el gran capo escondido en la sierra, durmiendo poco, moviéndose a salto de mata, sobreviviendo con lo mínimo. Así se contó, una y otra vez, la historia de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho. Pero lo que hoy se asoma —a partir de lo documentado por Manuel Espino y Valente Rosas— dibuja otra escena.

El hallazgo de una cabaña de lujo en el Tapalpa Country Club no es solo una nota curiosa. Es una fotografía incómoda: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) operando con la tranquilidad de quien se sabe cubierto, instalado en un entorno de élite, sin prisa y sin urgencia.

Te puede interesar: Sheinbaum reta al PT por la reforma electoral: “Que decida el pueblo”… ¿O el poder?

Y entonces aparece la pregunta que no se puede esquivar: ¿cómo se sostiene ese nivel de comodidad mientras el Estado presume persecución, cateos y golpes “contundentes”? No hablamos solo de dinero. Hablamos de logística, protección y tiempo.

El negocio detrás de la nómina

Lo verdaderamente inquietante no es la cabaña. Es la narconómina. Porque ahí se rompe el mito romántico del delincuente “prófugo” y aparece algo más simple y más brutal: administración.

Pagos semanales a halcones, sueldos a sicarios, listas y montos. Y, junto a eso, la parte más corrosiva del documento: sobornos que salpican a policías municipales, elementos de la Guardia Nacional y personal ligado a la Fiscalía General de la República.

Cuando el crimen paga como empresa, deja de ser un “enemigo externo” y se convierte en un sistema que se incrusta. No solo intimida: compra. No solo amenaza: integra. Y, mientras tanto, la narcocultura termina funcionando como barniz social: artistas, corridos, glamour, símbolos. Una estética que tapa lo esencial: el negocio es una estructura con sueldos, jerarquías y cuotas.

La falla estructural del Estado

La duda del ciudadano común es directa: si estos documentos estaban ahí, ¿por qué no fueron el corazón de la investigación? ¿En qué momento se volvió “secundario” un papel que describe la operación financiera y la red de pagos?

La cadena de custodia también pesa. Si hubo peritajes, si hubo cateos, si se levantó evidencia, ¿por qué la ruta no llevó a desmantelar la estructura desde el dinero? La violencia es el ruido, pero la nómina es el motor.

Síguenos en X (antes Twitter) para mantenerte siempre informado

Omar García Harfuch ha dicho que se investigará. Está bien. Pero el golpe a la percepción pública ya ocurrió: la imagen que queda es la de un Estado que llega tarde o que llega a medias. Y cuando aparece un documento así y no revienta el tablero, la pregunta se vuelve más dura: ¿Fue torpeza operativa o complicidad institucional?

Lo más peligroso del crimen organizado no es solo su capacidad de matar. Es su capacidad de funcionar. De pagar. De infiltrar. De comprar silencios. Y de operar como una empresa mientras la autoridad sigue actuando como si bastara con decomisos y discursos.

Esta editorial está basada en la columna de opinión de Claudio Ochoa Huerta en su columna MIOCARDIO, publicada en El Universal.

Be the first to comment on "Narconóminas del CJNG: el lujo de El Mencho y la pregunta incómoda para el Estado"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*